23 de noviembre de 2007

Moribundo ha muerto... otra vez :(

Es un hecho, Moribundo ya no está con nosotros... bueno, todavía sí porque aún no lo he sacado del acuario (me da repelus... y mi maridito es muy bueno y hace esas cosas por mi): está en el fondo, tripa-arriba, gordo como una bolla y cada vez más transparente.
Y es un trauma que tengo, porque he comprado dos peces de ese estilo (se llaman guerreros del Siam)... y los dos se han muerto.
El primero fue un regalo de santo (o cumpleaños, no me acuerdo): le compré una pecera pequeñita, le puse una planta de plástico y hasta le dibujé peces en las paredes (por fuera, no se fuera a intoxicar) para que no se sintiese solo... pero no hubo manera. Duró exactamente tres días (incluidos los dos que estuvo escondido para que no lo viese Antonio, que era el que lo iba a recibir). Se metía debajo de la planta de plástico como si se estuviera tapando con la hoja... y me hacía gracia porque parecía que estaba medio muerto (de ahí lo de Moribundo)... al ver que el pobre bicho estaba malito lo pasamos al acuario grande, para que tuviese agua calentita y limpia todo el rato... pero aún así se fue al cielo de los peces (¿cómo será el infierno de los peces?, ¿una pescadería?, ¿qué peces irán allí?, ¿cómo puede pecar un pez?, ¿acaso no son todas buenos menos las pirañas?, ¿o es que sólo hay pirañas en el infierno?).
Fue una pérdida dolorosa, porque era un pez muy mono.
Un año más tarde volví a intentarlo y compré otro pez igual: Moribundo 2 (aunque este siempre ha parecido sano... hasta el final, claro). Estuvo en el acuario desde el principio, se hizo amigo de los demás, me daba besitos cuando les cambiaba el agua y se le veía feliz, de un lado para el otro y durmiendo cada noche sobre la tapa del filtro... Hasta que un día se quedó preñado (cosa sorprendente teniendo en cuenta que era macho).
Empezó a engordar, tanto que parecía que estaba incubando manada y media de dinosaurios gigantes... pero se le veía contento. Siguió poniéndose más y más gordo, hasta el punto de que la piel se le estiró tanto que empezó a quedarse transparente (era morado oscuro), y entonces miramos por internet a ver si averiguábamos qué le pasaba. Había dos opciones: una enfermedad mortal o estreñimiento patológico llevado al extremo. Decidimos quedarnos con la opción dos... más que nada porque tenía cura.
En la tienda de peces nos dieron una comida especial (que en teoría era laxante) y nos dijeron que si no veíamos mejora le apretásemos un poco la tripa (¿en serio?, es como si a ti te pasan una apisonadora por encima porque estás estreñido...).
Tuvimos que hacerlo (lo de apretujarlo), pero el resultado fue nulo: siguió tan gordo como siempre, pero encima le arrancamos escamas y estuvo un día hecho polvo sin poder mover una aleta.
Se recuperó del trauma y ha sido un pez feliz... hasta hoy (al menos eso quiero pensar). Ayer ya estaba algo más raro de la habitual, tirado en el fondo y casi sin poder moverse... y esta mañana ha llegado su cruel final: ha muerto.
Supongo que tenía esa enfermedad extraña (de ahí que se fuese poniendo transparente) y no un estreñimiento salvaje... sea como sea, nunca le olvidaré.