14 de abril de 2008

And the winner is...

Bueno, lo prometido es deuda y hoy desvelaré quien es el ganador de mi particular sorteo para celebrar el añito del blog.
Gracias a todos los que habéis puesto comentarios, particularmente estos días... ¡¡es genial saber que estáis ahí!!
He hecho una lista con los nombres de las 11 personas que habéis hecho comentarios en esta última semana, les he puesto un número aleatorio a cada uno (del 1 al 11, lógicamente) y mi marido ha elegido uno... ¡¡prometo que no ha habido tongo!!
Y el ganador es... ¡¡VALIKIRIA08!!
¡¡Felicidades guapa!! Prometo ponerme en contacto contigo en breve para ultimar detalles.
A todos los demás: gracias pro visitar mi blog... ¡¡espero que sigáis haciéndolo!!

12 de abril de 2008

Adicción.

No es fácil hablar de este tipo de cosas, y mucho menos públicamente, pero siempre he oído que lo mejor para solucionar un problema es reconocerlo, así que allá voy... soy adicta al agua.
Siempre lo he sospechado y creo que la confirmación definitiva la tuve cuando me operaron del codo: pedía tantas botellas de agua a las enfermeras que terminaron por preguntar a mi marido (que por aquella época era mi novio) si era diabética... ese día me dije a mi misma "tengo un problema".
Y no es fácil, porque la gente no te cree. Cada vez que voy al médico con un constipado (o lo que sea) siempre pasa lo mismo:

Médico: Tómate este mejunje asqueroso (que sabe a rata muerta y que en realidad no te va a hacer nada pero con el que vas a sentirte mucho mejor) cada ocho horas y bebe mucha agua.
Yo misma: Ya bebo mucha agua.
Médico: ¿Cuánta consideras tú mucha?
Yo misma: Uuummmm... ¿unos 4 litros al día?

Entonces el médico me mira, se va quedando de todos los colores del arco iris y me dice: "vale, es suficiente".
¿Por qué me pasa? Supongo que porque está rica... y porque cada vez que me acuerdo de ella me entra sed: cuando veo a un perro chupando de un charco, cuando llueve, cuando veo el mar, cuando hago pis (es por el ruido... ¡¡estoy enfermaaaa!!), cuando alguien dice la palabra "agua", cuando veo un anuncio en la tele en el que alguien está bebiendo... ¡¡¡aaaahhhhh!!!, ¡¡qué sed!! Ahora vuelvo...

Tres tragos más tarde...

Tengo que salir a la calle con una botella en el bolso porque mi lengua se va poniendo estropajosa por segundos, y cuando se me acaba el agua es peor porque mi cerebro no para de mandarme mensajes en Morse (con el consiguiente dolor de cabeza) en plan "vas a morir de sed", "si no bebes agua ahora mismo vendrá una manada de ñues y te deborarán", "el 75% del cuerpo de los humanos es agua... y en tu caso es el 95%... pero como no te hidrates ahora mismo te vas a arrugar como una pasa y vendrán unos científicos locos y te encerrarán en un laboratorio para analizarte y no volverás a ver a tu familia, ni a tener peluches ni a comprarte pegatinas"... y entonces me entra más sed, cunde el pánico y soy capaz de matar por conseguir un sorbito...
Y encima hay que aguantar a esas personas que te dicen "qué sed tengo" y beben un poquito, lo justo para que se les moje la lengua... ¿eso es sed?, ¡¡yo de un sorbo me bebo casi medio litro!! Lo que explicaría por qué paso 12 horas al día en el baño...
Así que desde aquí reivindico mi derecho a llevar una garrafa de cinco litro atada a la espalda y con un pajita gigante desde la que poder chupar... ¿acaso le hago daño a alguien?

Voy a beber agua... otra vez...

8 de abril de 2008

Cosas que odio (primera parte).

