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19 de junio de 2008

El tiempo de espera.

Desde que tengo este blog he descubierto que me molestan muchas más cosas de las que pensaba porque muchas de las entradas comienzan con un "hay cosas que me cabrean"... y esta es una de ellas.
Ayer fuimos al dentista a que torturasen un poquito a mi marido (¡¡pooooobre!!) y pasó lo de siempre: llegamos puntuales, incluso me atrevería a decir que con 5 minutos de antelación... ¡¡y no entramos en la consulta hasta 50 minutos después!! No lo entiendo: o estamos todos todos tontos o es que la gente no sabe interpretar los relojes (debieron de perderse ese capítulo de "Barrio Sésamo").
Por supuesto, tú no puedes llegar tarde; si lo haces te miran como si hubieses matado a alguien de la manera más cruel del mundo y te dicen que ya han pasado a alguien en tu hora y que tienes que esperar... ya... yo llego tarde la única vez en la vida en la que van puntuales... ¡¡qué causalidad!! Y es que es imposible ir al médico (de cualquier tipo) y entrar a la hora. Yo llegué a estar esperando a mi doctora 50 minutos porque llegué 3 minutos tarde... ¿pero qué tipo de venganza es esa?, ¿te graban con cámara oculta mientras te vas cabreando por segundos y la ven mientras se toman un café?, ¿tienen algún tipo de concurso en plan "vamos a ver a cuántos pacientes podemos cabrear hoy: el vencedor se lleva un crucero por el mediterráneo"). Sé que hay gente que pensará: la culpa no es de ellos, es de los que les dan citas cada 5 minutos... ¡¡¡pues que despidan a ese inepto!! Porque en 5 minutos no te da tiempo de sentarte en la silla, decirle al médico que te duele la garganta, que te la mire y que te dé un receta... ¡¡normal que vayan siempre tarde!!!

13 de mayo de 2008

La (extraña) visita al dentista.

Hoy he ido al dentista a una revisión... y ha empezado raro el asunto, porque la semana pasada fui a una limpieza y, aunque la lógica dice que sería más normal hacerlo al revés (primero revisión, después limpieza) se empeñaron en hacerlo así. Pues vale.
Detalles sobre la limpieza aparte (a la chica debieron caerle mal mis encías porque se cebó con ellas a gusto, sobre todo con la zona de las paletas superiores), lo de esta tarde ha sido como una especie de película de ciencia ficción.
He entrado en la consulta, he mirado con respeto a la camilla esa que tienen y que acojona sí o sí (casi tanto como la del ginecólogo), me he sentado y me he preparado para el foco en la cara y para ser interrogada por un ser extraño que sólo tiene dos ojos y una mascarilla en la cara.
"Me recuerdas a mi prima" (esa ha sido la primera frase que he oído)... "bueno, quizá te pareces más a mi tía... pero en joven, claro" (¿es cosa mía o me está haciendo la pelota?)... "¿cuántos años tienes?, ¡¡28!! pues pareces más joven" (definitivamente , me está haciendo la pelota).
Después de eso me ha metido un espejo en la boca, me ha sobado los labios, ha estado a punto de desencajarme la mandíbula y me ha empezado a echar aire a través de un tubito... ¿para qué? Es un misterio para mí. Entonces se ha apartado, se ha quitado la mascarilla (todo esto lo supongo porque entre que estaba sin gafas y tenía la luz en la cara no veía demasiado bien, la verdad) y ha dicho "con bocas como esta, los dentistas nos arruinaríamos".
¡¡Mola!!
Parece ser que tengo la boca genial, sin una caries, ni una mínima inflamación; me ha pedido que no haga propaganda del cepillo y la pasta de dientes que uso (el cepillo de es "Vitis" y la pasta de "Lacer"... jejeje...) y que siga así... todo precioso, ¿verdad? Pues ahora ha venido lo mejor de todo... cuando estaba a punto de levantarme, se ha inclinado sobre mí, me ha metido no sé qué cosa metálica en la boca y me dice... ¡¡¡que tengo bruxismo!!! ¿Qué? Me he quedado a cuadros. Claro, yo seguía ahí, salivando más que el perro de Paulov (o como se escriba)... ¡¡y sin poder defenderme!!
Resulta que hace unos 20 años (que se dice pronto), estaba en el parque con mi aita, mi hermano y la bici y decidí tirarme en plancha contra una barra metálica que había en el suelo... el resultado fue que me hice un agujero en la rodilla, me destrocé el labio y me hice una especie de fisura en la paleta... que lleva conmigo desde entonces y que, aparte de no haberme dado ningún problema, es mi seña de identidad.
Claro, ella ha visto un diente "roto" y se ha montado la película mental de que necesitaba una especie de prótesis (que cuesta 150 euros, ahí es nada) y de que poco menos que se me iban a caer todos los dientes si no me la ponía... y cuando he conseguido contarle la historia, ha intentado buscar otra manera de convencerme:
"¿Te duele la cabeza cuando te despiertas?" No.
"¿Duermes con la boca cerrada? No (de hecho, la babilla mañanera demuestra lo contrario).
"¿Te duele el cuello?" No.
"¿Haces ruidos raros al dormir?" No.
"¿Te duele la mandíbula?" ¡¡¡¡Que nooooo!!!!
"De todas maneras yo creo que vas a tener bruxismo, ¿eh? Aunque no tengas ningún síntoma y no haya nada que me haga pensar que es verdad... salvo los 150 euros que cuesta el remedio..." vale, eso último no lo ha dicho, pero seguro que lo ha pensado.
Así que he salido convencida de que me estaba intentando vender la moto... teoría que se ha confirmado cuando le ha dicho exactamente lo mismo a mi marido... y que se tiene que hacer un reconstrucción... ¡¡por una simple caries!! No sé... en mi pueblo para las caries te ponen empastes, no un andamio.
Conclusión: buscaremos otro dentista del que nos fiemos... ¡¡porque esto huele a podrido!!

