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27 de febrero de 2010

No ha habido feeling.

Ayer por la tarde estuve en una tienda de azulejos para ver si elegía los del baño y la cocina... menuda experiencia.
El sitio era bastante grande y, como no podía ser de otra manera, estaba lleno a rabiar de baldosas de todos los estilo imaginables: modernas, antiguas, clásicas, grandes, pequeñas... Todo un mundo donde buscar y rebuscar hasta que te vuelves loco y te saturas, con lo que te vas a tu casa hecho un lío y con una comedura de tarro intensa... ¡¡vanos a ello!!
Una señora de la tienda se ofreció amablemente a orientarme en la búsqueda... y no tuvimos nada de feeling. Pero nada de nada. Supongo que por tres razones principalmente:
* Si había dos modelos super parecidos, el más caro siempre era mucho mejor; ¡¡faltaría más!!
* No me escuchó en ningún momento: intenté enseñarle fotos de cosas que me inspiraban y hablarle de mis ideas, pero ella se empeñaba en ir a lo suyo y sólo escuchaba a su compañera, que tenía exactamente la misma visión que ella y a la que sólo le faltaba hacerle la ola cada vez que hablaba.
* La frase "eso no está de moda"... ¡¡¡aaaahhhhhhh!!! Hasta se me subían los colores del cabreo cada vez que lo decía... ¡¡¡me da igual que no esté de modaaaaaaaaaaaaa!!! La que va a tener el baño en su casa soy yo, no una revista de tendencias.
Con todo eso, y después de una semi-discusión porque se me pasó por la imaginación (qué ocurrencia la mía) decirle que para el suelo quería azulejos que no resbalen ("¡¡eso no existe!!, ¡¡tendrías que poner lija en el suelo!!, ¡¡la culpa de que resbale es el jabón, porque sólo hay que limpiarlos con agua caliente!!, ¡¡te vas a quemar en el infierno por pretender no matarte si cae media gota de agua al sueloooo!!"), acabé agotada y con las ideas muy poco claras.
Y así estoy hoy, buscando ideas por Internet (parece ser que mi concepto de "baño pequeño" no es el mismo que el del resto del mundo), haciendo garabatos en el "cuaderno de las reformas" y tratando de olvidar los precios del Leroy Merlin, porque sino le van a dar bastante por saco a la dichosa tienda de ayer.
P.D. Había una sección de azulejos de 15x15 que valían 190 euros el metro cuadrado. Sí, 190 euros, no he puesto un cero de más por equivocación. Bueno, también había otros del mismo tamaño que sólo valían 10 euros... ¡¡la pieza!! Vamos, que por muy pequeño que sea mi baño, creo que alicatarlo con ellos me costaría más de lo que he pagado por la casa completa... ¡¡y sólo son azulejos!!

21 de febrero de 2010

Las tiendas de cocinas.

Las tiendas de cocinas son todo un mundo: tú entras emocionada pensando en lo bonita que va a ser tu futura cocina... y puedes llegar a salir desesperada pensando que eres la persona más rácana sobre la faz de la tierra y que careces por completo de gusto y de sentido común.
Cierto es que dispongo de un presupuesto algo limitado (más quisiera yo no tener andar preguntando el precio de todo, hasta de los tiradores de las puertas) y que quiero un frigorífico americano que es enorme, que aquí no se estila y que le rompe los esquemas a todo el mundo, pero creo que tampoco hay que ser tan cuadriculado, y menos con alguien que es un posible cliente y que se va a gastar unos 6.000 euros en tu tienda, ¿no?

* Tienda 1: "el microondas no queda bien... así que no te lo pongo".

Porque yo lo valgo. Tú le hablas de tus gustos y necesidades y ellos te ponen lo que les sale de las narices. ¿Por qué? Porque sí. Sin más. Yo no tengo la culpa de que mi microondas, al que quiero y adoro porque lleva muchos años conmigo y hace unas alitas de pollo super ricas, sea un poco culón. Cada uno es como es, ¿no? Pues a la señora de la tienda de cocinas le pareció fatal y decidió que, como no podía ponerlo donde ella quería, no se ponía y ya está.
Del frigorífico ni hablamos, claro. Después de mirarme como las vacas al tren e insinuar que me había vuelto loca por querer meter semejante mole en una cocina "grande, pero no tanto", se resignó y lo metió en el diseño. No le quedó más remedio.

* Tienda 2: "el diseño más feo que he visto en mi vida".

