3 de septiembre de 2008

Tipos de recuerdos.

Comencemos esta entrada diciendo que el otro día me quedé pasmada ante dos descubrimientos: 1) he estado en la plaza de toros de Bilbo (esa que no sé ni situar en el mapa) y 2) ¡¡he estado en un concierto de Mecano!! Actividades que parece ser llevé a cabo al unísono... vamos, que les vi en concierto en la plaza de toros.
No es que me avergüence de este último hecho, para nada, siempre he considerado que es un gran grupo y ahora entiendo por qué en su momento pedí que me regalaran una cinta (que seguro que todavía está en algún rincón de la casa de mi ama); pero resulta desconcertante que alguien te hable de cosas que has vivido y a las que eres totalmente ajeno... vamos, que te las crees porque no te quema más remedio y porque quien te lo cuenta es de confianza.
Y todo ello (eso y que tengo mucho tiempo libre) me ha hecho reflexionar sobre el tipo de recuerdos que existen en el mundo (independientemente de que sean buenos o malos).

* TIPO 1: Los de verdad.

Son esos recuerdos reales de los que nos acordamos sin tener que recurrir a terapias intensivas con psicólogos en potencian que tratan de desbloquear algún tipo de trauma para creer que se han ganado su sueldo.

* TIPO 2: Los de mentira.

También conocidos como películas mentales. Son más recurrentes durante la infancia ("el año pasado, estando de vacaciones, vi un dragón bañándose en la playa y nos hicimos amigos") y la adolescencia ("que sí tía, que el año pasado me lié con el tío super bueno de clase... osea te lo juro por Snoopy...").

* TIPO 3: Los de "¿¿¡¡¡pero cómo no te vas a acordar!!!??".

En estos mi ama tiene un master. Creo que lo más sencillo es recurrir a un ejemplo para explicar en qué consisten.

- Ama: ¿Te acuerdas de cuando estuvimos en Granada?
- Yo: ... eeeehhhhhh... No.
- Ama: Que sí mujer, que lo pasaste muy bien.
- Yo: Ya, ¿ eso en qué año fue?
- Ama: Déjame pensar... pues en el verano del 81.
- Yo: Ama, nací en el 80... estuve en Granada con año y medio...
- Ama: ¡¡¡Pero cómo no te vas a acordar con la buena memoria que tú tienes!!!

En estos casos lo mejor es recurrir al siempre útil "oye, pues ahora que lo dices sí que me acuerdo", porque si lo niegas te bombardean con más datos que por supuesto tienes que tener grabados a fuego vivo en tu cerebro... aunque pasaran cuando todavía ibas dentro del cochecito de capota.

* TIPO 4 (los peores de todos): Los que son reales pero como sólo tú los recuerdas, se empeñan en decirte que son mentira.

Estos me tienen totalmente traumatizada. Yo tengo buena memoria (a veces me doy miedo a mí misma de lo precisa que puedo llegar a ser), así que cuando sé que algo pasó y me lo niegan... ¡¡¡me cabreo mucho!!! Una vez más, recurramos a un ejemplo (un trauma infantil que me acompañó hasta los 17 años).
Resulta que cuando era pequeña me quedé encerrada con una amiga en la habitación de mi hermano. Posiblemente no fue nada grabe, pero yo lo recuerdo con todo lujo de detalles: la puerta blanca, a mi amiga y a mí sentadas en la cama esperando que alguien la tirase abajo y a la gente al otro lado diciéndonos que no pasaba nada y que en poco tiempo nos iban a sacar.
Bueno, pues eso, QUE ES ABSOLUTAMENTE CIERTO, me lo estuvieron negando hasta los 17 años. Siempre me decían que no lo recordaban y, por tanto, que no había pasado (¡cómo no!); hasta que un día, el año que cumplí 16+1 (no me preguntéis por qué, pero no me gustaba decir 17... tonterías adolescentes), me reencontré con la amiga que había estado conmigo en esa situación... ¡¡¡y ella también se acordaba!!! Siempre le habían dicho que no... ¡¡¡pero por fin teníamos la prueba definitiva!!! De modo que me armé de paciencia y, sentada frente a mi madre, la interrogué hasta que lo reconoció. Fue como ganar una gran batalla, me sentí la reina del mundo. No me había vuelto loca. No me inventaba cosas (parece ser que era la habitación de mi hermano pero en una casa de veraneo... detalles insignificantes). Los que tenían mala memoria eran ellos.
Como este ejemplo, hay muchos más. Y es que los adultos (yo no seré uno de ellos hasta que cumpla... no sé, 120 años) son malos y tratan de borrar los recuerdos ajenos intentando ocultar que su memoria falla.
Por eso quiero hacer un llamamiento desde aquí a todos los recuerdos frustrados, semiolvidados y negados del mundo... ¡¡uníos y mostraos al mundo!!