20 de marzo de 2008

3 añitos... ¡¡cualquiera diría que fue ayer!!

Hoy hace tres años mi codo estaba aburrido y decidió salir a ver mundo tratando de descubrir nuevas aventuras...
Consiguió un viaje en ambulancia, interminables horas sentado en una silla de ruedas en el pasillo de Urgencias, un par de fotos en las que salió de lo más favorecido, una escayola mal colocada y oírme gritar como espero no volver a hacerlo jamás.
Pero le supo a poco, así que se las ingenió para volver a Urgencias al de cinco días, conseguir una cicatriz espantosa, una prótesis prácticamente inútil y muchísimas lágrimas mías en la sala de rehabilitación...
Ahora es todo un codo con historia... y es mío, así que tendré que quererle...


P.D. Por si alguien se lo pregunta, la baldosa con la que tropecé sigue tan estropeada como hace 3 años... y no creo que tengan intención de arreglarla.
2ª P.D. Moraleja: si vais al Centro Comercial "Las Arenas"... ¡¡mirad al suelo al salir a la terraza!!

12 de marzo de 2008

Ventajas de estar tullido.

Muchos de los que leéis este blog sabéis que tengo un codo destrozado porque hace casi 3 años me caí en un centro comercial, me lo saqué (sí, duele tanto como estáis pensando... bueno, quizá más) y me trituré (literalmente) el final del radio, razón por la que me operaron, me dejaron una cicatriz horrible y me pusieron una prótesis (que no funciona), en un codo... que tampoco funciona.
Detalles escabrosos aparte (creedme, hay muchos más), conseguí una indemnización ridícula, acabar con mi carrera profesional, tener que modificar mi manera de hacer las cosas (algo tan tonto como pelar una patata supone todo un reto) y un certificado que es como para morirse, en el que una serie de médicos confirman que tengo una minusvalía pero en un grado que no sirve para nada (vamos, que ni me han dado la tarjetita para poder aparcar el coche en plazas especiales).
Frustrante, muy frustrante. ¿Por qué? Básicamente, porque no puedo girar la muñeca ni estirar y flexionar el brazo, porque he perdido el 60% de la fuerza y porque duele siempre... y siempre, es siempre. Pero "sólo" tengo un 12% de minusvalía (hay que estar muriéndose para que te den un 33%, que es lo mínimo para "beneficiarte" de las ventajas... si es que hay alguna, claro).
Pero hoy es un gran día porque he encontrado una ventaja: no tengo que pagar los 5 euros de envío para mandar el pedido del supermercado a casa... oooohhhhhh...
Me he enterado por casualidad y después de haber utilizado ese servicio muchísimas veces (a ver quien es el valiente que sube 30 litros de agua a la semana a un segundo piso sin ascensor con un solo brazo), pero más vale tarde que nunca.
Quizá lo mejor haya sido ver la cara de la cajera (encantadora, todo hay que decirlo) cuando le he dicho que yo tenía una minusvalía... me ha mirado como si me hubiese vuelto loca y ha escaneado mi cuerpo de arriba abajo... y es que no hace falta ser tuerto, estar en silla de ruedas o tener más años que Matusalén para tener una minusvalía... puedo dar fe de ello.
