23 de febrero de 2008

¡¡Me han dado un premio!!


Esta mañana, en una descanso entre barnizar un baúl y pintar una vaca (no, no me he vuelto loca... juro que es lo que estaba haciendo), he descubierto que mi amiga Marta, creadora de "Piratas de Ikea", me había dado el premio "Blogger del día"... ¡¡qué fuerte!!
Por un momento, y aunque estaba en pijama y con las manos llenas de pintura y el antebrazo con restos de barniz (y pelusilla de pijama adherida a él), me he sentido como si estuviese andando por la alfombra roja vestida con algún diseño mega caro, subida en unos tacones de 20 centímetros y repasando mentalmente mi discurso de agradecimiento (quiero agradecer este premio a mi marido, por insistir tanto para que crease un blog (¿por qué no te haces uno?, ¿por qué no?, ¿por qué no?, ¿por qué no?); a la profesora de lengua que tuve en B.U.P. porque me enseñó qué carajo era una tilde diacrítica (y me suspendió más de un examen hasta que aprendí a ponerla) y a mis padres, que siempre pensaron que en algún momento de mi vida me haría rica y famosa por mi manera de escribir mis retorcidos pensamientos...), mientras cientos de fotógrafos me destruían la retina a base de flasazos en la cara y miles de fans incondicionales me lanzaban ositos de peluche con la esperanza de que me los llevase a casa y pasasen a formar parte de mi colección.
Y claro, me he dado cuenta de que realmente los vapores tóxicos del barniz me estaban afectando más de lo habitual porque esos pensamientos eran algo exagerados, así que he salido de la habitación (no sé para qué, porque toda la casa huele a barniz por mucho que cierre la puerta... voy a tener que poner mi taller dentro de un bunquer), le he dicho a Antonio lo del premio (me ha mirado con cara de "sldjflsdfsajdglkf"... lo que viene a significar "a mi ni siquiera me ponen comentarios en mi blog y a ti te dan premios"), le he dado otra capa de pintura a la vaca (las sombras, más concretamente) y me he venido al ordenador, a mandarle un correo de agradecimiento a Marta, a recoger mi premio y a escribir esto aquí, que sólo va a servir para demostrar que todo te afecta más si te levantas un sábado a las 7:50 de la mañana, hora a la que debería estar todo el mundo dormido incluso en días de trabajo, porque no están puestas ni las aceras.
En conclusión: muchísimas gracias Marta por invitarme a participar en tu "piratas", por darme un premio... ¡¡y por tus visitas y comentarios en mi blog!!

22 de febrero de 2008

Wall-e.

Todos sabemos que es una vergüenza lo que cuesta hoy en día ir el cine y eso, al menos en mi caso, se traduce en que voy cada vez menos... pero hay películas que se merecen los 6 euros de la entrada, el paquete gigante de palomitas y la bolsa llena de chucherías...
Os presento a Wall-e, la nueva creación de Pixar y la próxima peli que veré en el cine... ¡¡sea cuando sea!!

20 de febrero de 2008

La única manera de ahorrar...

...es no salir de casa. Nunca. Jamás.
Esta mañana he ido al super "a por un par de cosas". No era un día de esos en los que eres consciente de que vas a llenar el carrito hasta los topes y te vas a dejar una pasta... no, sólo era uno de esos días en los que vas a comprar unas cuantas cosas que se te han acabado... y me he dejado 130 euros... ¡¡130!! Supongo que la cara de gilipollas que se me ha quedado ha sido peor de lo que yo creía porque la cajera me ha mirado con cara de "¿estás bien?".
No, no estoy bien. ¿En qué c*** me he gastado 130 euros? Vale que el carro estaba bastante lleno, pero parte de la culpa eran las 6 garrafas de 5 litros de agua y el paquete mega-maxi-grande de papel higiénico (no, no os riáis que vosotros también usáis cosas de esas) que he tenido que comprar, porque parece ser que ya no venden paquetes que tengan menos de 200 millones de rollos, todos extra-grandes, mega-absorbentes y super-acolchados. Pero 130... esos son muchos euros. Demasiados para una sola visita a un supermercado.
Así que he estado pensando y he llegado a la conclusión de que lo mejor es no salir de casa. Para nada. Ni aunque te pongas de parto. Ni aunque se te caiga el frigorífico encima, te parta la crisma y creas que vas a morir desangrado si nadie te hace un torniquete en el cuello para detener el caudal de sangre que te sale de la viscosa y pegajosa herida que te ha hecho en la cabeza la esquina de la nevera. Total, todo eso fijo que se cura con un poquito de agua oxigenada y una tirita bien colocada.
De modo que ese es el plan: convertirme en ermitaña, no coger nunca el teléfono (no vaya a ser que me vendan una enciclopedia audiovisual remasterizada y actualizada en polaco, lengua que, sin duda alguna "hoy en día hay que saber", sólo porque llevo 7 meses sin contacto humano y necesito que alguien me escuche) y gruñir tras la puerta de mi casa cada vez que alguien toque el timbre, por si vienen a hablarme de la nueva super oferta que ha sacado alguna de esas compañías telefónicas, lo maravilloso que es algún colchón hecho a base de materiales extraterrestres o pretendan meterme en alguna secta en la que adoren a Paco Porras como dios todopoderoso.
Seguro que así ahorro.