Odio hacer la cama. Con todas mis fuerzas. De hecho, si fuese por mí creo que dormiría a diario en un saco de dormir para no tener que hacerlo al día siguiente... es más, cada día estrenaría uno para no tener ni que doblarlo cada mañana.
¿Por qué me pasa esto? No lo sé... quizá es algún tipo de trauma infantil, o que en otra vida fui colchón, o sábana... o, sencillamente, que me siento idiota yendo de un lado para otro para meter la sábana por un lado, y por el otro y luego la otra esquina, y después el edredón, y luego la almohada... ¡¡¡¡aaaaaahhhhhhh!!!! Si es que me canso sólo de pensarlo.
Por eso no la hago nunca... bueno, sólo cuando cambio las sábanas, y teniendo en cuenta que es cada 3 ó 4 días no es un gran consuelo.
Pero como dice uno de esos refranes que nadie sabe quien se inventó pero que todos nos creemos a pies juntillas, "dentro de lo bueno, siempre hay algo malo; dentro de lo malo, siempre hay algo bueno"... existen los días especiales que hacen que dejarte los riñones haciendo la cama merezca la pena. Son esas noches en las que te duchas por la tarde, cuando ya está oscureciendo, y cuando te metes a la cama estás esponjoso, oliendo a cremita... y la cama está recién hecha, con la sábanas estiradas y con ese "no sé qué" especial que tiene cuando no has dormido en ella el día anterior.
Probablemente pensaréis: "si tanto te gusta esa sensación, repítela más a menudo"... pero es que entonces dejaría de ser tan especial.
Hoy no es uno de esos días... pero mañana lo será...

6 de abril de 2008

Misterio desvelado...

Sé, porque muchos de vosotros me lo habéis dicho, que estáis intrigados con este día y con lo que puede pasar... bueno, pues aquí va la respuesta...
¡¡¡hoy mi blog cumple un añito!!!
Han sido 185 entradas, más de 6.000 visitas (¡qué fuerte!) y muchísimas horas delante del ordenador, escribiendo sobre mi mundo interior y tratando de haceros reír (y pensar) con mi "peculiar" manera de ver las cosas.
Porque habéis estado ahí, porque me habéis animado a seguir con este proyecto y porque me llevo una alegría cada vez que descubro un comentario nuevo, quiero celebrarlo de una manera especial.
Lo he pensado mucho y esto es lo que se me ha ocurrido: todos los que pongáis algún comentario (en cualquier entrada), a lo largo de esta semana (desde hoy hasta el día 13, ambos inclusive), entraréis en un sorteo que celebraré el LUNES, DÍA 14... y al que gane le enviaré un regalito personalizado. No puedo decir qué sera porque dependerá de quien salga ganador (de ahí que sea personalizado), pero sí que no será ni una casa ni un coche, porque mi economía no está para esos trotes.
¡Espero que os guste la idea y que os animéis a participar!

4 de abril de 2008

Ya falta menos...

El domingo se desvelará el misterio...

Mi instinto homicida.

Soy una mala persona; peor aún... soy una mala madre. Yo quiero a mis peces, lo juro. He visto nacer a casi todos en el acuario (si llego a saber que los Guppys son tan "activos" me compro un conejo... ¡¡seguro que tendría menos crías!!), y los que adopté llevan tanto tiempo en casa que son como de la familia. Les alimento (cuando me acuerdo), les limpio el acuario, intento exterminar la plaga de caracoles que están en plan okupa... pero a veces tengo pensamientos malvados...
Cuando hago manualidades uso un vaso de plástico para ir dejando los pinceles en agua o en disolvente, depende del caso, y cuando el líquido en cuestión está muy sucio (o me quedo sin pinceles) voy a la cocina a limpiarlo todo. Recorro el pasillo con el bote, los pinceles y el colocón por culpa del olor del disolvente y entonces, al final del pasillo... veo el acuario. Grande. Luminoso. Lleno de pececillos que rebolotean de un lado a otro. Criaturitas multicolor que me hacen la ola cuando me acerco con el bote de comida y que me dan besitos cuando meto mi manaza en su mundo para quitar las algas de los cristales. Y entonces la crueldad se apodera de mí y pienso "¿qué pasaría si hecho una gotita de pintura ahí dentro?, ¿o si meto la puntita de un pincel?".
Jamás lo haría. Antes tiraría el líquido por la ventana y me enfrentaría a la furia de la vecina al descubrir su ropa destrozada que torturar a mis animalillos pero... ¿por qué pienso eso?, ¿acaso habita en mi un ente malvado que odia el pescado y trata de obligarme a ser su cómplice en su terrorífico plan de exterminio?, ¿o es parte de la curiosidad humana, como cuando pienso qué pasaría si un virus exterminase a toda la humanidad y me salvase sólo yo, pudiendo acceder de manera gratuita a todas las tiendas de pegatinas y de peluches del mundo?
La cuestión es que siempre que pasa eso me siento culpable y acabo pegada al cristal del acuario, mirando con carita de "yo no quería" a mis diminutas mascotas y sabiendo que jamás podré trabajar en una tienda de peces porque mi instinto asesino se multiplicaría por mil, no podría controlarlo, acabaría asesinándolos a todos, me meterían a las cárcel y ahí dentro no podría tener pegatinas, que sería el peor de los castigos.