Así que la próximo vez que vaya al super llevaré el papelito, a ver si es verdad que no tengo que pagar... y si no me creen les enseño la morcilla que tengo pro cicatriz, que seguro que les impacta.

8 de febrero de 2008

Mi cistitis y yo.

Tengo cistitis, qué le vamos a hacer. Me gustaría poner una entrada diciendo que me ha tocado la lotería o que he descubierto que tengo un tío rico americano que me ha dejado en herencia una mansión gigantesca con 7 jacuzzis en cada habitación... pero no es el caso.
Supongo que muchos de vosotros sabréis qué es... pero, por si no es así, voy a tratar de describirlo.
Una vez escuché a una amiga decir que era como "mear fuego" (siento la vulgaridad), pero yo más bien lo definiría como mear fuego mientras un millón de hormigas carnívoras se están dando un banquete en tu vejiga llevando chinchetas en los pies. Todo esto acompañado de escalofríos que te hacen saltar las lágrimas cada vez que vacías la vejiga. Vamos, que no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Bueno, al peor quizá sí, pero sólo si es malo malísimo.
Pero lo que me indigna de todo esto es la visita al médico que ha conllevado esta "agradable" dolencia. Ayer estuve en el ambulatorio y, tras preguntarme qué me pasaba (ni me miró, le podía haber dicho que tenía un elefante rosa con motas moradas bailando la conga en el ombligo y también hubiese creído), me dijo que fuese a primera hora para hacerme un urocultivo. No me dio más datos. Lo prometo.
Bueno, pues he ido a las 7:50 de la mañana y, tras preguntar si tenía que esperar a que me llamasen, he estado de pie en la sala de espera, deseando poder sentarme o por lo menos poder extirparme la vejiga, hasta que, a las 9:30 he ido a preguntar con cara de buena al enfermero: "mira, no me habéis llamado". Ha puesto cara de "¿qué?", ha rebuscado en los papeles y, sorpresa sorpresa... ¡¡no tenía que haber esperado!! Peor aún, la muestra ya no valía, así que la hora y media allí de pie no había servido de nada. Qué bien.
He tenido que esperar a la doctora, ponerle ojitos de "pobre de mi", decirle que me estaba muriendo y que me diese drogas... y sólo he conseguido que me repitiesen la prueba y que la enfermera que me ha dado los resultado me dijese: "dios, ¡estás fatal"! Mira qué lista, no me había dado cuenta.
Finalmente, y tras mucho batallar, he conseguido drogas (no tan duras como hubiese deseado) y aquí estoy, bebiendo agua como si me hubiese vuelto loca (y teniendo en cuenta que lo normal para mí son unos 3 litros diarios... os podéis hacer a la idea de toda la que estoy bebiendo), dando alaridos cada vez que voy al baño y despotricando sobre la organización en ese ambulatorio... ¡¡que es un desastre!!
Moraleja: si no les dan la suficiente información a los pacientes... ¿cómo pretenden que hagamos bien las cosas?

21 de enero de 2008

Agujas.