18 de febrero de 2008

Pon un informático en tu vida.

Tengo un ordenador nuevo: un portátil, más concretamente... y ha traído algún que otro problemilla consigo, como todo aparato eléctrico que entra en una casa (y no, no me refiero sólo a buscarle un enchufe y un sitio dónde ponerlo... aunque también): la conexión a Internet. Y es que seamos realistas, hoy en día un ordenador con el que no se puede navegar nos aporta tanto como las pelusas que hay debajo de la cama.
Creo que tengo un nivel de usuario medio en lo referente a la informática, el suficiente como para ser capaz de solucionar algunos problemas y como para entender conceptos como USB, WIFI, router... y movidas del estilo que para el común de los mortales son sólo siglas que ven en los anuncios... pero lo de averiguar que el aparatito lleno de luces que parpadean que tengo en casa no me sirve para lo que yo quiero y, por lo tanto, descubrir que tengo que comprar un punto de acceso, me supera.
Así que cogí a mi informático favorito (llamémosle Antonio... jejeje...) y nos fuimos a comprar un cacharro de esos.
Primer dilema: ¿por qué unos valen 50 euros y otros 150?, ¿acaso uno sabe bailar claqué? Porque te compres el que te compres sabes que no te va a durar ni dos años, eso está claro, así que no merece la pena gastarse una pasta en eso... ¿no? Lo eligió él (yo sólo tomé parte en la decisión de comprar el ratón... ¡¡por eso es tan chulo!!) y lo trajimos a casa.
Inocente de mí pensé que bastaría con sacarlo de la caja, enchufarlo, y hacer las presentaciones pertinentes (portátil-punto de acceso, punto de acceso-portátil)... ya. Se tiró casi toda la tarde instalando "nosequé", buscando códigos, dándole puñetazos a la mesa y jurando en arameo... para que yo pudiese subir fotos al flickr y buscar dibujitos por Internet tirada en el sofá, que es lo que más mola de tener un portátil... y al final lo consiguió, porque para eso es el mejor informático del mundo y siempre arregla las cosas que tienen cables (tostadora incluida).
Segundo dilema: ¿qué hubiese pasado si no llega a estar él? Porque vamos, alguien que no sepa exactamente lo que está haciendo no conecta una cosa de esas por casualidad ni aunque se le aparezca la virgen y unos marcianos bondadosos le pongan un microchip en el cerebro con toda la sabiduría que han ido acumulando en los diferentes planetas a los que han ido de vacaciones a lo largo de su existencia. Ni de palo.
Así que, definitivamente, y aunque a veces me queje, tener un informático en tu vida no es tan mal plan. Vale, tienes la casa llena de cables, están convencidos de que los ordenadores están hechos de algún material autodestructible que estalla en mil pedazos si se limpia y sufres fases de celos crónicos inspirados por una máquina... ¡¡pero al menos no tienes que contratar a nadie cada vez que se estropea la maquinita!!
Así que gracias cariño por saber arreglar el ordenador, la tele, el microondas, el móvil, la lavadora, la cámara de fotos... ¡¡todas esas cosas que tienen cables!! Porque para eso estudiaste un millón de años en la Universidad... ¿no?
Mi marido lo arregla todo, todo y todo. Jeje.

