2 de febrero de 2008

La intención es lo que cuenta... ¿en serio?

María y Paco empezaron a salir juntos y un día Paco le dijo: "cariño, esta noche ponte guapa que te voy a llegar a un sitio muy especial".
María se puso sus mejores galas, trató de maquillarse lo mejor posible (cosa que nunca hacía), se plantó unas botas de tacón alto y la ropa más sexy que tenía. "Seguro que me lleva a un restaurante romántico, de esos con velas y comidas exóticas" pensaba.
Paco fue a buscarla, le dijo que estaba muy guapa (después de mirarla de arriba abajo y de ponerle una cara un poco rara)... y la llevó a un partido de baloncesto. "Es la final", dijo el hombre sonriente, tratando de interpretar la mandíbula desencajada y la mirada de espanto de su elegante novia.
María se enfadó, se desquició y empezó a odiar a su recién estrenado novio, aun sabiendo que no conocía bien sus gustos y que lo había hecho con la mejor de sus intenciones. Y él acabó enfadándose también porque no entendía que su novia se hubiese mosqueado con lo que le había costado a él conseguir las entradas.

Esta pequeña historia (fruto de mi imaginación... ¿o no?) demuestra que las intenciones no siempre bastan, por muy buenas que sean.