30 de mayo de 2012

La casa de Mickey, la otitis y los billetes de avión.

Puedo prometer y prometo que voy a dejar de decir esta frase en breve, pero es que es la verdad: mi vida ha cambiado. Cuando comencé con este blog, escribía en él sentada en la silla del escritorio que tenía en la "habitación del caos", con su mesa, su teclado y su pedazo de ordenador de sobremesa con una torre del tamaño de una nevera portátil, mientras escuchaba en la radio algún cd que me encantase.
Hoy, sin embargo, retomo el blog desde el sofá, con mi portátil del arcaico sobre las piernas, mi bichito sentada a mi lado triturando galletas con chocolate y viendo el énesimo capítulo da la casa de Mickey Mouse (es lo que tiene amanecer con 39 de fiebre y una otitis galopante: licencia absoluta para hacer lo que le da la gana). Para qué nos vamos a engañar: es complicado concentrarse en escribir algo decente cuando tienes que pensar, teclear, hacer mimos con una mano, sujetar el ratón con la otra y, por si fuera poco, prestar atención a las preguntas que salen por la boca del dichoso Mickey. 
¿Se puede complicar más la situación? Sí, se puede. Prueba a hacer todo eso y, al mismo tiempo, buscar tres billetes de avión a Canarias. Para agosto. Y que no sean caros. O, al menos, que no impliquen tener que donar un riñon y el hígado. Hasta la cabeza me duele de la presión.
Pero una, que es aplicada y cabezona hasta el aburrimiento, y que hace uso de los superpoderes de concentración a la par que de abstracción... ¡¡logra el objetivo!!
No sé si sorprenderme de mi habilidad para la multitarea, ponerme a mí misma un monumento por haber conseguido los billetes a "buen precio" (de eso hablaremos en otra entrada) o encerrarme en algún armario con la esperanza de que el bicho se apiade de mí y al menos me deje cambiar de canal y ver otros dibujos esta tarde.