2 de abril de 2008

Mi cabeza de chorlito ataca de nuevo...

... y es que es normal si el despertador empieza sonar, cual animal poseído por el demonio y con un ataque de artritis super doloroso, a las 6:50 de la madrugada... ¿a dónde iba yo a esas horas? Ese dato está protegido por secreto de sumario... jejejeje...
Esta vez no me he dejado la cartera. Ni la radio del coche. Ni el libro. Ni los papeles que tenía que llevar... me he dejado el móvil... ¡¡el móvil!! Y ha sido aún más doloroso que dejarme la cartera, en serio.
Vale, he podido sacar el coche del parking pero... ¡¡¡no tenía móvil!!!, ¡¡¡ni hora!!! (mi aita me regaló un reloj precioso en la Navidad de hace dos años... y es tan bonito que me da miedo que se estropee, así que lo dejo en la balda del baño el 99% de los casos... y cuando me lo pongo acaba metido en el bolso, no vaya a ser que se raye... lo sé, no tengo remedio...). Se me han ocurrido millones de fotos que sacar (y eso que casi nunca uso la cámara), tropecientos mensajes que enviar y doscientas llamadas que hacer... ¡¡¡pero no tenía móvil!!!
¿Cómo pude sobrevivir los primeros 20 años de mi vida sin móvil?, ¿cómo podía pasar sin llamar a la gente en el momento en el que me pasaba algo?, ¿cómo podía llevar a diario un reloj de pulsera porque no tenía un móvil con hora dentro del bolso?, ¿cómo era el mundo sin personas "hablando solas" por la calle?, ¿cómo me entretenía sin jueguecitos y mensajes viejos que revisar en la cola del super o esperando al bus?
Es todo un misterio.
Por eso, desde aquí, quiero hacer un homenaje a mi primer móvil. No recuerdo la marca... ni el modelo (no es algo raro en mi... tras la primera clase práctica del carnet de conducir, el único dato técnico que era capaz de dar sobre el coche era "es gris"). Pero sé que era verde, cuadrado, con antena y con un tono de llamada que desquiciaba a todos los que me rodeaban. Y que los mensajes salían poco a poco en la parte inferior de la pantalla (como lo que hacen ahora en las noticias de la tele... ni que hubiesen inventado nada nuevo...). Y que la pantalla era en blanco y negro, con una lucecilla anaranajda de fondo.
No tenía juegos, ni era capaz de almacenar tantos datos como para abrumar a cualquier ordenador con más de 2 años de antigüedad... pero fue mi primer móvil... y con él viví grandes aventuras.
Cada vez que escucho aquel tono de llamada, que era similar al alarido de un millón de crías de escarabajo pelotero cantando una sonata a la luz de las velas sabiendo que van a morir aplastadas en la siguiente milésima de segundo, me da un vuelco al corazón. Y es que me acuerdo de él... ¡¡¡larga vida al recuerdo de nuestro primer móvil!!

P.D. Ahora tengo un Nokia negro... no es que se haya portado mal conmigo pero... ¡¡odio los Nokia!!
2ª P.D. Después de mucho cachondeo pro parte de mi familia, averigüé que el coche de las prácticas era un Nissan Almera... creo que mi profesor aún no se ha recuperado del ataque de risa que le entró cuando le pregunté qué coche era...
3ª P.D. La cuenta atrás continúa... sólo faltan 4 días...

1 de abril de 2008

¿Qué será?

Sólo faltan 5 días...

31 de marzo de 2008

Premio "Arte y Pico".


¡¡Me han dado el premio "Arte y Pico"!!, ¡¡qué ilusión!!
Mi amiga Loli, del blog "El rincón de Loli", me ha otorgado este nuevo premio que me hace tanta ilusión (o más) que el primero que me dieron.
No sé muy bien si es por las manualidades que hago (de las que no hablo mucho en este blog, la verdad) o por las historias que cuento (los que me conocéis en persona sabéis que no me callo ni debajo del agua... jejeje), pero sea como sea... ¡¡¡GRACIAS!!!

26 de marzo de 2008

Lo prometido es deuda.

Le prometí a Mario que le devolvería el préstamo con intereses... y aquí está el resultado:

¡¡Espero que le haya gustado!!

25 de marzo de 2008

Operación rescate.