Sin entrar en detalles sobre el microondas, que nuevamente fue motivo de disputa (¡¡que no, que no me voy a comprar otroooo!!) y que acabó colocado en un sitio de lo más extraño y antiestético, ch una cocina fea de narices. Pero hasta límites insospechados, ¿eh? Y mira que en apariencia son todas iguales (o parecidas). Pues esta no. Esta era horrible. No sé si era por los colores, por la distribución o por una mezcla de ambas cosas, pero es que era tan fea que daba la sensación de estar vacilándonos.
Y con el frigorífico más de lo mismo. Según la chica todo eran inconvenientes... mira guapa, no me vendas la moto que he tenido uno durante 5 años y es el mejor invento del mundo. Me da igual tú opinión.

* Tienda 3: "yo a mis clientes nunca les pongo nada que no sea carísimo".

Mira que entré en la tienda con la sospecha de que iba a ser todo carísimo... y acerté, pero no dejó de sorprenderme. Soy pobre, qué le voy a hacer. Y me ofenden frases del estilo: "yo pongo todo en una gama alta porque ya si quieres que sea todo barato y malo hay tiempo para cambiarlo". Las puertas cumplen su función, cueste 20 euros o 300. Que yo sepa por muy cara que sea la cocina no hace la comida sola, ni barre de manera automática ni nada por el estilo.
El diseño... bueno, ¿cual de los dos?
a) Lo que yo le pedí: electrodomésticos blancos a la vista, que son más baratos y funcionan igual de bien que los otros; una encimera normalita, que tampoco es que sea regalada; muebles de color naranja, porque siempre he querido tener una cocina naranja y soy yo la que la va a pagar; y mi extraño microondas y su amigo le mega frigorífico.
b) Lo que a ella le gustaría hacerme: una cocina blanca inmaculada con una puerta verde (podía haber disimulado y ponerla naranja, ¿no?), electrodomésticos ocultos, una encimera super cara y, cómo no, un frigo normal. ¡¡¡¡Que me voy a comprar uno americano os guste o noooooo!!!! Parecía sacada de un híbrido entre catálogo de cocinas y una arielita. Y creo que se dio cuenta de que su diseño no era mi estilo... más que nada por la cara de idiota que se me debió de quedar al verlo.

* Tienda 4: "por favor por favor por favor... sólo quiero que me escuches".

Casi mi última esperanza antes de quedar absolutamente traumatizada con el tema cocina (que dios me de fuerzas para enfrentarme al tema baño). Me atendió una chica simpática que... ¡¡me escuchó!! Puso cara rara con lo del frigorífico (pero luego me dijo que le parecía estupendo y que ella se compraría uno si tuviera sitio donde meterlo) y anotó las medidas del microondas sin rechistar. Bien empezamos. No me repitió hasta la saciedad que hoy por hoy no se llevan nada las cocinas naranjas (cosa que, sinceramente, me la trae bastante al pairo); estuvo de acuerdo conmigo en que, aunque los metalizados sean más bonitos, los electrodomésticos blancos son mucho más rentables; y no tuvimos que discutir sobre el grosor de la encimera.
Vamos, que salí encantada... y lo estuve aún más cuando un par de días más tarde me enseñó el diseño... del que os hablaré en el siguiente post, que va para largo.

¡¡¡Por fin tengo tienda de cocina fichadaaaaaa!!!

P.D. Por si a alguien le extraña que no me haya ido directamente a Ikea... fui. Y flipe. Y me encantó (estética y, sobre todo, precio). Pero mi cocina nueva tiene una columna a la altura de los fuegos y, al no tener armarios a medida, no terminaba de cuadrar bien. Con todo el dolor de mi alma, queda descartada :(

19 de febrero de 2010

Me llamo Naiara y soy adicta a las reformas.