2 de septiembre de 2008

Hoy soy un poquito más feliz...

... ¡¡¡porque ya tengo el nuevo catálogo de Ikea!!!
Es como en Navidad, cuando abres los regalitos, comes bombones Ferrero como un animal y engordas 7 kilos de golpe a base de langostinos, jamón y Suchard... ¡¡pero sin tener que ponerte a dieta después!!
Y es un catálogo más especial aún (si cabe) porque es mi último catálogo canario... ¡a partir de ahora tendré uno de Bilbo! (por cierto, querré mucho muchísimo al primero que me lo consiga... y más aún si me lo lleva al aeropuerto el día 1, para que nos vayamos conociendo).
Todavía no lo he abierto, tan sólo lo tengo a mi lado, junto al teclado, mientras trato de prepararme psicológicamente para todas las novedades que descubriré dentro y que, por supuesto, querré comprar... ¡¡qué emoción!!
Y es que sólo hay una revista equiparable a esta: el catálogo navideño de juguetes de "El Corte Inglés"... ¡y para ese todavía falta tiempo!
A disfrutar se ha dicho :)

25 de agosto de 2008

Esos momentos.

Todos padecemos más de lo que nos gustaría esos momentos en los que la situación es tan violenta que te quieres morir o por lo menos que te abduzcan los marcianos y te devuelvan a la tierra 50 años más tarde (aunque creo que caerte al suelo de bruces, a un charco, en un día lluvioso, delante del chico que tú consideras más guapo del mundo y que por supuesto te gusta y no sabe que tú existes sólo me pasa a mí, ¿verdad?) y yo pensaba hasta hace un par de años que subir en el ascensor con el vecino al que no entiendes cuando te habla y al que siempre respondes con monosílabos y movimientos de cejas suplicando dar la respuesta acertada era una de las peores situaciones... hasta que vine a a vivir a un segundo piso sin ascensor... y con una señora mayor de vecina.
Cabe decir que desde que se ha echado novio parece que ha rejuvenecido unos 20 años y que a veces me parece tener más vitalidad que yo, pero aún así cuando llegamos a casa al mismo tiempo siempre te dice "sube tú primero, que vas más rápido"... ya...
Puedes tener los pies llenos ampollas, llevar 7 horas fuera de casa y desear que venga un perro rabioso para que te los devore o incluso venir cargada del súper con 800 bolsas que pesan unos 2.000 kilos cada una... pero ella supone que vas a ser más rápida. Cómo no.
Y claro, eso no es lo peor... nooooo... lo peor es que, como va detrás de ti, eres plenamente consciente de que te está mirando el culo. Es lógico, es lo que tiene ir delante, pero no resulta nada agradable saberlo. Entonces empiezas a intentar ir más rápido sin resoplar (no vaya a parecer que no puedes ni respirar), al tiempo que tienes que contestar a frases chorras del tipo "estas escaleras cada día cuestan más, ¿eh?" y sonreír, porque aunque vaya tras de ti, como buena viejecilla que es, te está viendo la cara (debe de ser un poder que se adquiere con la edad) y vigila cada uno de tus gestos para contárselos a las vecinas.
Y hoy, para no variar, lo he sufrido con 30 grados en la calle, una tripa de 5 meses, dos bolsas del súper... y la vieja detrás, metiendo prisa y midiendo mentalmente mi culo... ¡qué horror!!

24 de agosto de 2008

Busco casa adoptiva.