17 de febrero de 2008

Quisiera ser esquimal y vivir en el Polo Norte con los pingüinos...

Estamos a mediados de febrero y hay 35 grados a la sombra... ¡¡piedad!!
Necesito frío.
Y lluvia (incluso granizo).
¡¡¡Esto es una tortura!!!

12 de febrero de 2008

Pensamientos.

Resulta curioso cómo las personas somos capaces de sufrir por la pérdida de algo que, realmente, nunca hemos llegado a tener. Y es que somos incapaces de renunciar a la esperanza... por mucho que sepamos que hacerlo es peligroso... por mucho que sepamos que nos hará llorar el día que, definitivamente, comprobemos que lo que queríamos se ha vuelto a desvanecer, dejando en nuestro interior un hueco que siempre estará ahí, por pequeño que sea, por mucho que tratemos de taparlo con una pequeña tirita y hacer como que no existe, por mucho que nos miremos fijamente al espejo y nos digamos a nosotros mismos, "¡eh", no pasa nada... otra vez será".
Y es que no aprendemos de nuestros errores... aunque tal vez sea eso, precisamente, lo que nos hace humanos.
*****
P.D. Nada de llamadas asustadas pensando que estoy a punto de saltar por la ventana, ¿eh? No siempre puedo escribir cosas graciosas... eso supondría renunciar a una parte de mi. Estoy bien. De verdad.

8 de febrero de 2008

Mi cistitis y yo.

Tengo cistitis, qué le vamos a hacer. Me gustaría poner una entrada diciendo que me ha tocado la lotería o que he descubierto que tengo un tío rico americano que me ha dejado en herencia una mansión gigantesca con 7 jacuzzis en cada habitación... pero no es el caso.
Supongo que muchos de vosotros sabréis qué es... pero, por si no es así, voy a tratar de describirlo.
Una vez escuché a una amiga decir que era como "mear fuego" (siento la vulgaridad), pero yo más bien lo definiría como mear fuego mientras un millón de hormigas carnívoras se están dando un banquete en tu vejiga llevando chinchetas en los pies. Todo esto acompañado de escalofríos que te hacen saltar las lágrimas cada vez que vacías la vejiga. Vamos, que no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Bueno, al peor quizá sí, pero sólo si es malo malísimo.
Pero lo que me indigna de todo esto es la visita al médico que ha conllevado esta "agradable" dolencia. Ayer estuve en el ambulatorio y, tras preguntarme qué me pasaba (ni me miró, le podía haber dicho que tenía un elefante rosa con motas moradas bailando la conga en el ombligo y también hubiese creído), me dijo que fuese a primera hora para hacerme un urocultivo. No me dio más datos. Lo prometo.
Bueno, pues he ido a las 7:50 de la mañana y, tras preguntar si tenía que esperar a que me llamasen, he estado de pie en la sala de espera, deseando poder sentarme o por lo menos poder extirparme la vejiga, hasta que, a las 9:30 he ido a preguntar con cara de buena al enfermero: "mira, no me habéis llamado". Ha puesto cara de "¿qué?", ha rebuscado en los papeles y, sorpresa sorpresa... ¡¡no tenía que haber esperado!! Peor aún, la muestra ya no valía, así que la hora y media allí de pie no había servido de nada. Qué bien.
He tenido que esperar a la doctora, ponerle ojitos de "pobre de mi", decirle que me estaba muriendo y que me diese drogas... y sólo he conseguido que me repitiesen la prueba y que la enfermera que me ha dado los resultado me dijese: "dios, ¡estás fatal"! Mira qué lista, no me había dado cuenta.
Finalmente, y tras mucho batallar, he conseguido drogas (no tan duras como hubiese deseado) y aquí estoy, bebiendo agua como si me hubiese vuelto loca (y teniendo en cuenta que lo normal para mí son unos 3 litros diarios... os podéis hacer a la idea de toda la que estoy bebiendo), dando alaridos cada vez que voy al baño y despotricando sobre la organización en ese ambulatorio... ¡¡que es un desastre!!
Moraleja: si no les dan la suficiente información a los pacientes... ¿cómo pretenden que hagamos bien las cosas?