El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja, como los demás... jajajajaja... bueno, paranoias aparte, empezaré esta entrada diciendo que el patio en el que cuelgo la ropa es de esos en los que como se te caiga algo vas listo, porque tienes que pedirle la llave al dueño para poder entrar y conseguir eso es más difícil que logar una audiencia con el Papa... así que la primera vez que una zapatilla de baño decidió hacer puenting sin cuerda y acabó espachurrada en el fondo del patio junto a unas 30 pinzas (también mías... es que soy un poco torpe), decidimos comprar un anzuelo y pescarla. Desde entonces hemos tenido que rescatar unas cuantas cosas (la funda de una almohada, una camiseta, un calcetín, el tapón metálico de la fregadera -algún día contaré cómo se me cayó-...)... pero el otro día se me escapó algo... y no acabó en el suelo... ¡¡sino encajado en uno de esos salientes que hay en las paredes de los patios y que sólo sirven para acumular mierda!!
Ese saliente en concreto está justo debajo de la ventana de la vecina del primero, cosa que podría haber facilitado la recuperación del elemento en sí (aunque no sé yo, porque la última vez que mi calcetín blanco y negro a rayas acabó en su cuerda, fue tan torpe que terminó por tirarlo al suelo al ir a cogerlo... ¡¡patán!!)... si no llega a ser una braga. No me hubiese importado bajar y pedirle que recupere un calcetín, una camiseta, un trapo... o lo que sea... ¿pero una braga? Me daba palo. Ya lo sé, soy idiota. Todos usamos bragas (bueno, menos Aída) o calzoncillos... pero tampoco queremos que el resto del mundo tenga una prueba tangible de ello, ¿no?
Así que la pobre ha estado allí, arrugada, mojándose con la lluvia mugrienta y acumulando polvo hasta que hoy, por fin, nos hemos decidido a rescatarla (se me partía el corazón cada vez que colgaba ropa y la escuchaba decirme "sálvame, sálvame") aprovechando un momento en el que no había ropa colgada.
Hemos atado el pedazo de anzuelo (da miedo sólo de verlo, tiene cuatro pinchos amenazantes) a un carrete de pita, lo hemos lanzado y, tras conseguir engancharla, hemos ido subiéndola poco a poco, aguantando la respiración al rozar las cuerdas de la vecina ya que ha estado a punto de caerse.
Mi braga ha vuelto a casa. Está en el cesto de la ropa, esperando pacientemente su turno para entrar en la lavadora... aunque supongo que le dará algo de miedo cuando vaya a colgarla... pero cuando la devuelva al cajón con el resto de sus hermanas será una braguita feliz. Eso seguro.
Sólo hay una cosa que me inquieta... ¿y si la vecina estaba mirando por la ventana en el momento en el que la hemos ido subiendo?, ¿qué habrá pensado al ver volar una braga enganchada a un anzuelo? (recordemos que la pita es transparente), ¿debería sentirme culpable si acaba encerrada en un psiquiátrico gritando "¡¡la braga voladora me persigueeeeee!!"?
Habrá que ver qué pasa...

Los cajones misteriosos.

A veces pasa: vas al super de siempre y, en mitad del pasillo, encuentras una especie de cajón gigante en el que pone "últimas piezas"... ¿últimas?, ¿desde cuando? Porque al menos yo nunca he visto una sección de manualidades en el Carrefour (lo que no significa que no haya comprado cosas con ese fin)... y un día apareció un cajón de esos lleno de auténticas maravillas... ¡¡por arte de magia!!
Y es algo que me desquicia, la verdad; ¿acaso se dedican a comprar cosas para venderlas como si fuesen oportunidades?, ¿no se dan cuenta de que sabemos que no es habitual poder comprar una caja de madera de pino sin tratar al lado de los jamones?
Y es que hay que ir al supermercado a investigar, con la mente abierta y dispuestos a descubrir pequeños tesoros escondidos entre las latas de champiñones y las cremas para la cara... ¿no me creéis? Este ha sido mi último hallazgo: un precioso dinosaurio por 1 euro... ¿cómo iba a resistirme?

20 de marzo de 2008

Me encanta.

3 añitos... ¡¡cualquiera diría que fue ayer!!