Me pincho. Lo admito. Las inyecciones siempre han sido parte importante de mi vida y no me avergüenza reconocerlo. No es que sean movidas de drogas, son asuntos médicos que, si me conocéis ya sabéis de qué van y si no me conocéis tanto, no resultan de vital importancia como para que me ponga a contarlos aquí.
La cuestión es que prácticamente a diario utilizo agujas y jeringuillas y, aunque parezca increíble, ¡¡me cuesta un huevo encontrarlas!!
Tú te vas a una farmacia y te pueden encargar el medicamento más raro del mundo... es más, posiblemente lo conocerán y sabrán exactamente para qué sirve; pero agujas... ¿¡agujas!?... "uuuufffff... déjame que mire..."... por amor de dios, ¡¡estoy hablando de agujas, no de hipopótamos voladores con un tutú color rosa chicle y antenitas moradas decoradas con pegatinas de Hello Kitty!!
Y lo peor de todo es que te miran raro: "agujas... ¿para qué?"... ¡¡ni que fuese una yonqui!! (y, aunque lo fuese, ¡no es su problema!).
En una de las farmacias una señora se quedo mirándome la cara interna de los codos a ver si encontraba moratones al tiempo que susurró "qué lastima..."... ¿lástima de qué?, al menos yo no tengo la cara como un pergamino mojado ni encojo 2 cm al día, señora.
Y es que alucino, de verdad. Ya he cambiado un par de veces de farmacia y aún así sigo mendigando agujas allá por donde voy. Y lo curioso del asunto es que jeringuillas sí tienen... que yo sepa una cosa va con otra, al menos en la mayoría de los casos... pues no. De hecho, y si te pilla alguien de prácticas, se te queda mirando con cara de pánico, se va corriendo a buscar a alguien con más experiencia y te deja ahí, como si tuvieses la peste, y mirándote con cara rara.
Mi vida sería más sencilla si sólo fuese a la farmacia a comprar aspirinas, como la mayoría de la gente, pero yo siempre he sido algo peculiar y me van las emociones fuertes.
Hoy he conseguido localizar 10 agujas en 3 farmacias diferentes... ¡¡todo un logro!! Mañana seguiré con la búsqueda.

24 de octubre de 2007

Mi vida horizontal.

Menuda racha llevo: pillo anginas, me como un helado malvado que me hace un boquete en el estómago y ahora me descuajeringado la espalda... si es que estoy para el arrastre... ¿será la edad?
Llevo desde el jueves torcida (tanto que parezco la versión distorsionada de la "Z" del zorro) y aún no me he acostumbrado a mi nueva vida horizontal (del sofá a la cama y de la cama la sofá).
Los primeros días aguantaba sentada y aproveché para coser cosas como si me fuera la vida en ello, pero cuando todo empezaba a normalizarse mi espalda decidió crujir de nuevo y todos los adelantos se fueron para atrás, como los cangrejos.
Y esta situación me ha generado inquietantes dudas: ¿por qué no ponemos la tele en el techo?, ¿por qué nadie inventa una tele en la que las imágenes se inclinen para que tú la puedas ver bien aún estando tumbada?, ¿alguien es capaz de leer los subtítulos estando en esa postura? , ¿por qué cuesta tanto beber agua (o cualquier otro líquido) estando acostada?, ¿por qué te aburres tanto en 10 minutos que llevas en el sofá, cuando aguantas horas tirada en la playa tomando el sol (aunque en mi caso no son muchas, la verdad)?, ¿por qué no inventan bolis que escriban hacia arriba?, ¿será un complot de los creadores de los lápices?, ¿por qué mi espalda me hace esto ahora que estaba enfrascada en la tarea de hacer los regalos navideños?, ¿por qué no hay una ley que obligue a los médicos a venir a casa a darme drogas y huevos kinder cuando estoy malita?, ¿cuándo voy a dejar de ver el mundo como si midiera 1´50?, ¿sería capaz de darle al último botón del ascensor del edificio más alto del mundo?, ¿por qué levanto un pie y otro no cuando intento ponerme recta?...
Se me ocurren más, pero los latigazos de la espalda me indican que vuelva al sofá, así que tendré que dejarlo para otro día...