2 de febrero de 2008

La intención es lo que cuenta... ¿en serio?

María y Paco empezaron a salir juntos y un día Paco le dijo: "cariño, esta noche ponte guapa que te voy a llegar a un sitio muy especial".
María se puso sus mejores galas, trató de maquillarse lo mejor posible (cosa que nunca hacía), se plantó unas botas de tacón alto y la ropa más sexy que tenía. "Seguro que me lleva a un restaurante romántico, de esos con velas y comidas exóticas" pensaba.
Paco fue a buscarla, le dijo que estaba muy guapa (después de mirarla de arriba abajo y de ponerle una cara un poco rara)... y la llevó a un partido de baloncesto. "Es la final", dijo el hombre sonriente, tratando de interpretar la mandíbula desencajada y la mirada de espanto de su elegante novia.
María se enfadó, se desquició y empezó a odiar a su recién estrenado novio, aun sabiendo que no conocía bien sus gustos y que lo había hecho con la mejor de sus intenciones. Y él acabó enfadándose también porque no entendía que su novia se hubiese mosqueado con lo que le había costado a él conseguir las entradas.

Esta pequeña historia (fruto de mi imaginación... ¿o no?) demuestra que las intenciones no siempre bastan, por muy buenas que sean.

1 de febrero de 2008

¡¡¡Me llamo Naiara!!!

No lo entiendo... ¿de verdad tengo un nombre tan raro?
Cuando vivía en Bilbo mucha gente me llamaba Ainara y, cuando le decía que me llamaba Naiara, siempre contestaban lo mismo: "es que como tienen las mismas letras...". Pero vamos a ver: es como si te llamas Antón y todo el mundo te llama Notan... "cómo tiene la mismas letras..." ¡¡aaaaahhhhhh!!
Pero desde que vivo en Canarias la cosa ha empeorado, y mucho. Según los de Carrefour me llamo Natara, mucha gente me dice "te llamas Naiala, ¡¡como la de Gran Hermano!!" (JA), otras persona (como en el médico, por ejemplo) se limitan a alargar la primera sílaba (Naaaaaaa... Ituuuuuuuuu...) hasta que me doy por aludida y digo algo para que sepan que soy yo... pero en el 99´9% de los casos me llaman Naira.
A ver, vayamos paso a paso. No tengo nada en contra de ese nombre, no me parece particularmente feo y puedo entender que la gente lo confunda porque aquí se oye mucho más que el mío, pero lo que no puedo soportar es que siempre pase esto:

- ¿Naira?
- Soy yo, pero me llamo Naiara.
- Bueno, da igual.

¿Cómo que da igual? Te lo dará a ti, porque a mí no desde luego. Me gusta mucho mi nombre. Me lo pusieron mis aitas con todo su cariño y lleva toda la vida conmigo, así que me fastidia bastante que a la gente le dé igual. Voy a empezar a hacer yo lo mismo, a ver qué les parece: ¿qué pasaría si llamase a todas las mujeres Lupita y a los hombres Hermenegildo? "Total, qué más da, ¿no?".

Y luego está la gente que considera que tu nombre está mal escrito. Hay una cajera en un super al que voy mucho que siempre me lía la misma cuando lee el nombre en mi tarjeta de crédito:

- Te llamas Nayara, como mi hija.
- Sí (sonrisa forzada).
- ¡Huy! Te han escrito mal el nombre... está con i en vez de con y.
- No, es que en realidad se escribe así... (la sonrisa forzada se va convirtiendo en cara de asesina).
- No, no, no... el nombre de mi hija se escribe Nayara... aunque me gusta cómo se escribe con i...

Acabáramos. Siempre igual.

Así que desde aquí reivindico mi nombre, porque es el más bonito del mundo. He dicho.

28 de enero de 2008

¿Buscas trabajo?

Sin comentarios.

Por cierto, si alguien entiende el carajo de idioma en el que está escrito y lo que pone es una barbaridad o vulgaridad... mis disculpas.

27 de enero de 2008

La última frase.