Hoy hace tres años mi codo estaba aburrido y decidió salir a ver mundo tratando de descubrir nuevas aventuras...
Consiguió un viaje en ambulancia, interminables horas sentado en una silla de ruedas en el pasillo de Urgencias, un par de fotos en las que salió de lo más favorecido, una escayola mal colocada y oírme gritar como espero no volver a hacerlo jamás.
Pero le supo a poco, así que se las ingenió para volver a Urgencias al de cinco días, conseguir una cicatriz espantosa, una prótesis prácticamente inútil y muchísimas lágrimas mías en la sala de rehabilitación...
Ahora es todo un codo con historia... y es mío, así que tendré que quererle...


P.D. Por si alguien se lo pregunta, la baldosa con la que tropecé sigue tan estropeada como hace 3 años... y no creo que tengan intención de arreglarla.
2ª P.D. Moraleja: si vais al Centro Comercial "Las Arenas"... ¡¡mirad al suelo al salir a la terraza!!

18 de marzo de 2008

Mi cabeza de chorlito.

Mi maridito se ha puesto malo... parece ser que los puentes le dan alergia... porque él no pide días libres para poder cogerse unas mini-vacaciones como todo el mundo... no, prefiere dar cobijo a todos los virus de la isla en su interior y pasar la Semana Santa con 40 de fiebre y en estado comatoso tirado en el sofá... ya ves, cada cual tiene sus manías...
La cuestión es que esta situación ha traído efectos colaterales... y el más destacable ha sido mi excursión mañanera a su oficina para abrir la puerta, porque sino uno de sus compañeros se iba a quedar tirado en la calle casi una hora y no era plan (lo sé, soy super maja... jejejeje...).
Despertarse a horas inhóspitas de la madrugada no es sano, eso lo sabéis todos, y en mi persona causa extraños comportamientos... como dejarme la cartera en casa.
Me he acordado de las llaves de la oficina, de coger un libro por si estaba mucho tiempo esperando, de la radio del coche, del prospecto de las drogas duras para Antonio para comprarlas en la farmacia... pero se me ha olvidado la cartera. ¿Cuando lo he descubierto? Cuando he ido a guardar en ella el tiquet del parking. Ha sido muy divertido: aparco el coche y descubro que tengo en el bolso, exactamente, 40 céntimos.
¡¡¡¡Aaaaaahhhhh!!!!
No puedo sacar el coche para ir a casa a coger dinero... porque no puedo pagar el parking. No puedo coger el bus para ir a casa a por la cartera porque, como no la tengo, tampoco tengo dinero para el bus... Cosas que puedo hacer: ponerme en un portal con cara de pobrecita de mí y tratar de pedir limosna... ponerme a cantar en mitad de la calle para ver si alguien me tira tomates y venderlos... o pedirle dinero al pobre Mario (el chico al que tenía que abrir la puerta), que me habrá visto como mucho una vez en su vida. Vamos, un gran plan. Aunque claro, tengo la ventaja de que le voy a caer super bien porque le he abierto la puerta de la oficina...
Así que he subido, he estado un rato sentada en las escaleras hasta que ha llegado y nos hemos pegado con la cerradura de la puerta y, con más morro que otra cosa, le he pedido dinero. Así, sin más. Si eso no es mendigar, lo demás son tonterías.
Y Mario, que es un encanto (peloteo aparte... jejeje...), me ha solucionado la vida con una preciosa moneda de 2 euros (hay que decir a su favor que quería darme más, pero no "le he dejado").
Pero lo mejor de todo ha sido que, cuando he ido a pagar el tiquet... ¡¡eran 35 céntimos!! Si es que estas cosas sólo me pasan a mí.
De todos modos: gracias Mario, prometo devolverte el dinero con intereses :)

12 de marzo de 2008

Ventajas de estar tullido.