4 de octubre de 2007

Que alguien acabe con esta tortura.

Sé que cuando estás malo te parece que lo tuyo es lo peor pero, en serio, no hay nada más desagradable que tener mal las tripas.
Los últimos tres días los he pasado prácticamente sin comer nada (a este paso me quedo como una sílfide), de hecho, sólo de pensar que tenía que tragar algo me ponía mala... pero hoy no, hoy todo me huele bien: la vecina ha hecho algo para comer y huele de maravilla, no hago más que ver anuncios en la tele de cosas ricas, me imagino donuts y patatas fritas haciéndome el baile de los siete velos... ¡¡pero si hasta me ha parecido apetitosa una pelusa del suelo!!
Pero tengo que conformarme con comer galletas maría... están buenas, ¡¡pero yo quiero un chuletón!!
Y claro, me da miedo comer cualquier cosa porque recuerdo el dolor de estos últimos días y no me apetece volver a sentir una manada de ñues escalando por mi estomago, la verdad.
¿Cuándo va a acabar mi tortura?, ¿por qué el helado ha sido tan cruel conmigo?, ¿que he hecho yo para merecer esto? Si yo soy muy buena... ¡¡¡TENGO HAMBRE!!!

1 de octubre de 2007

El helado maquiavélico y su pérfido plan.

Estas cosas me pasan por comer helado.
Ya os conté hace un par de semanas que estaba mala y, aunque no quise entrar en detalles, os informé de que era mi garganta la que se había transformado en una especie de estropajo con mala leche. El médico me dio un antibiótico que, en teoría, hizo que mis tripas se revolucionasen... y es que han tenido que pasar dos semanas para averiguar que aquellos polvos con sabor a gominola no eran los culpables de mi malestar... sino el helado de chocolate.
¿Cómo pasó desapercibido su cruel ataque? Pues porque como tenía la garganta llena de viruses variados todo me sabía a alcantarilla, así que me comí el helado con sabor a hámster disecado pensando que en realidad estaba bueno y que era yo la que malinterpretaba su sabor. Por eso.
Pero ha vuelto a atacar y, como esta vez no estaba rellena de bichitos, he sido consciente de que efectivamente estaba malo.
Y aquí estoy, con una especie de alien cabreado en el estómago y analizando las consecuencias de la dichosa intoxicación (menos mal que sólo me comí un trocito, que sino me tienen que ingresar en la u.c.i. y hacerme un lavado de estómago).

* No puedo comer nada aunque sienta un agujero más grande que el de la capa de ozono en las tripas, porque si lo hago mi pequeño monstruo empieza a rugir y termino hecha una pelota encima del sofá y soltando barbaridades por la boca.
* Tengo que beber el agua a temperatura ambiente y poquito a poquito... y teniendo en cuenta que mis tragos de agua se traducen en unos 250 ml de tacada, me resulta bastante frustrante.
* Cierta enfermera me tortura intentando convencerme de que debería tomar manzanilla (¡¡¡aaaaaggggghhhhhh!!!) o té (¡¡¡aaaarrrrrrrrggggggggghhhhhhhhhhhhhhhh!!!), líquidos que siempre he tenido en baja estima y que, según mi modesta opinión, habría que meter en una cápsula y lanzar al espacio dirección al sol para que se desintegren y dejen de molestar en la tierra, porque encima de ser verdes (razón más que suficiente para no tomarlos) saben a jugos gástricos de algún bicho muerto.
* Los alimentos que me esperan en los próximos días son arroz blanco (¡¡ooohhh!!), el agua que sobre de cocer el arroz blanco (aagghh) y pescado hervido, comida que dice alto y claro "¡¡estoy malita!!" y que es la cosa más insípida de la tierra (que nadie intente convencerme de lo contrario, no lo va a lograr), con permiso de la pechuga de pollo hervida, que tampoco se queda atrás.

Así que si me muero de hambre, de sed, o me da un jamacuco, me caigo al suelo y me parto la crisma, que quede claro que ¡¡LA CULPA ES DEL HELADO!!.