Tengo una manía (bueno, vale, tengo más de una, pero no me voy a poner a contarlas ahora, ¿no?): siempre leo la última frase de los libros.
Sé que está mal, que es una tontería y que siempre salgo mal parada porque muchas veces destripo el final del libro... pero no puedo evitarlo. Soy memela. Lo asumo.
Quizá el caso más notable fue el de un libro que hablaba del secuestro de un niño llamado Josh... y la frase final era "Josh por fin ha vuelto a casa".
Ese día me prometí no volver a hacerlo nunca más... pero vamos, como quien promete que va a apuntarse al gimnasio cada 1 de enero y se queda en eso, en promesa.
Y esta vez lo he vuelto a hacer. En el caso del libro que me leí prácticamente entero en la consulta del médico no fue nada grave porque era una ecuación matemática y me quedé con cara de idiota, sin más... pero el de ahora... he fastidiado el final. Y si a eso le sumamos que la contraportada parece escrita por el peor enemigo del autor pretendiendo que nadie se lo lea porque desvela casi todo el argumento... pues ya está todo hecho. Sé lo que pasa y sé cómo acaba. Vamos, que me lo estoy leyendo casi por compromiso, porque no creo que vaya a descubrir nada nuevo en las próximas 100 hojas.
Si es que soy idiota.

Dolor.

Todos sufrimos alguna vez: es algo inevitable y que, sin duda alguna, nos hace más fuertes. Pero solemos olvidar el dolor que eso nos causó y tratamos de recordar únicamente lo que aprendimos de esa situación o, sencillamente, el momento en el que se quedó en el pasado.
Pero a veces, durante los sueños, el dolor vuelve a aparecer. Sientes de nuevo esa presión en el corazón, esa falta de aire y la sensación de que esta vez no vas a poder superarlo... aunque sepas que es un sueño. Tratas de despertar, de volver a la realidad para decirte a ti mismo que ya pasó, que no has vuelto al pasado como si vivieses en el peor de los infiernos, que, sencillamente, tu mente te ha jugado una mala pasada haciéndote revivir algo que considera importante, aunque tú desees enterrarlo en lo más profundo de tu corazón y dejarlo allí, abandonado... para no volver a verlo jamás.
Quizá es una manera que tiene nuestro cerebro de recordarnos que es mejor no olvidar las cosas con tanta facilidad... o tal vez es que todos tenemos una pequeña parte a la que le gusta sufrir... aunque sólo sea para recordar que fuimos capaces de salir adelante.

21 de enero de 2008

Agujas.

Me pincho. Lo admito. Las inyecciones siempre han sido parte importante de mi vida y no me avergüenza reconocerlo. No es que sean movidas de drogas, son asuntos médicos que, si me conocéis ya sabéis de qué van y si no me conocéis tanto, no resultan de vital importancia como para que me ponga a contarlos aquí.
La cuestión es que prácticamente a diario utilizo agujas y jeringuillas y, aunque parezca increíble, ¡¡me cuesta un huevo encontrarlas!!
Tú te vas a una farmacia y te pueden encargar el medicamento más raro del mundo... es más, posiblemente lo conocerán y sabrán exactamente para qué sirve; pero agujas... ¿¡agujas!?... "uuuufffff... déjame que mire..."... por amor de dios, ¡¡estoy hablando de agujas, no de hipopótamos voladores con un tutú color rosa chicle y antenitas moradas decoradas con pegatinas de Hello Kitty!!
Y lo peor de todo es que te miran raro: "agujas... ¿para qué?"... ¡¡ni que fuese una yonqui!! (y, aunque lo fuese, ¡no es su problema!).
En una de las farmacias una señora se quedo mirándome la cara interna de los codos a ver si encontraba moratones al tiempo que susurró "qué lastima..."... ¿lástima de qué?, al menos yo no tengo la cara como un pergamino mojado ni encojo 2 cm al día, señora.
Y es que alucino, de verdad. Ya he cambiado un par de veces de farmacia y aún así sigo mendigando agujas allá por donde voy. Y lo curioso del asunto es que jeringuillas sí tienen... que yo sepa una cosa va con otra, al menos en la mayoría de los casos... pues no. De hecho, y si te pilla alguien de prácticas, se te queda mirando con cara de pánico, se va corriendo a buscar a alguien con más experiencia y te deja ahí, como si tuvieses la peste, y mirándote con cara rara.
Mi vida sería más sencilla si sólo fuese a la farmacia a comprar aspirinas, como la mayoría de la gente, pero yo siempre he sido algo peculiar y me van las emociones fuertes.
Hoy he conseguido localizar 10 agujas en 3 farmacias diferentes... ¡¡todo un logro!! Mañana seguiré con la búsqueda.