Muchos de los que leéis este blog sabéis que tengo un codo destrozado porque hace casi 3 años me caí en un centro comercial, me lo saqué (sí, duele tanto como estáis pensando... bueno, quizá más) y me trituré (literalmente) el final del radio, razón por la que me operaron, me dejaron una cicatriz horrible y me pusieron una prótesis (que no funciona), en un codo... que tampoco funciona.
Detalles escabrosos aparte (creedme, hay muchos más), conseguí una indemnización ridícula, acabar con mi carrera profesional, tener que modificar mi manera de hacer las cosas (algo tan tonto como pelar una patata supone todo un reto) y un certificado que es como para morirse, en el que una serie de médicos confirman que tengo una minusvalía pero en un grado que no sirve para nada (vamos, que ni me han dado la tarjetita para poder aparcar el coche en plazas especiales).
Frustrante, muy frustrante. ¿Por qué? Básicamente, porque no puedo girar la muñeca ni estirar y flexionar el brazo, porque he perdido el 60% de la fuerza y porque duele siempre... y siempre, es siempre. Pero "sólo" tengo un 12% de minusvalía (hay que estar muriéndose para que te den un 33%, que es lo mínimo para "beneficiarte" de las ventajas... si es que hay alguna, claro).
Pero hoy es un gran día porque he encontrado una ventaja: no tengo que pagar los 5 euros de envío para mandar el pedido del supermercado a casa... oooohhhhhh...
Me he enterado por casualidad y después de haber utilizado ese servicio muchísimas veces (a ver quien es el valiente que sube 30 litros de agua a la semana a un segundo piso sin ascensor con un solo brazo), pero más vale tarde que nunca.
Quizá lo mejor haya sido ver la cara de la cajera (encantadora, todo hay que decirlo) cuando le he dicho que yo tenía una minusvalía... me ha mirado como si me hubiese vuelto loca y ha escaneado mi cuerpo de arriba abajo... y es que no hace falta ser tuerto, estar en silla de ruedas o tener más años que Matusalén para tener una minusvalía... puedo dar fe de ello.
Así que la próximo vez que vaya al super llevaré el papelito, a ver si es verdad que no tengo que pagar... y si no me creen les enseño la morcilla que tengo pro cicatriz, que seguro que les impacta.

4 de marzo de 2008

La excursión nocturna.

Anoche tuve que ir al aeropuerto, trayecto que me conozco de memoria y que creo que sería capaz de hacer con los ojos vendados, una mano atada a la espalda y marcha atrás... si no cerrasen la carretera, claro.
Iba yo toda feliz por la circunvalación cuando empecé a ver cartelitos de "cuidado, obras", "carril izquierdo cerrado", "atención, stop a 100metros"... así que decidí quitar la música (es extraño, conduzco mejor con música pero siempre la quito si me tengo que concentrar mucho... no sé por qué...) para estar más pendiente de lo que ya estaba... y entonces vi el cartel con el que tendré pesadillas hasta el fin de los días "GC-1 cerrada, desvío al aeropuerto por Jinámar"... ya la hemos liado...
Cabe decir que conozco bastante bien la isla (creo), pero mi cerebro no es un GPS y aunque me sonaba ese nombre, era totalmente incapaz de situarlo en ningún sitio... y mucho menos enlazarlo con el aeropuerto... pero pensé (qué ingenua soy a veces), que si habían hecho un desvío habrían puesto señales para indicar por donde ir... ya...
Os sitúo: las 12 de la noche, ni una miserable farola encendida, absolutamente nadie en la calle a quien poder preguntar y con menos gasolina de la que me hubiera aportado cierta tranquilidad en el tanque. Si a eso le sumamos que tenía que haber llegado ya al aeropuerto, que no había ni una señal de nada, que cada vez subía más y más (una de las pocas veces en las que me he alegrado de vivir en una isla... ¡¡al menos sabía que no iba a acabar en Cuenca!!) y que empecé a sentirme totalmente perdida... pues tenemos la experiencia perfecta para una peli de terror.
Así que opté por "seguir al taxi". Vale, no tenía ni idea de cual era su destino, pero iba delante de mi antes de entrar en el desvío, así que mucho no se podía desviar de la dirección... hasta que lo hizo... y me vi en una carretera oscura sin nada alrededor más que un par de lobos y un sangriento asesino deseoso de que parara (¿sería el del hacha?) y cierto pánico que se iba apoderando de mi. Di la vuelta como pude (como soy civilizada intenté esperar a llegar a una rotonda o a un cruce... pero es que a ese paso llego a la cumbre y tampoco era plan) y me metí por otra dirección, que me llevó a unas 7 rotondas sin señalizar y que me hicieron llegar a la circunvalación... ¡¡¡pero en sentido contrario!!!
Así que de vuelta a Las Palmas (¡territorio conocido!) pensé en ir por la otra carretera (la de la Avenida Marítima) porque supuse que no cerrarían los dos acceso al Sur al mismo tiempo... pero me equivoqué, claro.
Tratando de cambiar de sentido acabé perdida, en una especie de callejón sin salida paralelo a la carretera en la que quería entrar y persiguiendo a una pareja con el coche para preguntarles por donde ir... pero que corrían cada vez más porque debí de darles miedo (no me extraña)... y que no pararon hasta ver que era una chica (lo sé porque dijeron: "¡ah", eres una chica").
Y después de muchas vueltas por rotondas en obras y una llamada de despedida a mi marido por si no era capaz de volver nunca a casa, logré entrar en la avenida dirección sur... ¡¡¡para descubrir que también estaba cerrada!!!
¡¡¡¡Me voy a cagar en todo lo que se meneaaaaaaaaaaa!!!!
Vuelta al desvío, a las calles sin luces y a la falta de señales.
Como podréis comprobar salí sana y salva de la experiencia... ¿cómo?... haciendo lo contrario a lo que decía el sentido común: que parecía que había que bajar, pues ale, a subir; que parecía que había que ir a la izquierda... pues ala, a la derecha...
Conclusiones a las que he llegado: sé ir al aeropuerto por otro camino (aunque espero no tener que volver a usarlo nunca), sé donde está Jinámar (y no lo voy a olvidar jamás), la persona que decidió cortar los dos accesos principales hacia el Sur al mismo tiempo debería ser encerrada en una jaula y expuesta en alguna rotonda perdida de las que descubrí anoche y... ¿por qué c*** no ponen señales?, ¿tan caras son?, ¿o es que se pasan el raro viendo conductores perdidos vagando sin rumbo fijo y dando sietes vueltas en cada rotonda esperando inspiración divina?
No entiendo nada.

