21 de febrero de 2010

Las tiendas de cocinas.

Las tiendas de cocinas son todo un mundo: tú entras emocionada pensando en lo bonita que va a ser tu futura cocina... y puedes llegar a salir desesperada pensando que eres la persona más rácana sobre la faz de la tierra y que careces por completo de gusto y de sentido común.
Cierto es que dispongo de un presupuesto algo limitado (más quisiera yo no tener andar preguntando el precio de todo, hasta de los tiradores de las puertas) y que quiero un frigorífico americano que es enorme, que aquí no se estila y que le rompe los esquemas a todo el mundo, pero creo que tampoco hay que ser tan cuadriculado, y menos con alguien que es un posible cliente y que se va a gastar unos 6.000 euros en tu tienda, ¿no?

* Tienda 1: "el microondas no queda bien... así que no te lo pongo".

Porque yo lo valgo. Tú le hablas de tus gustos y necesidades y ellos te ponen lo que les sale de las narices. ¿Por qué? Porque sí. Sin más. Yo no tengo la culpa de que mi microondas, al que quiero y adoro porque lleva muchos años conmigo y hace unas alitas de pollo super ricas, sea un poco culón. Cada uno es como es, ¿no? Pues a la señora de la tienda de cocinas le pareció fatal y decidió que, como no podía ponerlo donde ella quería, no se ponía y ya está.
Del frigorífico ni hablamos, claro. Después de mirarme como las vacas al tren e insinuar que me había vuelto loca por querer meter semejante mole en una cocina "grande, pero no tanto", se resignó y lo metió en el diseño. No le quedó más remedio.

* Tienda 2: "el diseño más feo que he visto en mi vida".

Sin entrar en detalles sobre el microondas, que nuevamente fue motivo de disputa (¡¡que no, que no me voy a comprar otroooo!!) y que acabó colocado en un sitio de lo más extraño y antiestético, ch una cocina fea de narices. Pero hasta límites insospechados, ¿eh? Y mira que en apariencia son todas iguales (o parecidas). Pues esta no. Esta era horrible. No sé si era por los colores, por la distribución o por una mezcla de ambas cosas, pero es que era tan fea que daba la sensación de estar vacilándonos.
Y con el frigorífico más de lo mismo. Según la chica todo eran inconvenientes... mira guapa, no me vendas la moto que he tenido uno durante 5 años y es el mejor invento del mundo. Me da igual tú opinión.

* Tienda 3: "yo a mis clientes nunca les pongo nada que no sea carísimo".

Mira que entré en la tienda con la sospecha de que iba a ser todo carísimo... y acerté, pero no dejó de sorprenderme. Soy pobre, qué le voy a hacer. Y me ofenden frases del estilo: "yo pongo todo en una gama alta porque ya si quieres que sea todo barato y malo hay tiempo para cambiarlo". Las puertas cumplen su función, cueste 20 euros o 300. Que yo sepa por muy cara que sea la cocina no hace la comida sola, ni barre de manera automática ni nada por el estilo.
El diseño... bueno, ¿cual de los dos?
a) Lo que yo le pedí: electrodomésticos blancos a la vista, que son más baratos y funcionan igual de bien que los otros; una encimera normalita, que tampoco es que sea regalada; muebles de color naranja, porque siempre he querido tener una cocina naranja y soy yo la que la va a pagar; y mi extraño microondas y su amigo le mega frigorífico.
b) Lo que a ella le gustaría hacerme: una cocina blanca inmaculada con una puerta verde (podía haber disimulado y ponerla naranja, ¿no?), electrodomésticos ocultos, una encimera super cara y, cómo no, un frigo normal. ¡¡¡¡Que me voy a comprar uno americano os guste o noooooo!!!! Parecía sacada de un híbrido entre catálogo de cocinas y una arielita. Y creo que se dio cuenta de que su diseño no era mi estilo... más que nada por la cara de idiota que se me debió de quedar al verlo.

* Tienda 4: "por favor por favor por favor... sólo quiero que me escuches".

Casi mi última esperanza antes de quedar absolutamente traumatizada con el tema cocina (que dios me de fuerzas para enfrentarme al tema baño). Me atendió una chica simpática que... ¡¡me escuchó!! Puso cara rara con lo del frigorífico (pero luego me dijo que le parecía estupendo y que ella se compraría uno si tuviera sitio donde meterlo) y anotó las medidas del microondas sin rechistar. Bien empezamos. No me repitió hasta la saciedad que hoy por hoy no se llevan nada las cocinas naranjas (cosa que, sinceramente, me la trae bastante al pairo); estuvo de acuerdo conmigo en que, aunque los metalizados sean más bonitos, los electrodomésticos blancos son mucho más rentables; y no tuvimos que discutir sobre el grosor de la encimera.
Vamos, que salí encantada... y lo estuve aún más cuando un par de días más tarde me enseñó el diseño... del que os hablaré en el siguiente post, que va para largo.

¡¡¡Por fin tengo tienda de cocina fichadaaaaaa!!!

P.D. Por si a alguien le extraña que no me haya ido directamente a Ikea... fui. Y flipe. Y me encantó (estética y, sobre todo, precio). Pero mi cocina nueva tiene una columna a la altura de los fuegos y, al no tener armarios a medida, no terminaba de cuadrar bien. Con todo el dolor de mi alma, queda descartada :(