¡Ño!

Tengo que reconocer que la primera vez que vi este anuncio me quedé con cara de idiota delante de la pantalla pensando "no puede ser... se han vuelto todos locos..."... ¡¡pero me encanta!!
Así que aquí os lo dejo para que lo disfrutéis y, para todos los que no vivís en Canarias, para que lo descubráis.
Vamos mi niño, ¡cántalo conmigo! ño ño ño ño...
JAJAJAJAJAJA... me parto.


18 de enero de 2008

Rudios, ruiditos y demás cosas desquiciantes.

Esta mañana he ido al médico y, en las tres horas y media que me he tirado en la sala de espera (y no estoy exagerando, he llegado a las 8:50 y me han pasado a consulta a las 12:20... muy fuerte), he sufrido la desagradable presencia de esos personajes que hacen que la larga espera sea aún más pesada de lo que debería por culpa de los ruiditos y jueguecitos que hacen.
El primero ha sido un chico con una especie de plumas azul horrible (¿estamos locos?, ¡¡estamos a 18 grados!!) que se ha dedicado a frotar un botellín de agua contra el borde del asiento en el que estaba sentado... al tiempo que movía una rodilla como si tuviese chinches en ella. Por si eso fuera poco cada 30 segundos resoplaba, miraba el reloj y susurrada "uuffffff"... Gracias a dios su novia/mujer/persona sufridora que le acompañaba le ha llamado y se ha ido a otro sitio.
Yo seguía en mi asiento y ha llegado una pareja... con un juego de llaves. Para matarlos. En este caso también ha sido el chico el que ha motivado todo tipo de pensamientos crueles de mí hacia su persona... por estar dándole vueltas al juego de llaves una y otra vez, y otra, y otra, y otra, y otra... Ha podido con mis nervios (que ya estaban bastante alterados porque para entonces llevaba más de una hora esperando), así que me he levantado y me he ido a otro sitio... que ha resultado ser un opción peor todavía, porque detrás había una chica intentando hacer un boquete en el respaldo de mi silla con la punta de sus botines morados mega fashion de la muerte... ¡¡¡¡¡aaaaahhhhhhhhhh!!!!
Me he levantado, he dado una vuelta por el pasillo, he tratado de imaginar cómo se podría incendiar la sala donde estaban los médicos tomando café sin que se notase que había sido una paciente desquiciada (o sea yo)... y he vuelto a sentarme, esta vez más cerca de la consulta.
Ha estado todo tranquilo... hasta que ha vuelto a aparecer el personajillo del plumas espantoso... ¡¡con dos botellines de agua!! En serio, he estado a punto de salir corriendo.
Se ha sentado todo despatarrado en la silla y ha empezado a frotar de nuevo un botellín contra el borde del asiento, mientras movía la pierna (¿otra vez?, ¿no se cansa nunca?, ¿no sabe lo que son las agujetas?) como si estuviese poseído por el demonio y daba golpecitos contra la pared con la otra botella, que encima tenía agua y hacía más ruido aún... ¡¡¡lo mato!!!
Le he mirado con cara de asesina, he bufado (en bajito, lo prometo), he cambiado de postura para darle codazos y rodillazos deliberadamente (sutiles, ¿eh?)... pero el tío no sólo no se ha dado por aludido, sino que se paraba un par de minutos ¡¡¡y luego volvía con más ganas!!!
¿Por qué hay gente así?, ¿no es bastante coñazo tirarte toda la mañana en el hospital como para que encima te toque alguien así al lado? Porque ese es el típico tío que se te pone detrás en el cine y se tira toda la peli comiendo pistachos y sorbiendo coca-cola. Peor aún, es el típico tío que se te pone delante en el cine y se tira toda la peli comiendo pistachos y sorbiendo coca-cola... y encima no te deja ver porque es más alto que tú.
Al final he entrado en la consulta, he estado 5 minutos dentro (tanta tortura para esto) y he dejado al chico del plumas allí, con cara de amargado y a punto de tirar abajo la pared de tanto golpecito con la botella.