O eso es, al menos, lo que debe de pensar parte de mi familia y los gremios que hace poco más de un año me reformaron la casa y a los que he vuelto a contratar para reformar... ¡¡mi casa nueva!!
Vale, todavía no es legalmente mía (por la señal que he dado creo que sólo me pertenece el felpudo y la manilla de la puerta), pero yo la siento como si lo fuera.
Y es que mis vecinos "han ganado", qué se le va a hacer. Hemos decidido que, o nos medicamos, o directamente los matamos a ellos... y como no estamos por la labor de que nuestra hija crezca viendo a sus padres entre rejas, poco después de Año Nuevo nos volvimos locos y pusimos la casa a la venta.
En dos semanas estaba vendida.
En dos semanas habíamos encontrado una casa para nosotros. Más grande. Más luminosa. En mejor calle (del mismo barrio). Y con un feeling que te mueres. Tanto, que Ixone se pone super contenta cada vez que está dentro. Esta niña mía es muy lista.
Y ahora toca la guerra... de nuevo. Vale que esta vez no estoy embarazada de 8 meses, pero tengo un bebé de 13 meses que no se puede ir a vivir debajo de un puente, así que ya he empezado a meter presión a los obreros... ¡¡tenéis mes y medio para hacer todoooooooo!!
Qué estrés. Qué locura. Todo sea por mi salud mental... y por la de mi familia.
Informaré de la reforma, de la extraña experiencia de enfrentarse a todo el mundo por un frigorífico y de todas esas cosas que acarrean las reformas... ¡¡viva el caos!!

P.D. Después de casi un año... ¡¡he vuelto!!

2 de mayo de 2009

Mis queridos vecinos.

Mis queridos vecinos, que acostáis a vuestros pequeños gemelos de dos años a las 11 de la noche en los días "normales" y más tarde de las 12 en los fines de semana y festivos.
Mis queridos vecinos, que dejáis vuestras cosas en el rellano de la escalera como si fuese parte de vuestra casa y no una zona común en la que no debería haber nada.
Mis queridos vecinos, que hacéis fiestas en vuestra casa de 40 metros cuadrados invitando a toda la familia y haciendo partícipes (involuntarios, por supuesto) de vuestras celebraciones al resto de los que vivimos en vuestro mismo edificio.
Mis queridos vecinos, que pasáis la aspiradora a las 10 de la noche aún sabiendo que el suelo de la casa es de madera y molestáis a todo el mundo.
Mis queridos vecinos, que despertáis a mi pobre hijita por culpa de vuestros ruidos y brusquedades.
Mis queridos vecinos, que parece que participáis a diario en una competición de portazos.
Mis queridos vecinos, que no sentís respeto por nada ni por nadie. Que sois motivo de mis más profundos y malvados pensamientos. Que inspiráis maldades diversas en mí.
Mis queridos vecinos... algún día venderé esta casa (o la alquilaré) y buscaré a un nuevo inquilino ruidoso, sucio y maleducado para que os haga companía. Para que os sintáis como en casa. Para que, en definitiva, viváis con gente de vuestra calaña.
Mis queridos vecinos...

16 de noviembre de 2008

Reformar o no reformar... he ahí la cuestión.

Finalmente... ¡me compré la casa! Así que ya soy propietaria, ¡cómo mola! El día que firmas las escrituras, te arruinas y te dan las llaves te sientes como raro... al menos a mí me pasó. Vas a tu casa, que aún tiene una pequeña parte de los inquilinos anteriores (en mi caso esa pequeña parte eran pelusas del tamaño de un diplodocus) mirando cada rincón y tratando de imaginar tu vida allí dentro... pero primero hay que pasar por la temida fase de ¡¡¡las reformas!!!
Miedo, mucho miedo. Pero de perdidos al río, qué carajo.
Después de tantear un par de empresas y decidirme por una en concreto (conocidos de mi aita... si es que la confianza da asco... ¡el electricista me conoce desde que era cría!), llega el momento de ponerse serios, poner cara de poquer y, con una mano sobre la tripa y la otra estrujando el ciático a ver si deja de molestar un ratito, hacerles saber que no tienes tiempo para tonterías y que, al menos en tu caso, es estrictamente necesaria una fecha de fin inamovible. Y es que a nadie le gusta cabrear a una embarazada, eso está claro.
Así que te compras la casa, tu casa... y pagas a alguien para que te la destroce... también son ganas la verdad. Si es que parezco masoca. En estas dos últimas semanas me han tirado dos tabiques, han hecho agujeros en las paredes y me han llenado los marcos de las puertas de chorretones de cemento... ¡¡y encima me cobran!! Y ahora "sólo" falta que me levanten el suelo completamente para ponerlo nuevo... vamos, que los vecinos tienen que estar encantados con los nuevos inquilinos... jejejejeje...
Aparte de eso (y de haber visto medio desnudo a uno de los obreros... ¡pero fue sin querer!), todo va bien. Estamos dentro de fechas y, con suerte, en dos semanitas ya estará todo terminado... ¡prometo seguir informando!