1 de marzo de 2008

Nunca subestimes el poder de una tortilla quemada...

Porque los próximos 50 años sean, como mínimo, tan increíbles como estos 5.

29 de febrero de 2008

He limpiado el coche... por dentro.

Y digo lo de "por dentro" porque el otro día lo limpié por fuera y tuve un cabreo de mil pares de demonios porque esa misma noche llovió y se manchó. Pero no un poquito... no, estaba cubierto por una capa de barro y polvo de medio centímetro de grosor. Y es que en Canarias no lloverá mucho, pero cuando lo hace es en plan ca****, para hacerse notar. Vamos, que si hubiesen llovido ranas la sangre de las pobres criaturitas espachurradas al chocar contra los coches no hubiese manchado tanto como la dichosa lluvia con polvo.
A lo que iba. Ya que el lunes viene mi tía de visita he decidido adecentarlo (tendré que lavarlo por fuera media hora antes de ir al aeropuerto, no vaya a ser que se manche otra vez en el último momento y tenga que matar a alguien...) y lo he llevado a la gasolinera de siempre, que es donde pongo gasolina habitualmente, y que me gusta porque suelo estar sola (sin esos personajillos que ponen la música a tope mientras lavan sus extraños coches tuneados) y porque la aspiradora cuesta la mitad que en las otras... hasta ahora. Me han cobrado 1 euro, o lo que es lo mismo, el 50% más que la última vez (y fue solo hace un par de meses, ¿eh?). Se me ha debido notar en la cara que me parecía una vergüenza porque el chico me ha dicho "es que hemos hecho reformas". Ya. Las reformas consisten en que han movido la máquina 45 grados, han pintado unas rayas amarillas en el suelo con una flecha que indica cómo llegar (hay que ser imbécil perdido para perderse, pero bueno) y le han puesto un cartel nuevo en el que se lee: aspiradora. No me extraña que le hayan subido el precio, seguro que han tenido que re-hipotecar su casa y vender su cuerpo a la ciencia para costear la reforma... en fin.
La cosa es que estaba yo toda feliz (y pegajosa, porque por mucho que llueva los 25 grados no te lo quita ni rita) limpiando el coche y he notado que un señor no paraba de mirarme. Sé que soy irresistible (qué más quisiera yo... jejeje...), pero estaba empezando a echarle miraditas asesinas en plan "¿y tú que miras?" cuando se me ha acercado y me ha preguntado "¿la otra máquina hace lo mismo?". No, la otra convierte en oro todo lo que toca y escupe diamantes cuando está apagada, pero hoy tengo el día tonto y he decidido utilizar sólo la que aspira la mierda del coche (vale, no se lo he dicho, pero lo he pensado)... ¡¡pues claro!!
Me ha dado las gracias y ha desaparecido para volver a entrar en escena con un pedazo de Land-Rover color marrón oscuro, que sin duda alguna estaba bastante más sucio que mi coche, y se ha puesto al lado de la otra máquina (ya sabéis, la que escupe diamantes). Es extraño, pero se crea un vínculo en estas situaciones: sabes que no vas a volver a ver a esa persona en la vida (ni quieres) y que lo único que tenéis en común es que estáis limpiando algo... pero te sientes como cercano a él y te sonríe cuando ve que has apuntado mal y te has echado el spray que estas usando para los cristales a la cara... y no porque te quieras limpiar las gafas, sino porque eres un poco torpe...
Pero entonces ha pasado algo: ha sacado las cosas que tenía dentro para poder limpiarlo mejor... ¡¡¡y había un hacha!!!... ¡¡¡un hacha!!!... ¿¿¿quién lleva un hacha en el coche??? Alguien que la usa, obviamente. Sí, hubiese sido más preocupante si en vez de ser un todoterreno mugriento llega a ser un coche de estos caros que salen en las películas y que siempre te adelantan, y si el tío llega a estar trajeado y engominado en vez de con vaqueros y una camiseta mugrienta a juego del Land-Rover... pero aún así he pensado: huye. Vete lejos.
Pero que por la misma regla que dice que todos moriremos ahogados por un tsunami porque en vez de salir corriendo hacia un lugar alto nos quedaremos mirándolo con cara de idiota... he decidido quedarme e indagar... a ver qué descubría.
El hacha en cuestión no estaba ensangrentada, cosa que me ha tranquilizado bastante, para qué nos vamos a engañar, y ver que "el sospechoso de haber cometido un acto, posiblemente violento, con un hacha tan mugrienta como su camiseta" se tiraba media hora intentando meter un euro por una ranura por la que no entraba para poner la aspiradora en funcionamiento sin conseguirlo (normal, hay que pedir una ficha dentro), me ha llevado a pensar que muy listo no podía ser... cosa que también me ha tranquilizado... pero aún así me he metido prisa para acabar antes y salir de allí lo más rápido posible... no sin antes arriesgar mi vida y sacarle una foto con el móvil al hacha, por si la policía pide colaboración ciudadana para localizar al "mugriento asesino del hacha".
Por supuesto, al acabar me he despedido, ante todo buena educación. ¿Por qué me pasan estas cosas a mí?
*****
P.D. Siento no poder poner la foto del hacha, pero es que el bluetooth y yo no nos llevamos bien...