P.D. Gracias a todos los médicos y enfermeras que me han visto hoy por haberme dado la oportunidad de leerme 160 páginas del libro... ¡¡hacéis un gran trabajo impulsando la lectura!!
2ª P.D. Se nota que es ironía... ¿no?

14 de enero de 2008

Meme.

Supongo que no sabréis lo que es un meme... al menos yo no tenía ni idea hasta hace un rato... pero mi amigo Aday me ha invitado a participar en uno sobre los regalos de estas Navidades y me he animado a hacerlo, de modo que pondré 5 de los que he tenido y os invito a todos a hacer lo mismo en vuestros blogs, ¿vale?
Aquí van los que más me han gustado (que no se mosquee nadie si su regalo no está, ¿eh? es que sólo podía poner 5...):
* Una máquina de coser... que tengo que sacar de la caja y aprender a utilizar (junto con la decapadora, pero esa no es de Reyes).
* Unas planchas para el pelo... sutil manera de recordarme que tengo el pelo largo y que parezco un león electrocutado cuando me levanto de la cama.
* DVD´s variados (Bon Jovi, Ratatouille, Shrek 3...) que llevaba un par de semanas sugiriendo como regalo... ¡¡han pillado la indirecta!!
* 2 peluches (un hipopótamo con cara de mala leche y un caballo con ombligo... ¡¡es la bomba!!)... y sí, me encantan los peluches... ¡¡aunque esté a punto de cumplir 28 años!!
* Juegos "putada" (siento la vulgaridad), de esos de "saca la pieza tamaño trolebús por la ranura tamaño agujero de una aguja estreñida"... ¿es cosa mía o alguien me quiere tener entretenida? (¿queréis verlos?: el complicado, el imposible y el "me cagüen todo lo que se menea con la cosa esta").
Pues estos han sido algunos de ellos, que si pongo la lista completa no termino nunca.
Yo no conozco a mucha gente con blog pero... Marta y Larri... ¿os animáis?

12 de enero de 2008

Boohbah... ¡¡qué miedo!!

El otro día descubrí un nuevo programa infantil que me tiene traumatizada.
Yo sé que los programas para críos suelen resultar bastante insufribles para los adultos... pero os juro que lo de este no es ni medio normal... y puedo asegurar que tengo bastante tolerancia con estos temas.
Así que decidí desconcertar al resto del planeta dando a conocer las existencia de estos extraños seres con forma de gota de agua radiactiva, fluorescentes, peludos, voladores, extrañamente amenazante y con ojos desproporcionadamente grandes. Puse en riesgo mi salud mental y para conseguir averiguar el nombre de las criaturitas me tragué unos 10 minutos de programa... y eso es mucho, creédeme. Y no sólo eso, sino que hoy me he dedicado un buen rato a buscar vídeos en el you tube (tarea nada sencilla porque otras personas opinan lo mismo que yo y han creado sus propios vídeos... pero con músicas más agresivas aún) y hasta he localizado la página web oficial que, aunque parezca increíble visto lo visto, es peor todavía.
Reto a todos los adultos que leáis esto a que veáis los vídeos sin apartar la mirada, sin salir corriendo y sin creer que el fin del mundo se avecina (y eso que los que he puesto son bastante "tranquilos"). Es más, a que os atreváis a entrar en la web y no acabéis desquiciados en menos de 30 segundos.
Esto que vais a ver puede derretiros la retina, hacer que os estallen los tímpanos y mandaros al psiquiatra de cabeza. Quedáis avisados.
Os presento a los Boohbah, una especie de pelusas de colores, histéricas, que mueven los ojos como Lina Morgan, que no paran de chillar y que se mueven como un "tentetieso" que se ha fumado un porro, comido una seta alucinógena y trincado 15 litros de kalimotxo en menos de 5 minutos.
La cabecera del programa:



Uno de sus bailes (que no el peor).



La web oficial.