27 de octubre de 2008

Buscando casa (capítulo 5).

* Casa 12: "¿dónde está el truco?".

Segundo piso con ascensor. Cocina y baño reformados. Ventanas nuevas. Calefacción de bajo consumo. Buen barrio. Al lado de dos parques. Precio sorprendente (lo que no significa que sea bajo, ¿eh? Aunque para lo que se ve por ahí...). Cuando me llamaron de la inmobiliaria, obviamente pensé que había gato encerrado y fui a verlo en actitud bastante escéptica... hasta que entré y vi que era todo cierto. Una cocina enorme, nueva y totalmente equipada (¡¡con lavavajillas!!). Un baño no muy grande pero reformado, con ducha y grifos tan fashion que voy a tener que hacer un master para saber utilizarlos. Sala y dos dormitorios. ¿El truco? Los dueños tienen que vender el piso por narices y lo acaban de bajar un 20%. En definitiva: piden por él lo que les costó a ellos... hace cinco años.
Veredicto: ¡¡¡me lo quedooooooo!!!
Continuará...

Buscando casa (capítulo 4).

* Casa 9: "mira lo que no te puedes comprar".

No sé qué tipo de táctica comercial será, pero me parece de lo más cruel enseñarte casas que no entran para nada dentro de tu presupuesto. Y esto fue lo que pasó en este caso: una casa grande, muy bien situada, en perfecto estado... y que superaba en unos 10 millones mis posibilidades... y es que los de las inmobiliarias deben de pensar que pedir una hipoteca es como comprarse unos zapatos nuevos... vamos, nada que te vaya a acompañar durante los próximos 40 años.
Veredicto: si pudiera... pero no es el caso. Siguiente casa, por favor.

* Casa 10: "la extraña distribución".

Para llegar hasta esta tuve que subir unas 100 escaleras empinadas... pero no me dejaron quejarme, a pesar de la pedazo de tripa que tengo a estas alturas, porque como soy joven unas “escaleritas de nada” no son impedimento suficiente para negarme a comprar una casa... ¡faltaría más! Lo cierto es que no recuerdo demasiado bien la casa (salvo que a uno de los dormitorios se entraba a través de la cocina... ¿?), pero si llego a escuchar una vez más que “el barrio es muy tranquilo” mato a alguien... eso no era tranquilidad, eso era como vivir en mitad de la nada, con la única compañía de un bar y 6 viejos sentados en un banco... ¡¡qué lata!!
Veredicto: demasiadas escaleras, gracias. Siguiente casa por favor.

* Casa 11: "¡¡el muro ni tocar!!".

Esta estaba al lado de la anterior, de modo que el tema de las escaleras y la dichosa tranquilidad seguían presente... mal rollo. Pero lo mejor de todo era la oposición del dueño a cualquier tipo de reforma. Vamos a ver... si tú vendes una casa deja de ser tuya y, por lo tanto, dejas de tener poder decisivo sobre las futuras reformas, ¿no? Pues no... el chico en cuestión se indignaba de manera sorprendente si insinuabas que “tirando esta pared podría quedar bien”, “habrçia que arreglar el suelo” o “esta persiana está estropeada, ¿verdad?”. Su respuesta, acompañada de una mirada amenazante, siempre era la misma: “ah no no, esta casa no se toca, que yo he vivido aquí toda mi vida y está perfecta”. Pues quédate tú, campeón.
Veredicto: directamente, no me interesa. Siguiente casa, por favor.

* Casa 13: "¿qué hace esta niña merendando aquí?".

La zona seguía siendo la misma: misma tranquilidad (o cantidad suficiente de aburrimiento como para cortarte las venas cualquier domingo por la tarde), mismas escaleras y mismos viejos vigilándote desde un banco. Una casa bastante vieja, hecha polvo, a reformar casi por completo... ¡¡¡y con una niña merendando dentro!! Casi me da un infarto cuando entré en la habitación de una casa deshabitada y encontré a una cría de unos 5 años comiéndose un trozo de bocata y un yogur apoyada en una banqueta y mirándome con cara de “¿qué haces tú en mi territorio?”.
Veredicto: la casa no me mola y la niña me da mucho miedo. Siguiente casa, por favor.

Buscando casa (capítulo 3).

* Casa 6: "los vecinos me dan miedo".