No, no es para mí. Y no, tampoco me he vuelto loca. Lo cierto es que la casa adoptiva es... para mis peces.
Dentro de poco más de un mes me mudo (ya os contaré... ¡¡cuando se acerque más la fecha!!) y no me los puedo llevar conmigo porque, aunque me gustaría, dudo mucho que aguanten 3 horas metidos en un avión (más el tiempo que pasas en el aeropuerto en este tipo de viajes, claro).
Así que busco soluciones. Se me ha ocurrido echarlos en un diminuto estanque que hay en un parque relativamente cercano a casa porque allí hay Guppies y supongo que los míos sobrevivirían, al menos la inmensa mayoría pero... ¿qué hago con los dos arlequines?, ¿y con mi querido comepiedras? No los puedo soltar allí porque se morirían fijo (sobre todo el comepiedras, que se asusta con nada y lo mismo le da un infarto en cuanto se cruce con una rana 10 veces más grande que él)... me da dolor de corazón sólo de pensarlo.
Así que pasé por la tienda de peces a la que solemos ir habitualmente y les propuse una adopción... la chica me miró muy raro y yo creo que no me echó de la tienda porque al verme embarazada pensó que serían las hormonas... sea como sea, y cuando se lo expliqué todo, no le pareció una idea demasiado descabellada acogerlos en la tienda y meterlos en los acuarios enormes en los que tienen las plantas que venden. De todos modos, me dijo que tenía que hablar con la encargada... cosa que no he hecho aún.
Y es que, aunque no me parece una mala solución (es mejor que tirarlos a la taza del water, eso seguro), me da como cosa que se queden allí... pobrecillos... es como cuando un señor mayor dejaba a su gata en el veterinario cuando se iba de vacaciones... vale que no parecía pasárselo demasiado mal (le hago eso a la mía y no me habla nunca más por maltrato gatuno... y razón no le faltaría), pero dejarla con la persona que la "torturaba" con cierta asiduidad no me parecía demasiado humano... pero bueno, volvamos al tema.
Mis peces no han visto "Buscando a Nemo" (gran película, todo sea dicho), no vaya a ser que cojan ideas y bastante tengo con que uno de los Guppies siempre se meta en el tubo cuando le cambio el agua, pero creo que puede ser duro para ellos ver a su alrededor un montón de peceras llenas de parientes lejanos apiñados y que desaparecen en bolsitas... ¿y si recuerdan la traumática infancia que tuvieron hasta que los adopté y les di un hogar?, ¿y si se deprimen por no tenerme ahí para incordiarles de vez en cuando?, ¿y si se vuelven locos y saltan del acuario a las 4 de la mañana y como la tienda está cerrada nadie se entera y se mueren ahí solitos, en el suelo, dando saltitos desesperados por volver al agua?
Por eso busco una casa adoptiva que los quiera y los cuide; son pequeñitos, casi no comen (con un par de escamas para todos llega de sobra) y los Guppies tienen crías... ¿alguien que viva en Las Palmas les quiere dar un hogar?

19 de agosto de 2008

Pagando la deuda.

No sé si lo recordaréis, porque ha pasado tanto tiempo que a poco más y se une con el siguiente aniversario, pero cuando mi blog cumplió un añito hice un sorteo entre todos los que pusisteis comentarios y ganó Valkiria.
Y ayer, por fin, después de muchos meses de correos electrónicos y tras envolver su regalo, nos conocimos.
Fue un auténtico placer Ana, de verdad. Un millón y medio de disculpas por haberte hecho esperar más de media hora (¿te puedes creer que aún no me he recuperado del sofocón?... jejejeje...), espero que pienses que mereció la pena no fugarte del restaurante y dejarme en la estacada... ¡aunque casi me lo merecía!
Prometo que nos veremos muchas veces de aquí a octubre porque, entre otras... ¡¡te debo un batido de helado!!
Espero que disfrutes el regalo :)

13 de agosto de 2008

El dedo que no se cura.

Tengo un dedo que no se me cura. Yo no sé si es que el pobre es gafe o es que es la prueba viviente de que soy un poco torpe... pero creo que va a ser la segunda opción...
Es el dedo corazón de la mano derecha... vamos, que más en medio no puede estar. Creo recordar que lo primero que le pasó fue que me lo corté con una tijera (o un cuchillo, no estoy muy segura) y estuvo una temporada cubierto por un tirita. Cuando decidí descubrirlo y enseñarle mundo aún estaba sensible y yo, que soy más bruta que un arado y no me acordaba, me puse a lijar una caja de madera y conseguí una ampolla preciosa justo en la yema del dedo, en la parte que estaba en periodo de recuperación.
Tras muchos días con la bendita ampolla incordiando, y cuando parecía que empezaba a curarse del todo, me lo quemé sacando la bandeja del horno... y vuelta a empezar...
Y por si eso fuera poco, el otro día me corté de nuevo al limarme las uñas... ¡¡¡pero qué me pasaaaaaaa!!!, ¿por qué lo torturo de semejante manera?
Ahora mismo tiene la piel tiesa, como las caras de las viejecillas ricas que salen en los programas sobre familias con pasta de Beverly Hills. A simple vista puede parecer un dedo normal pero yo, que vivo con él, sé que está psicológicamente trastornado y que tiene tendencias suicidas (hace cinco minutos estaba preparando la comida y ha saltado como un loco al filo del cuchillo... eso no es sensato hombre...).
Sé que lo normal sería asumir mi culpa y reconocer que la causante de todos sus males soy yo pero... ¿y si en realidad es un dedo mártir?, ¿y si su meta vital es suicidarse en pro de la evolución para que mis hijos nazcan sólo con 4 dedos, funden una fábrica de guantes con 4 dedos y se hagan multimillonarios?, ¿y si yo, al intentar protegerlo de su instinto amputador, estoy guiando a mi familia a la pobreza más absoluta... y encima con un dedo más que alimentar?, ¿y si soy el eslabón perdido entre los humanos y los Simpsons?
Dios, cuanta responsabilidad...