25 de febrero de 2008

Los anuncios de la tele

Odio todos los anuncios de la tele. Bueno, casi todos: si sale algún bebé regordete o el perro de Scottex puedo tolerarlos... pero en general creo que habría que coger a la gente que los crea, meterlos en una caja llena de gusanos, echarlos a un lago invadido por pirañas hambrientas y leprosas, fundir la llave y utilizar el metal para hacer algo horriblemente espantoso que no se pueda vender ni en un mercadillo de esos cutres que suelen poner los domingos en los pueblecitos remotos que aparecen en la guía Campsa.
Pero hay algo que odio más: que pretendan que me quede a verlos. Los de Cuatro utilizan la técnica de hacer una pregunta justo cuando empiezan (lo suficientemente rápido como para que no te haya dado tiempo a cambiar de canal y la leas)... y claro, te picas. Te tragas todos los anuncios porque eres idiota y crees que no eres capaz de contestar sólo a "¿2+2?" porque "seguro que tiene truco".
Pero hay otra peor: "el veredicto durante la publicidad". Vamos a ver, tú estás viendo "Gran Hermano" y pretenden que te tragues los 20 minutos de anuncios porque "durante la publi sabremos a quien han nominado"... ¿pero estamos todos tontos?, ¿acaso no me voy a enterar en cuanto empiece el programa de nuevo? Me parece absurdo.
Pero estuve pensando en qué casos podría funcionar esta técnica... y estas son las conclusiones a las que he llegado:
* Si tienes un cupón de la ONCE, coinciden los 4 primeros números, el premio son unos 8.768 millones de euros y te dicen "el último número, durante la publi"... ahí si te quedas a verlo... si no te ha dado un infarto ya, claro.
* Si estás viendo "El diario de Patricia" y ponen la foto de tu primer amor adolescente, que lleva tatuado en la frente "Naiara, yo nunca te olvidé" y la presentadora dice "durante la publicidad sabremos qué quiere decir este pobre hombre"... vale, en ese caso también te quedas.
* Si estás tumbado en el sofá tapado con un mantita, con un cuenco de palomitas sobre tu regazo... y el mando se ha quedado sin pilas... también te quedas, pero porque no te queda más remedio (*tengo una duda existencial*).
Y es que los anuncios de hoy en día son una mierda, al menos en su gran mayoría (lo del último de Evax no tiene nombre).

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*La duda existencial*
¿Cómo se les cambia el canal a las teles de hoy en día si pierdes el mando? Porque no tienen ni un miserable botón...