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3 de septiembre de 2008

Tipos de recuerdos.

Comencemos esta entrada diciendo que el otro día me quedé pasmada ante dos descubrimientos: 1) he estado en la plaza de toros de Bilbo (esa que no sé ni situar en el mapa) y 2) ¡¡he estado en un concierto de Mecano!! Actividades que parece ser llevé a cabo al unísono... vamos, que les vi en concierto en la plaza de toros.
No es que me avergüence de este último hecho, para nada, siempre he considerado que es un gran grupo y ahora entiendo por qué en su momento pedí que me regalaran una cinta (que seguro que todavía está en algún rincón de la casa de mi ama); pero resulta desconcertante que alguien te hable de cosas que has vivido y a las que eres totalmente ajeno... vamos, que te las crees porque no te quema más remedio y porque quien te lo cuenta es de confianza.
Y todo ello (eso y que tengo mucho tiempo libre) me ha hecho reflexionar sobre el tipo de recuerdos que existen en el mundo (independientemente de que sean buenos o malos).

* TIPO 1: Los de verdad.

Son esos recuerdos reales de los que nos acordamos sin tener que recurrir a terapias intensivas con psicólogos en potencian que tratan de desbloquear algún tipo de trauma para creer que se han ganado su sueldo.

* TIPO 2: Los de mentira.

También conocidos como películas mentales. Son más recurrentes durante la infancia ("el año pasado, estando de vacaciones, vi un dragón bañándose en la playa y nos hicimos amigos") y la adolescencia ("que sí tía, que el año pasado me lié con el tío super bueno de clase... osea te lo juro por Snoopy...").

* TIPO 3: Los de "¿¿¡¡¡pero cómo no te vas a acordar!!!??".

En estos mi ama tiene un master. Creo que lo más sencillo es recurrir a un ejemplo para explicar en qué consisten.

- Ama: ¿Te acuerdas de cuando estuvimos en Granada?
- Yo: ... eeeehhhhhh... No.
- Ama: Que sí mujer, que lo pasaste muy bien.
- Yo: Ya, ¿ eso en qué año fue?
- Ama: Déjame pensar... pues en el verano del 81.
- Yo: Ama, nací en el 80... estuve en Granada con año y medio...
- Ama: ¡¡¡Pero cómo no te vas a acordar con la buena memoria que tú tienes!!!

En estos casos lo mejor es recurrir al siempre útil "oye, pues ahora que lo dices sí que me acuerdo", porque si lo niegas te bombardean con más datos que por supuesto tienes que tener grabados a fuego vivo en tu cerebro... aunque pasaran cuando todavía ibas dentro del cochecito de capota.

* TIPO 4 (los peores de todos): Los que son reales pero como sólo tú los recuerdas, se empeñan en decirte que son mentira.

Estos me tienen totalmente traumatizada. Yo tengo buena memoria (a veces me doy miedo a mí misma de lo precisa que puedo llegar a ser), así que cuando sé que algo pasó y me lo niegan... ¡¡¡me cabreo mucho!!! Una vez más, recurramos a un ejemplo (un trauma infantil que me acompañó hasta los 17 años).
Resulta que cuando era pequeña me quedé encerrada con una amiga en la habitación de mi hermano. Posiblemente no fue nada grabe, pero yo lo recuerdo con todo lujo de detalles: la puerta blanca, a mi amiga y a mí sentadas en la cama esperando que alguien la tirase abajo y a la gente al otro lado diciéndonos que no pasaba nada y que en poco tiempo nos iban a sacar.
Bueno, pues eso, QUE ES ABSOLUTAMENTE CIERTO, me lo estuvieron negando hasta los 17 años. Siempre me decían que no lo recordaban y, por tanto, que no había pasado (¡cómo no!); hasta que un día, el año que cumplí 16+1 (no me preguntéis por qué, pero no me gustaba decir 17... tonterías adolescentes), me reencontré con la amiga que había estado conmigo en esa situación... ¡¡¡y ella también se acordaba!!! Siempre le habían dicho que no... ¡¡¡pero por fin teníamos la prueba definitiva!!! De modo que me armé de paciencia y, sentada frente a mi madre, la interrogué hasta que lo reconoció. Fue como ganar una gran batalla, me sentí la reina del mundo. No me había vuelto loca. No me inventaba cosas (parece ser que era la habitación de mi hermano pero en una casa de veraneo... detalles insignificantes). Los que tenían mala memoria eran ellos.
Como este ejemplo, hay muchos más. Y es que los adultos (yo no seré uno de ellos hasta que cumpla... no sé, 120 años) son malos y tratan de borrar los recuerdos ajenos intentando ocultar que su memoria falla.
Por eso quiero hacer un llamamiento desde aquí a todos los recuerdos frustrados, semiolvidados y negados del mundo... ¡¡uníos y mostraos al mundo!!