10 de agosto de 2008

¡Por fin conozco a Wall-e!


Hace tiempo os hablé de Wall-e, incluso puse el trailer en el blog... y hoy vuelvo a hablaros de él porque... ¡¡¡es una ricura!!!
Ayer fui al cine a ver la peli (dos entradas, palomitas, un litro de agua y gominolas... soy un poco más pobre, pero no importa) y sólo puedo decir una cosa... ¡¡¡me encantaaaaaaa!!!
No es sólo altamente recomendable, sino que creo que todos deberíamos estar obligados a verla... un par de veces, mínimo.
Soy fan incondicional de Disney y, por extensión, de Pixar... y creo que puedo asegurar que Wall-e es uno de los personajes más entrañables y adorables que han creado hasta el momento... ¡¡yo quiero uno!!!
Un último consejo: intentad ir al cine sin saber el argumento de la peli, así se disfruta más... ¡¡LARGA VIDA A WALL-E!!

6 de agosto de 2008

He visto uno...

Todavía no me he recuperado de la impresión, pero puedo afirmar que... ¡¡los billetes de 200 euros existen!! He visto uno en el supermercado esta mañana... ooooohhhhh...
He ido ha comprar una barra de pan y algo para comer y, en la cola, delante de mí, había una pareja de unos 70 años (aunque a saber qué edad tendrían en realidad, porque siempre he sido malísima calculando años) con un carro repleto de cosas. Después de pasar todo por la caja y de tirarse como siete años y medio metiéndolo en bolsas, la cajera les ha dicho que eran 17o euros (algo más, creo), con lo que la señora se ha puesto a rebuscar en su cartera y monedero, tratando de reunir toda esa pasta y, como está visto que no lo lograba, le ha dicho a su marido (o lo que fuese): "¿tienes 20 euros?".
El señor se ha quedado mirándolo en plan "creo que no voy a tener, pero voy a mirar por si acaso" y, bajo la atenta mirada de la cajera (y la mía, que soy un poco cotilla y necesito nutrirme de historias que alimenten este blog)... ¡¡¡ha sacado un billete de 200 euros!!! Qué fuerte. Yo pensaba que su existencia era parte de una historia urbana.
Me he quedado atónita, sin poder apartar la visión del amarillo billete y el hombrecillo poseedor del tesoro me ha sonreído, así que supongo que la sensación de tener la mandíbula desencajada y de estar sudando a mares por la sorpresa era real...
La cajera ha disimulado mejor que yo, todo hay que decirlo, pero la he visto un poco apurada intentando localizar el sitio correcto donde meterlo en la caja registradora (que como mucho tenía billetes de 50 euros)... tanto que al final lo ha doblado y lo ha escondido debajo de un fajo, a buen recaudo.
Han pagado, se han ido... y me han dejado a mí, con el corazón en un puño y pagando los 3´51 euros con la tarjeta de crédito... ¡es lo que tiene ser pobre!

31 de julio de 2008

¿Qué pasaría si fuese rica?

Ayer por la tarde estábamos dando una vuelta cuando al pasar por delante de una administración de lotería vimos un cartel en el que ponía: "bote: 17 millones de euros"... ¡¡eso son muchos millones!! Entonces, como es habitual en los humanos, nos pusimos a divagar sobre qué haríamos con ese dinero.
Fuera aparte de lo típico de "me compraría una casa enorme con piscina" (¿una?, con esa pasta me compro tres o cuatro), intentamos ir más allá: ¿cambiaríamos?, ¿seguiríamos teniendo los mismos gustos?, ¿o nos convertiríamos en esa gente rica que sale en la tele y que tiene hasta los tapones de la bañera de oro?
Yo sé que me montaría un taller de manualidades del copón (no descarto contratar a alguien para que lije las cosas... ¡¡es una lata!!) y que les compraría una casita a mis peluches donde estuviesen protegidos del polvo y no existiesen esos carteles estúpidos que hay en las jugueterías en los que pone "prohibido tocar" (¿cómo se puede comprar alguien un peluche sin achucharlo primero? es absurdo...). Pero la duda es, ¿seguiría buscando tiendas baratas de pegatinas?, ¿me compraría todos los peluches que me gusten sin tener que sacrificar darles un hogar por falta de sitio y dinero, que es lo que me pasa ahora?, ¿seguiría comprando los DVD de Disney en el "Media Market" porque son más baratos que en la "Disney Store"? Hacer todas esas cosas son parte de mí, al igual que tener un Clio que no puede correr mucho (nunca he superado los 100 km/h y no necesito más... aunque quizá me gustaría uno con aire acondicionado), un reloj de pulsera sin diamantes rosas incrustados en las manillas, y un móvil que no puede viajar al espacio él solo, contactar con los marcianos y volver a contarnos qué le han dicho.
Es fácil decir "yo seguiría siendo como ahora" pero... ¿de verdad nos gustaría seguir siendo pobres... pudiendo ser ricos?

