18 de enero de 2008

Rudios, ruiditos y demás cosas desquiciantes.

Esta mañana he ido al médico y, en las tres horas y media que me he tirado en la sala de espera (y no estoy exagerando, he llegado a las 8:50 y me han pasado a consulta a las 12:20... muy fuerte), he sufrido la desagradable presencia de esos personajes que hacen que la larga espera sea aún más pesada de lo que debería por culpa de los ruiditos y jueguecitos que hacen.
El primero ha sido un chico con una especie de plumas azul horrible (¿estamos locos?, ¡¡estamos a 18 grados!!) que se ha dedicado a frotar un botellín de agua contra el borde del asiento en el que estaba sentado... al tiempo que movía una rodilla como si tuviese chinches en ella. Por si eso fuera poco cada 30 segundos resoplaba, miraba el reloj y susurrada "uuffffff"... Gracias a dios su novia/mujer/persona sufridora que le acompañaba le ha llamado y se ha ido a otro sitio.
Yo seguía en mi asiento y ha llegado una pareja... con un juego de llaves. Para matarlos. En este caso también ha sido el chico el que ha motivado todo tipo de pensamientos crueles de mí hacia su persona... por estar dándole vueltas al juego de llaves una y otra vez, y otra, y otra, y otra, y otra... Ha podido con mis nervios (que ya estaban bastante alterados porque para entonces llevaba más de una hora esperando), así que me he levantado y me he ido a otro sitio... que ha resultado ser un opción peor todavía, porque detrás había una chica intentando hacer un boquete en el respaldo de mi silla con la punta de sus botines morados mega fashion de la muerte... ¡¡¡¡¡aaaaahhhhhhhhhh!!!!
Me he levantado, he dado una vuelta por el pasillo, he tratado de imaginar cómo se podría incendiar la sala donde estaban los médicos tomando café sin que se notase que había sido una paciente desquiciada (o sea yo)... y he vuelto a sentarme, esta vez más cerca de la consulta.
Ha estado todo tranquilo... hasta que ha vuelto a aparecer el personajillo del plumas espantoso... ¡¡con dos botellines de agua!! En serio, he estado a punto de salir corriendo.
Se ha sentado todo despatarrado en la silla y ha empezado a frotar de nuevo un botellín contra el borde del asiento, mientras movía la pierna (¿otra vez?, ¿no se cansa nunca?, ¿no sabe lo que son las agujetas?) como si estuviese poseído por el demonio y daba golpecitos contra la pared con la otra botella, que encima tenía agua y hacía más ruido aún... ¡¡¡lo mato!!!
Le he mirado con cara de asesina, he bufado (en bajito, lo prometo), he cambiado de postura para darle codazos y rodillazos deliberadamente (sutiles, ¿eh?)... pero el tío no sólo no se ha dado por aludido, sino que se paraba un par de minutos ¡¡¡y luego volvía con más ganas!!!
¿Por qué hay gente así?, ¿no es bastante coñazo tirarte toda la mañana en el hospital como para que encima te toque alguien así al lado? Porque ese es el típico tío que se te pone detrás en el cine y se tira toda la peli comiendo pistachos y sorbiendo coca-cola. Peor aún, es el típico tío que se te pone delante en el cine y se tira toda la peli comiendo pistachos y sorbiendo coca-cola... y encima no te deja ver porque es más alto que tú.
Al final he entrado en la consulta, he estado 5 minutos dentro (tanta tortura para esto) y he dejado al chico del plumas allí, con cara de amargado y a punto de tirar abajo la pared de tanto golpecito con la botella.

P.D. Gracias a todos los médicos y enfermeras que me han visto hoy por haberme dado la oportunidad de leerme 160 páginas del libro... ¡¡hacéis un gran trabajo impulsando la lectura!!
2ª P.D. Se nota que es ironía... ¿no?