19 de junio de 2008

¡¡¡¡Los encontré!!!

El los últimos años me he dedicado a recopilar las "series de nuestra infancia" y en las últimas Navidades di por terminado el trabajo... con una espinita clavada. A pesar de haber logrado unos 500 vídeos de series, dibujos animados, anuncios y programas míticos con los que crecimos los de mi generación (y alrededores) y, aún sabiendo que no estaban todas (mi memoria no da para más), siempre tuve la sensación de que , sin estos pequeños bichitos mi particular colección no estaba completa... y hoy, de manera absolutamente accidental... ¡¡los he localizado!!
Os presento a los "Nabucodonorcitos" (está en inglés, pero es que no consigo localizarlos en castellano), los diminutos habitantes de las macetas de Epi y Blas. Gracias a ellos las plantas de la casa de mi amama estaban llenas de casas hechas de "lego" y de "Pin&Pon"s.
¡¡Qué recuerdos!!

2 de abril de 2008

Mi cabeza de chorlito ataca de nuevo...

... y es que es normal si el despertador empieza sonar, cual animal poseído por el demonio y con un ataque de artritis super doloroso, a las 6:50 de la madrugada... ¿a dónde iba yo a esas horas? Ese dato está protegido por secreto de sumario... jejejeje...
Esta vez no me he dejado la cartera. Ni la radio del coche. Ni el libro. Ni los papeles que tenía que llevar... me he dejado el móvil... ¡¡el móvil!! Y ha sido aún más doloroso que dejarme la cartera, en serio.
Vale, he podido sacar el coche del parking pero... ¡¡¡no tenía móvil!!!, ¡¡¡ni hora!!! (mi aita me regaló un reloj precioso en la Navidad de hace dos años... y es tan bonito que me da miedo que se estropee, así que lo dejo en la balda del baño el 99% de los casos... y cuando me lo pongo acaba metido en el bolso, no vaya a ser que se raye... lo sé, no tengo remedio...). Se me han ocurrido millones de fotos que sacar (y eso que casi nunca uso la cámara), tropecientos mensajes que enviar y doscientas llamadas que hacer... ¡¡¡pero no tenía móvil!!!
¿Cómo pude sobrevivir los primeros 20 años de mi vida sin móvil?, ¿cómo podía pasar sin llamar a la gente en el momento en el que me pasaba algo?, ¿cómo podía llevar a diario un reloj de pulsera porque no tenía un móvil con hora dentro del bolso?, ¿cómo era el mundo sin personas "hablando solas" por la calle?, ¿cómo me entretenía sin jueguecitos y mensajes viejos que revisar en la cola del super o esperando al bus?
Es todo un misterio.
Por eso, desde aquí, quiero hacer un homenaje a mi primer móvil. No recuerdo la marca... ni el modelo (no es algo raro en mi... tras la primera clase práctica del carnet de conducir, el único dato técnico que era capaz de dar sobre el coche era "es gris"). Pero sé que era verde, cuadrado, con antena y con un tono de llamada que desquiciaba a todos los que me rodeaban. Y que los mensajes salían poco a poco en la parte inferior de la pantalla (como lo que hacen ahora en las noticias de la tele... ni que hubiesen inventado nada nuevo...). Y que la pantalla era en blanco y negro, con una lucecilla anaranajda de fondo.
No tenía juegos, ni era capaz de almacenar tantos datos como para abrumar a cualquier ordenador con más de 2 años de antigüedad... pero fue mi primer móvil... y con él viví grandes aventuras.
Cada vez que escucho aquel tono de llamada, que era similar al alarido de un millón de crías de escarabajo pelotero cantando una sonata a la luz de las velas sabiendo que van a morir aplastadas en la siguiente milésima de segundo, me da un vuelco al corazón. Y es que me acuerdo de él... ¡¡¡larga vida al recuerdo de nuestro primer móvil!!