30 de julio de 2008

Confesión.

Ayer me salté un semáforo en rojo. Sin querer, por supuesto.
Iba toda feliz conduciendo por una carretera relativamente conocida (hacía tiempo que no pasaba por allí) y, al salir de la rotonda vi el paso de cebra... pero no vi el semáforo. Cuando estaba atravesándolo descubrí la luz roja por el rabillo del ojo, mirándome inquisitiva, y escuche un "te acabas de saltar un semáforo"... ¡¡¡¡¡¡lo sientooooooooo!!!!!!
Hacía tiempo que no me sentía tan mal, de verdad. Creo que hubiese sido capaz de dar marcha atrás para pararme allí a esperar que se pusiese en verde... pero hubiese sido peor el remedio que la enfermedad.
Cierto es que no hubo ninguno peligro porque no regulaba ningún cruce, era uno de esos que "sólo" sirven para que los peatones crucen (y no había nadie, eso puedo asegurarlo)... ¡¡¡¡pero me lo salté!!!! Me auto-impuse un castigo (no me comí el helado italiano rico que íbamos a tomar con unos amigos) y pasé los siguientes 5 minutos diciendo en alto "perdón, perdón, perdón"... pero desde aquí reconozco mi error y prometo fustigarme con un látigo de cuero rosa y echarme vinagre con sal sobre la herida, para aprender la lección.
¡MEA CULPAAAAAAAAA!

25 de julio de 2008

Buscando el sol... que más quema.

Empecemos haciendo dos aclaraciones:
1ª A pesar de ser de Bilbo, y tal y como muchos de vosotros sabéis, vivo en Canarias.
2ª ¡¡No es verdad que no me gusta la playa!!
Ahora es cuando me explico.
Soy blanca... muy blanca. De hecho, me atrevería a decir que soy transparente (tanto que brillo en la oscuridad, como las pegatinas con forma de estrellita que tenía en el techo de mi antigua habitación). Y me quemo con nada. Da igual que me eche cremas de alta protección (incluso extrema), me esconda en las sombras de las palmeras o me entierre en la arena; la primera vez que estuve en esta isla acabé como un langostino a la parrilla... ¡¡y sólo por dar un paseo en la playa!! Y eso explica, entre otras razones, que la gente piense que no me gusta la playa... ¡¡porque nunca estoy dispuesta a ir a las horas que quieren ir!!
Mi marido y yo solemos ir al sur, a eso de las 5 de la tarde y a una playa enorme en la que no hay un paseo cerca donde se ponga la gente a mirar cómo se te marca el michelín (¿por qué nos da vergüenza que nos vean en ropa interior y tenemos que estar a gusto en bañador?, ¡¡¡pero si son más indiscretos todavía!!). Las cosas como son: para cuando llegamos la gente está levantando el campamento y ya no sientes que el sol te arranca la piel a tiras, pero es la única manera de no acabar como un camarón cocido. Si por mí fuera, me tiraría la vida metida en el agua o haciendo castillos de arena, en contra de lo que cualquier persona que me conoce diría. ¿Y la piscina? La última vez que estuve en un hotel con piscina salía del agua porque Antonio me "obligaba" para echarme crema, que sino podía estar todo el día dentro... y no estoy exagerando.
Así que no entiendo cómo la gente va a achicharrarse al sol a las 2 de la tarde y luego te ponen carita de pena cuando se abrasan... ¡yo se lo advertí! Una amiga mía, que según ella no se había quemado nunca, acabó con un bote de aftersun como mejor aliado... ¡pero sigue "enfadándose" conmigo porque no voy con ella a la playa a esas horas!
Hay cosas incomprensibles, y esta es una de ellas.
Así que, que quede claro: me gusta la playa, me encanta la piscina, mi capacidad para estar tumbada al sol sin hacer nada ronda los 15 minutos (como máximo)... ¡¡¡y nunca iré con vosotros a la playa!!! Mis michelines me lo prohíben.

16 de julio de 2008

Uno de esos días.

