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6 de agosto de 2008

He visto uno...

Todavía no me he recuperado de la impresión, pero puedo afirmar que... ¡¡los billetes de 200 euros existen!! He visto uno en el supermercado esta mañana... ooooohhhhh...
He ido ha comprar una barra de pan y algo para comer y, en la cola, delante de mí, había una pareja de unos 70 años (aunque a saber qué edad tendrían en realidad, porque siempre he sido malísima calculando años) con un carro repleto de cosas. Después de pasar todo por la caja y de tirarse como siete años y medio metiéndolo en bolsas, la cajera les ha dicho que eran 17o euros (algo más, creo), con lo que la señora se ha puesto a rebuscar en su cartera y monedero, tratando de reunir toda esa pasta y, como está visto que no lo lograba, le ha dicho a su marido (o lo que fuese): "¿tienes 20 euros?".
El señor se ha quedado mirándolo en plan "creo que no voy a tener, pero voy a mirar por si acaso" y, bajo la atenta mirada de la cajera (y la mía, que soy un poco cotilla y necesito nutrirme de historias que alimenten este blog)... ¡¡¡ha sacado un billete de 200 euros!!! Qué fuerte. Yo pensaba que su existencia era parte de una historia urbana.
Me he quedado atónita, sin poder apartar la visión del amarillo billete y el hombrecillo poseedor del tesoro me ha sonreído, así que supongo que la sensación de tener la mandíbula desencajada y de estar sudando a mares por la sorpresa era real...
La cajera ha disimulado mejor que yo, todo hay que decirlo, pero la he visto un poco apurada intentando localizar el sitio correcto donde meterlo en la caja registradora (que como mucho tenía billetes de 50 euros)... tanto que al final lo ha doblado y lo ha escondido debajo de un fajo, a buen recaudo.
Han pagado, se han ido... y me han dejado a mí, con el corazón en un puño y pagando los 3´51 euros con la tarjeta de crédito... ¡es lo que tiene ser pobre!

17 de abril de 2007

¿Mito o realidad? Sea como sea... ¡¡¡¡¡aaaahhhh!!!!!

Ayer me contaron una historia. Parece ser que una mujer tenía una serpiente como mascota. Un día, la serpiente dejó de comer y su dueña empezó a preocuparse. Trató de buscarle otro tipo de alimento que pudiera gustarle más, pero no había manera. Así que decidió llevarla al veterinario, quien le hizo un chequeo completo (¿cómo se le hace eso a una serpiente?) y, tras comprobar que el animalito estaba en buen estado de salud, pidió a la mujer que le contase los hábitos de la serpiente y si había notado algún cambio en ellos.
Empezó a contarle cómo pasaba el día su mascota y le dijo que la única diferencia que había percibido, era que ya no dormía donde antes. El veterinario, intrigado, le pidió más detalles. Por lo visto, la encantadora serpiente dormía habitualmente en la cama de su dueña, enrollada en sus piernas; pero desde hacía unas semanas había empezado a hacerlo a su lado, estirada a lo largo de su espalda.
El veterinario, perplejo por la naturalidad con que la mujer lo contaba, encontró sentido a todo y ordenó a su clienta que se deshiciese del animal en ese mismo instante. La razón era contundente: el animal había dejado de comer y había empezado a dormir a su lado, sencillamente, porque planeaba comérsela.
¿Verdad?, ¿mentira?... ¿por qué no tenía un gato, como cualquier persona normal?