P.D. Ahora tengo un Nokia negro... no es que se haya portado mal conmigo pero... ¡¡odio los Nokia!!
2ª P.D. Después de mucho cachondeo pro parte de mi familia, averigüé que el coche de las prácticas era un Nissan Almera... creo que mi profesor aún no se ha recuperado del ataque de risa que le entró cuando le pregunté qué coche era...
3ª P.D. La cuenta atrás continúa... sólo faltan 4 días...

18 de marzo de 2008

Mi cabeza de chorlito.

Mi maridito se ha puesto malo... parece ser que los puentes le dan alergia... porque él no pide días libres para poder cogerse unas mini-vacaciones como todo el mundo... no, prefiere dar cobijo a todos los virus de la isla en su interior y pasar la Semana Santa con 40 de fiebre y en estado comatoso tirado en el sofá... ya ves, cada cual tiene sus manías...
La cuestión es que esta situación ha traído efectos colaterales... y el más destacable ha sido mi excursión mañanera a su oficina para abrir la puerta, porque sino uno de sus compañeros se iba a quedar tirado en la calle casi una hora y no era plan (lo sé, soy super maja... jejejeje...).
Despertarse a horas inhóspitas de la madrugada no es sano, eso lo sabéis todos, y en mi persona causa extraños comportamientos... como dejarme la cartera en casa.
Me he acordado de las llaves de la oficina, de coger un libro por si estaba mucho tiempo esperando, de la radio del coche, del prospecto de las drogas duras para Antonio para comprarlas en la farmacia... pero se me ha olvidado la cartera. ¿Cuando lo he descubierto? Cuando he ido a guardar en ella el tiquet del parking. Ha sido muy divertido: aparco el coche y descubro que tengo en el bolso, exactamente, 40 céntimos.
¡¡¡¡Aaaaaahhhhh!!!!
No puedo sacar el coche para ir a casa a coger dinero... porque no puedo pagar el parking. No puedo coger el bus para ir a casa a por la cartera porque, como no la tengo, tampoco tengo dinero para el bus... Cosas que puedo hacer: ponerme en un portal con cara de pobrecita de mí y tratar de pedir limosna... ponerme a cantar en mitad de la calle para ver si alguien me tira tomates y venderlos... o pedirle dinero al pobre Mario (el chico al que tenía que abrir la puerta), que me habrá visto como mucho una vez en su vida. Vamos, un gran plan. Aunque claro, tengo la ventaja de que le voy a caer super bien porque le he abierto la puerta de la oficina...
Así que he subido, he estado un rato sentada en las escaleras hasta que ha llegado y nos hemos pegado con la cerradura de la puerta y, con más morro que otra cosa, le he pedido dinero. Así, sin más. Si eso no es mendigar, lo demás son tonterías.
Y Mario, que es un encanto (peloteo aparte... jejeje...), me ha solucionado la vida con una preciosa moneda de 2 euros (hay que decir a su favor que quería darme más, pero no "le he dejado").
Pero lo mejor de todo ha sido que, cuando he ido a pagar el tiquet... ¡¡eran 35 céntimos!! Si es que estas cosas sólo me pasan a mí.
De todos modos: gracias Mario, prometo devolverte el dinero con intereses :)