Hay días en los que te despiertas y cuando sacas un pie de la cama quisieras poder desaparecer. Sin embargo hay otros días en los que lo ves todo diferente; posiblemente no haya cambiado nada, ni tan siquiera el tiempo, pero la forma de ver las cosas pasa de ser negro azabache a gris... oscuro, pero gris.
Y hoy es uno de esos días. ¿Por qué? No lo sé. Quizá por la fuerza que me da mi pequeña Ixone o porque la gente que me quiere me demuestra que podré conseguirlo, sea como sea. Hace algo más de 5 años me aventuré en el mayor viaje de mi vida y fue un riesgo. Sabía que iba a salir bien. Lo sentía. Y así fue.
5 años más tarde voy a cometer una locura aún mayor... pero sé que va a salir bien. ¿Por qué? Por la gente que me quiere. Por la gente que me necesita (y a la que necesito). Por el futuro de mi niña. Y porque hay cosas que se saben. Sin razón aparente. Sin motivo alguno.
Mi vida va a cambiar. Y va a cambiar a mejor. Eso seguro.
Eskerrik asko, desde lo más profundo de mi corazón, a todos los que me estáis a ayudando a dar este paso. No podría hacerlo sin vosotros.

12 de julio de 2008

Sigo viva.

No me he ido de vacaciones.
No me han abducido los marcianos.
No me han secuestrados los carritos del supermercado.
Si estoy desaparecida es porque me están pasando muchas cosas a nivel personal y, tristemente, no son precisamente la alegría de la huerta.
Sé que los que leéis este blog lo hacéis para estar un rato entretenidos y, como hay situaciones a las que no se les puede buscar el lado cómico, últimamente no me siento con fuerzas (ni ganas) de ponerme frente al teclado y contaros nada.
Pero volveré. Prometido. No os olvidéis de mi, ¿vale?

29 de junio de 2008

La rebelión de los carritos.

Ayer comenzó el principio del fin. Lo que todos los humanos sabíamos que llegaría en algún momento y rezábamos porque no ocurriese en nuestra presencia... se hizo realidad. Y es que, delante de mis propios ojos, los carritos del supermercado comenzaron a apoderarse del mundo. Lo descubrí en el parking de un centro comercial al que acudo con bastante regularidad y en el que, en contra de lo habitual, había carritos por todas partes. No estaban en fila como siempre (atados con cadenas como si fuesen esclavos), sino ocupando plazas de aparcamiento, impidiendo la entrada a determinados carriles y alguno que otro desperdigado, como si fuese el vigía de la zona.
Y tuve miedo, mucho miedo porque, ¿qué pasaría si finalmente se revelasen contra nosotros? Razones no les faltan, desde luego. Están ahí, ansiosos porque alguno de nosotros lo adopte y le dé un hogar calentito y cariñoso... y nosotros sólo los utilizamos como mulas de carga, los abandonamos de nuevo a su cruel destino y, lo peor de todo, si están tullidos no los queremos; los apartamos cuando tienen el manillar roto, están demasiado mugrientos o se les tuerce alguna rueda hacia un lado... ¿pero por qué somos tan crueles?, ¿acaso pensamos que por ser de metal no tienen corazoncito?, ¿que por parecer cárceles con ruedas no tienen derecho a que se les quiera?, ¿que por ser un híbrido satánico entre cuna y cochecito de paseo no se merecen una vida digna?
Una vez escuché que ellos son el segundo vehículo de cuatro ruedas mas utilizado en el mundo... ¿qué vamos a hacer si desaparecen?, ¿por qué no somos capaces de apreciar su trabajo y su sacrificio? Porque nadie quiere pensar que el carrito al que están unidos por la cadena y que nosotros soltamos con un euro igual es su mamá, a la que no volverá a ver nunca más por nuestra culpa y que quizá por eso está triste, no va recto y se empotra contra las baldas...
Y es que los humanos no tenemos corazón.

19 de junio de 2008

¡¡¡¡Los encontré!!!

El los últimos años me he dedicado a recopilar las "series de nuestra infancia" y en las últimas Navidades di por terminado el trabajo... con una espinita clavada. A pesar de haber logrado unos 500 vídeos de series, dibujos animados, anuncios y programas míticos con los que crecimos los de mi generación (y alrededores) y, aún sabiendo que no estaban todas (mi memoria no da para más), siempre tuve la sensación de que , sin estos pequeños bichitos mi particular colección no estaba completa... y hoy, de manera absolutamente accidental... ¡¡los he localizado!!
Os presento a los "Nabucodonorcitos" (está en inglés, pero es que no consigo localizarlos en castellano), los diminutos habitantes de las macetas de Epi y Blas. Gracias a ellos las plantas de la casa de mi amama estaban llenas de casas hechas de "lego" y de "Pin&Pon"s.
¡¡Qué recuerdos!!

El tiempo de espera.