Sé que es cruel haceros esto y que corro el riesgo de que no volváis a visitar mi blog, pero sentía que debía compartir mi asombro con todos vosotros.
Pensad que hay lugares en el mundo en el que los padres les hacen ver eso a sus hijos, les plantan delante de la pantalla para que se desquicien y sufran ataques de ira... yo no digo que haya que ponerles a Heidi y Marco pero... ¿acaso se merecen tanto sufrimiento?
Son niños pequeños, indefensos, confían en nosotros... ¡¡son demasiado jóvenes para merecer semejante tortura!!
Por favor, si tenéis hijos... ¡¡hasta los "teletubbies" son mejor que esto!!

10 de enero de 2008

Motos.

¿Por qué cuando vemos dos motos paradas en un semáforo, pensamos que los conductores tienen que ser amigos?

La personalidad de los coches.

Los coches tienen personalidad propia, cada día estoy más convencida. Pero lo más extraño del asunto es que los humanos que los conducimos nos la apropiamos de tal manera que llegamos a hacerla nuestra cuando estamos en su interior.
No, no me he vuelto loca... y tampoco he visto "Cars" demasiadas veces (de hecho, y a pesar de que la tengo, no es para nada una de mis pelis favoritas).
Siempre he tenido la sensación de que cada coche es un individuo con su propia historia, y desde que conduzco, más aún.
Yo tengo un Clio pequeñito, de esos de andar por casa. Cuando voy por la carretera y veo el resto de coches me hago un película mental de cada uno de ellos, como si fuesen individuos capaces de tomar sus propias decisiones y no simples máquinas conducidas por personas exactamente iguales que yo... y lo curioso es que suelo acertar.
Si veo un coche grande (y con grande me refiero a coche caro... aunque claro, tampoco es que el mío fuese regalado... pero ya me entendéis) sé que me va a adelantar, da igual en qué situación estemos. Los que están tuneados hacen siempre lo que quieren, independientemente de las normas y las señales. Las furgonetas viejas siempre molestan, ya sea porque van muy despacio, porque sueltan un humo negro que tiene que ser tóxico por obligación o porque da la sensación de que en cualquier momento se les va a caer un trozo y eso hace que dé miedo ir detrás de ellas. Los autobuses siempre ganan la partida porque, ¿quien es el valiente que se enfrenta a un bicho tan grande? ¿Y qué pasa con los camiones? Son enormes, tanto que sus ruedas suelen ser mas altas que tu propio coche, da la sensación de que son muy torpes y en las cuestas casi siempre ponen las luces de emergencia, como si tuviesen complejo de árbol de Navidad. Y los todoterrenos... esos son los peores: se creen los reyes de la carretera porque son capaces de atravesar un río y parece que siempre van con prisa, dispuesto a pitar por cualquier motivo, por nimio que sea.
En serio, todas esas normas no fallan. Da igual que dentro de cada coche (o similar) vaya una mujer, un hombre, una persona mayor o alguien con la "L"... siempre es igual.
Los coches vienen con personalidad de serie (de hecho, y si los miras de frente, muchos de ellos tienen cara... como un modelo del Alfa Romeo, que tiene el ceño fruncido como si estuviese de mala leche) y no podemos evitarlo.

9 de enero de 2008

La rutina.

¿Por qué somos tan crueles con la rutina?, ¿qué nos impulsa a añorarla cuando la perdemos y a despreciarla cuando la recuperamos?, ¿acaso no somos conscientes de que es parte indispensable de nuestra existencia?
He estado fuera unas dos semanas y, aunque lo he pasado genial, cada noche me acostaba pensando "¡qué ganas tengo de volver a mi vida!". Mi cama. Mi sofá. Mi ritmo.
Pero luego vuelves a casa, a tu día a día y, la verdad, cuesta reincorporarse: madrugar, ir al supermercado, limpiar la casa, hacer todas las cosas que has planeado para el año nuevo, limpiar el coche, regar las plantas, comer cosas normales (¡¡en Bilbo se come "demasiado" bien!!... ¡¡y más en Navidad!!)... y entonces quieres volver a marcharte para salir de esa espiral, volver a dormir con una almohada que no es la tuya y no saber qué vas a hacer al día siguiente...
¡la cuestión es quejarse!