Segundo piso sin ascensor... uuuffff... Pero vamos a darle una oportunidad, que no están las cosas para ponerse tontos. La casa era enorme: cocina gigantesca, dormitorios muy grandes, una pequeña despensa, un baño grande... sólo tenía dos inconvenientes: la zona (excesivamente cercana a una de las peores calles de Bilbao) y el desconcertante cartel que había en el portal y las escaleras: “prohibido tirar basura por la ventana o dejarla en los pasillos”... malo, muy malo. Porque sé por experiencia que, para cuando pones ese tipo de cartel, es que estás hasta las narices de que lo hagan.
Veredicto: si no fuera por los vecinos... Siguiente casa, por favor.

* Casa 7: "¿el gato entra en el precio?".

Ver una casa sin luz es complicado, por mucho que lleves una linterna... y más cuando uno de los dormitorios no tiene ventana (según el subnormal de la inmobiliaria, en una habitación de bebé no es necesaria la ventilación... ¿qué clase de padre es este tío?). Y si a eso le sumas que dentro vive, abandonado, un pobre gato al que llevan unos 3 meses sin cambiarle las piedras, todo empeora. Casi no recuerdo la casa y soy totalmente incapaz de hablar de la distribución, pero recuerdo claramente que estaba llena de mierda hasta límites insospechados y que se me partía el alma al ver al pobre animal, tratando de llamar nuestra atención de todas las maneras habidas y por haber, siguiéndonos y ronroneando como si le fuese la vida en ello. Le puse agua fría, para que al menos no se deshidratase... y estuve a puntito de dejarle una ventana abierta, para que pudiese escaparse. No se le puede hacer eso a un animal. Si no llega a ser porque ahora mismo no puedo tener gato, me lo llevo. Me da igual que en teoría tenga dueño. Tenía que haber llamado a la asociación protectora de animales para que lo rescaten.
Veredicto: “sin palabras... sólo algunas lágrimas por el pobre animal”. Siguiente casa, por favor.

* Casa 8: "la cienciología".

Desconcertante. Creo que es el mejor adjetivo aplicable... a la dueña. Una casa reformada, pequeña, sin ascensor (¡qué raro!) y en un barrio un poco “especial”. Pero lo mejor de todo, sin duda alguna, era la señora que estaba esperándonos. Supuestamente utilizaban la casa como oficina, lo que explica que no le importase que los dormitorios fuesen la cosa más pequeña que te puedas imaginar. Según el de la inmobiliaria (el mismo capullo que dijo lo de que un dormitorio de bebé no necesita ventilación) la entrada era el sitio ideal “para que jueguen los niños”. Desde luego, en el cuarto no entraba ni una caja de legos... pero de ahí a meter a mi niña en un hall como si fuese un paragüero... en fin. La casa estaba llena de libros sobre la cienciología (estuve buscando a Tom Cruise dentro de los cajones... pero no estaba) y la señora, que no paraba de vigilarnos, nos explicó claramente por qué tenía una alarma instalada y cajas fuertes repartidas por toda la casa “tengo un negocio de ropa y lo llevamos desde aquí, de ahí lo de la seguridad... no vayáis a pensar que es un barrio peligroso, ¿eh? Que los vecinos son muy legales... vamos, ¡que son todos vascos!” Toma castaña. No sabía si llorar o echarme a reír. Impresionante.
Veredicto: va a ser que no. Siguiente casa, por favor.

Buscando casa (capítulo 2).

* Casa número 2: "para reformarla así, mejor no hagas nada".

No tenía mala pinta: sexto piso con ascensor, reformada, zona céntrica (cerca de donde he vivido toda mi vida) y cerca del metro. Vamos a ello. El dueño (bueno, el padre del dueño) estaba esperándonos en el portal, como si no se fiase del de la inmobiliaria. Era el típico edificio del año tres antes de cristo al que le han plantado un ascensor en lo que antiguamente era un patio: cumple su función, pero es diminutísimo. El piso resultó ser... indescriptible. La primera impresión (antes de atravesar la puerta de entrada) no era mala: paredes enlucidas pintadas de azul clarito y suelo de madera. Pero repito, eso era sólo la primera impresión. Al entrar descubrías que la cocina estaba en el pasillo, prácticamente no tenía encimera y el fregadero sobresalía de una manera sospechosa... no tardamos demasiado en descubrir la razón... cumplía doble función: también era el lavabo del baño. Y no, no estoy de broma. En pleno siglo XXI, hay gente que tiene la poca vergüenza de pedir una barbaridad por un piso que no tiene lavabo en el baño. Y es que eso no era todo: para entrar en la ducha (por llamarla del alguna manera) había que subirse a la taza del water. Y repito que no estoy de broma. El señor tuvo el detalle de decirme que la anterior dueña, “era “más grande que tú” y cabía perfectamente”... sutíl manera de llamar gorda a una supuesta posible compradora. A parte de eso, el piso tenía unos 25 metros cuadrados, era abuhardillado (algunas ventanas estaban a 5 centímetros del suelo) y, aunque el pobre hombre de la inmobiliaria trató de razonar con él y decirle que si pretendía venderlo tená que bajarle el precio en unos 8 millones (mínimo), el se indignó e insinuó que de 3.000 euros no lo bajaba, y eso si le pillábamos en un buen día.
Veredicto: me tienen que estar vacilando. Siguiente casa, por favor.