Desde que tengo este blog he descubierto que me molestan muchas más cosas de las que pensaba porque muchas de las entradas comienzan con un "hay cosas que me cabrean"... y esta es una de ellas.
Ayer fuimos al dentista a que torturasen un poquito a mi marido (¡¡pooooobre!!) y pasó lo de siempre: llegamos puntuales, incluso me atrevería a decir que con 5 minutos de antelación... ¡¡y no entramos en la consulta hasta 50 minutos después!! No lo entiendo: o estamos todos todos tontos o es que la gente no sabe interpretar los relojes (debieron de perderse ese capítulo de "Barrio Sésamo").
Por supuesto, tú no puedes llegar tarde; si lo haces te miran como si hubieses matado a alguien de la manera más cruel del mundo y te dicen que ya han pasado a alguien en tu hora y que tienes que esperar... ya... yo llego tarde la única vez en la vida en la que van puntuales... ¡¡qué causalidad!! Y es que es imposible ir al médico (de cualquier tipo) y entrar a la hora. Yo llegué a estar esperando a mi doctora 50 minutos porque llegué 3 minutos tarde... ¿pero qué tipo de venganza es esa?, ¿te graban con cámara oculta mientras te vas cabreando por segundos y la ven mientras se toman un café?, ¿tienen algún tipo de concurso en plan "vamos a ver a cuántos pacientes podemos cabrear hoy: el vencedor se lleva un crucero por el mediterráneo"). Sé que hay gente que pensará: la culpa no es de ellos, es de los que les dan citas cada 5 minutos... ¡¡¡pues que despidan a ese inepto!! Porque en 5 minutos no te da tiempo de sentarte en la silla, decirle al médico que te duele la garganta, que te la mire y que te dé un receta... ¡¡normal que vayan siempre tarde!!!

El gen machote.

Existe un gen en el cuerpo de los chicos: el gen machote. Llevaba tiempo sospechándolo pero esta semana he podido corroborar mi teoría gracias a la Eurocopa (o lo que sea eso que hace que haya fútbol en la tele día sí, día también).
Normalmente cuesta apreciarlo porque al 99% de los tíos les gusta el fútbol.. es una realidad indiscutible. Pero siempre hay excepciones y, en esos casos, es cuando actúa el gen: da igual que el individuo en cuestión nunca vea fútbol, que no se entere de si el equipo de su ciudad está en primera o en segunda (¿por qué hay segunda A y segunda B en vez de tercera y cuarta?), que se la traiga bastante floja los fichajes al comienzo de la Liga o que no le traumatice que un jugador se cambie de equipo... siempre que haya un partido en al tele te mirará y te dirá "déjalo un momento, a ver cómo van". Es altamente probable que no sepa quién está jugando, si el partido es amistoso o la final de algo o si ha oído hablar alguna vez de los equipos, la cuestión es que el gen machote se activará y le dejará pegado a la pantalla durante, como mínimo, 10 segundo.
Y todo esto me lleva a pensar... ¿existirá una versión femenina de ese gen?, ¿estaré yo también afectada por ella?, ¿será por eso que siempre que pillo patinaje artístico en la tele lo dejo?
Qué miedo.

15 de junio de 2008

Jajajajajajaja...

Curioseando (qué raro) por el "Menéame" he encontrado esta entrada que me ha hecho morirme de risa. Quizá a algunas personas pueda resultarles demasiado salvaje pero... ¡¡a mí me ha parecido buenísima!!
Sólo espero que cuando nazca mi ñajito nadie tenga que recurrir a ninguna de estas frases...

8 de junio de 2008

Mi cara de buena.

Creo recordar que alguna vez os he hablado de que soy como una especie de imán andante para los testigos de Jehová, las señoras que te quieren salvar del demonio ("¡la juventud de hoy en día es la reencarnación de Satanás!") y todo tipo de personajes que "atacan" a la gente por la calle... y es curioso, porque es algo que no termino de comprender.
Por lo general estoy en mi mundo: soy capaz de ir por la calle totalmente abstraída, pensando en mis cosas y no enterarme de nada de lo que ocurre a mi alrededor (todavía no sé por qué nunca me ha atropellado en un coche); es herencia paterna, porque mi aita es igualito. Una vez bajó a buscarme en unos Carnavales porque me había "perdido"; bueno, pues se cruzó conmigo (y vuelvo a repetir que me estaba buscando) y no me vio (¿te acuerdas de ese día, aita?).
Y el otro día me volvió a pasar... al salir del médico. Iba cargada con una caja bastante grande, un libro de 600 páginas, una bolsa llena de cosas de la farmacia (lugar donde me confundieron con un comercial de cremas para el cuerpo... pero esa es otra historia) y un montón de papeles más. Todo esto lo llevaba en el brazo bueno claro, porque el malo es bastante inútil y más a la hora de cargar pesos. La cuestión es que, frente a mi, había un taxi parado con una señora de unos 800 años delante de él. Estaba hecha un cromo, la verdad. Parecía a punto de sufrir un infarto o algo peor. Y, por supuesto, a pesar de que había gente a mi alrededor y que estábamos a la puerta de un ambulatorio lleno de celadores... ¿a quién se le quedó mirando? ¡¡¡a mí!!, ¡¡cómo no!! Empezó a balbucear contra la seguridad social porque no le ponían una ambulancia para ir al médico y, aprovechando que estaba bastante apabullada por la situación... ahí que se me colgó del brazo malo para que la ayudase a subir unas 30 escaleras.
Y no, no fue un gran plan. Porque cargar con un sólo brazo unos 8 kilos de cosas ya es una tarea bastante poco agradable, pero que además una viejecilla se cuelgue de mi brazo malo y haga fuerza en él cada vez que subía un escalón, fue de todo menos divertido.
Pero ahí estaba yo, a modo de bastón humano, esquivando a la gente que bajaba a toda velocidad para que no empujasen a mi nueva "amiga" (y a mí con ella, que tonta no soy) y dándole las gracias a una celador que me abrió al puerta... ¡¡manda huevos!!
Conseguí dejarla sentada en una silla (y sentarla fue complicado, muy complicado) y, tras explicarle en 300 idiomas que tenía que irme y que no podía quedarme con ella toda la mañana, salí despavorida, no sin antes tener que aguantar que el celador que "tan amablemente" me había abierto la puerta me dijera "¡pensé que venía con ella!, sino la hubiese ayudado a subir!".
Y es que estas cosas sólo me pasan a mí, porque estoy convencida de que si pongo un circo no sólo me crecen los enanos, sino que las pulgas se fugan con los elefantes, los acróbatas se parten la crisma y los payasos pillan una depresión.

4 de junio de 2008

La maldición de la tostada.

Todos conocemos leyendas urbanas y mitos difíciles de creer... pero en mi vida, al menos desde que tengo uso de razón, ha existido una maldición: la de la tostada. Pero hoy es un gran día, porque he sido valiente, he reunido todas las fuerzas que tenía por ahí escondidas (incluso la que se ocultaba en la punta del calcetín) y he sido capaz de hacerle frente... ¡¡y vencer!!
Pero vayamos al principio. La maldición de la tostada comenzó muchos años atrás, la primera vez que mi ama hizo tostadas de carnaval (en carnaval, lógicamente). Aunque mi hermano y yo éramos un poco repelentes (en lo que a alimentación se refiere, por supuesto) y sólo nos comíamos los bordes (y las zonas donde se apretujaba la canela, que es lo más rico de todo), las tostadas desaparecían a la velocidad del rayo, casi sin tiempo para dejarlas enfriar y meterlas a la nevera... menos una.
Siempre quedaba una en el plato. Triste. Solitaria. Acomplejada pensando que la culpa era de no tener suficiente canela o demasiado azúcar. Traumatizada por no comprender por qué devorábamos a sus hermanas y sin embargo no nos acercábamos a ella. Nunca encontré una explicación razonable: quizá era vergüenza por comernos la última, vagancia por tener que llevar el plato (ya vacío) hasta la fregadera o, sencillamente, una vertiente más del instinto natural que me impide tomarme el último sorbito del cola-cao. Finalmente, con el paso del tiempo, desaparecía (siempre fue un misterio su destino final).
Con los años he comprobado que la maldición, lejos de desaparecer, ha ido conquistando nuevos terrenos: la última rebanada del pan Bimbo, el último trozo de bizcocho de limón (esto sólo pasa si mi kuñau no anda cerca), la última galleta "príncipe de Beukelaer"... y el último morenito.
Por si alguien no sabe qué es un morenito (cosa que espero no pase, porque son una de las delicias de la tierra... junto a los gusanitos Rufinos), explicaré que se trata de una especie de galleta cubierta de chocolate (está mucho más rico de lo que suena) que fue alimento básico durante mi infancia y que deberían probar todos los seres humanos.
En Canarias, por algún motivo maquiavélico que no alcanzo a comprender, no venden, así que cuando voy a Bilbo me traigo un cargamento completo que distribuyo en el congelador, en los armarios de la cocina... y en la mesilla de noche, por si me entra la neura a las 4 de la mañana.
Bueno, pues de todos los que traje en Navidad... sólo quedaba uno, como no podía ser de otra manera. Estaba en la balda superior del congelador, expectante cada vez que se abría la puerta y mandándome mensajes telepáticos a todas horas.
Y hoy, guiada por el ñajito y por la acuciante necesidad de comer chocolate... me lo he comido. He sido capaz de comerme el último morenito... aún sabiendo que no puedo conseguir ninguno más, que aquí no venden, que tendré que esperar a que algún alma caritativa me mande un cargamento (¡¡¡amatxuuuuu!!!)... pero me siento poderosa, porque me he enfrentado a la maldición yo solita y he salido vencedora... ¡¡ahora sólo falta que llegue Carnaval para hacer tostadas y comerme la última!!