* Casas 3 y 4: "las hermanas de la escalera cutre".

Segundo y cuarto piso del mismo edificio... sin ascensor. Las escaleras eran... madre de dios del amor hermoso, qué miedo. Fuera aparte de que eran bastante incómodas de subir (mucho escalón bajo) estaban hechas un cuadro. Los pisos no estaban mal del todo, y menos después de lo que habíamos visto... pero tenían un “yo que sé” que no nos convencía.
Veredicto: Se quedan en la reserva, para un caso de emergencia. Siguiente casa, por favor.

* Casa 5: "el buen feeling".

La casa te tiene que gustar, fuera aparte de las condiciones en las que esté. Y con esta pasó eso exactamente. Un edificio antiguo, el piso hecho polvo (a reformar totalmente)... pero me inspiraba, y mucho. Tenía todas las posibilidades del mundo... si conseguíamos que la dueña entrase en razón y negociase el precio (en teoría estaba dispuesta). Incluso llegué a ir con gente para que me calculase lo que me podía costar reformarlo (una pasta, cómo no). Pero la vieja amargada no entró en razón... y se pasaba de mi presupuesto. Una pena, un chasco... ojalá se le queme y se quede sin poder venderlo.
Veredicto: qué se le va a hacer. Siguiente casa, por favor.

Buscando casa (capítulo 1).

Había oído muchas leyendas sobre la búsqueda de casas... pero no te lo crees hasta que lo vives. Todos los tópicos imaginables sobre el tema se quedan pequeños cuando te pones a ello, es impresionante. Y es que a lo largo de este mes he visto casas (por llamarlas de alguna manera) dignas de ser el telón de fondo de películas de terror con zombies, criaturas salvajes y asesinos en serie que usan la motosierra como cepillo de dientes.
Aquí va un pequeño resumen de las mejores, sin entrar en detalles escabrosos como la cantidad ingente de dinero que piden por ellas, para que os hagáis una idea:

* Casa número 1: "¡¡no quepo!!".

Segundo piso sin ascensor. Mal empezamos. Y más cuando descubro que mis pedazo de pies (un 43, ni más ni menos) no caben en los escalones del portal... y no es broma. El baño... en fin, mi tripa y yo no cabíamos por la puerta (y tampoco es broma), inconveniente que se agravará en los próximos 3 meses, por descontado. La cocina estaba reformada... me parto. Cierto es que los muebles eran nuevos y que había hasta lavavajillas, pero alguna mente enferma había decidido quitarle como medio metro al baño para ampliar la cocina... lo que no sería un mal plan si el baño fuese grande y no hubiesen metido en ese medio metro una encimera con el fregadero... ¡¡¡era imposible acceder hasta él!!! Al menos si tienes carne sobre los huesos, y yo de eso tengo un poco. El dormitorio tenía terraza... buen detalle... si pudieses acceder a ella, claro. El espacio entre la cama y la pared era, nuevamente, demasiado pequeño para que cupiesen mis pies (estoy empezando a plantearme seriamente cortarme los dedos), de modo que tenías que pasar con el culo pegado a la pared y los tobillos girados unos 45 grados, postura de lo más cómoda y práctica, sobre todo si tienes prisa. Pero mi detalle favorito fue, sin duda alguna... ¡¡que para colgar la ropa había que mover el sofá!! Y hablo de un sofá de 2 plazas, de esos que tiene todo le mundo en casa y que, aunque no pesan tonelada y media, tampoco son precisamente ligeros.
Veredicto: se han vuelto todos locos. Siguiente casa, por favor.