P.D. El helado con sabor a Ferrero Rocher no cuenta, ese es muy bueno para la salud y necesario para la subsistencia humana.

19 de septiembre de 2007

Mi visita al médico.

Por normal general voy de rambo por la vida y aunque esté hecha un guiñapo humano no voy al médico hasta que no sea estrictamente necesario (cuando estoy a punto de entrar en coma, más o menos), lo que suele acarrear que el constipado (mi "enfermedad" favorita) dure más tiempo de lo esperado o que esté peor de lo que debería por la ausencia de drogas, y es que eso de que en las farmacias ya no te den nada "porque sí" aunque les pongas carita de "estoy malita" no mola nada. Pero esta vez, y sin que sirva de precedente, fui al médico el primer día (¡¡oooohhhh!!).
Lo chungo de todo esto es que sí, te dan drogas, pero te obligan a volver al de un par días porque sino se te acaba el tratamiento (a eso le llamo yo tortura psicotrópica: te demuestran lo "bien" que estás con el augmentine (o lo que sea) y te amenazan con no darte más si no pasas por tu médico de cabecera... ¡¡qué crueldad!!). Y hoy ha sido el día en el que he vuelto al médico para decirle que me sabía todo a perro muerto y que quería más augmentine de ese, que mola mogollón.
Pero no estoy aquí por eso, sino por la vivencia sobrenatural de la sala de espera.
Y es que existe una especie de humanos (si es que son de este planeta...) que van a esos sitios a pasar el rato; son como los viejecillos que se tiran horas esperando en las paradas del bus, pero estos encima amenazan con contagiarte algo. Y yo tengo un imán para ellos. No sé por qué. Igual que para los testigos de jehová o para las ancianitas que van por ahí con la estampita de la virgen de turno y la biblia para convencerte de que todos los jóvenes somos producto del pecado... pero esa es otra historia.
La cuestión es que he cometido el gravísimo error de entrar en contacto visual con uno de ellos... ¡¡pero ha sido sin querer!!
Estaba sentada haciendo un crucigrama (bueno, una sopa de letras, pero lo del crucigrama parece más intelectual y me hacía ilusión ponerlo) y ha llegado una señora con una pinta bastante normal, si no fuera por el pelo rubio platino con un pedazo de mechón azul pitufo y que olía como si se hubiese fumado la tabacalera y alguna fábrica de papel.
Yo estaba concentrada en mi pasatiempo (no la mires, no la mires, no la mires) pero ha pegado un alarido ("¿sabes qué?") y del susto he pegado un bote y he levantado la mirada (grave error). Entonces ella me ha mandado sus ondas capturantes (se llaman así, no me lo he inventado), han hecho que la mire a los ojos... y ha empezado a hablar (cada vez que yo ponga puntos suspensivos significa que la señora entraba en trance y se quedaba callada durante unos 15 segundo, mirándome a mí pero viendo el infinito y yo creo que algún que otro elefante con tutú bailando un vals o algo así):
"Al lado de mi casa hay un stop... (¿y?) el otro día lo fui a cruzar pero no veía nada porque era de noche y llevaba las gafas de sol puestas... (repito, ¿y?)... vino un coche rápido y me dio... (aaahhhh... eso explica que esté zumbada)... ... ... menos mal que puse los brazos "asina" (se ha cruzado los brazos delante de la cara) porque sino me atropella (más ¿y?)... ... ... ... ... pero no puedo hacer nada porque no apunté la matrícula... (¿¡¡¡¡¡y!!!!!?)".
Gracias a dios en ese preciso instante me ha llamado la doctora, que con su dulce voz ha conseguido arrancarme de la mirada hipnótica de la loca semi atropellada y con ello ha roto el encantamiento. Me he metido a la consulta, le he dicho que había una señora muy rara fuera ("¿la rubia con un mechón azul?"... ¿¡si la conocen por qué no la encierran!?), me ha metido el palito ese por la garganta hasta tocarme el higadillo, ha simulado ver algo (estoy convencida de que es imposible que vean a los bichitos esos, fijo que mienten) y me ha dado más drogas (¡¡guay!!).
Al salir he descubierto a la mujer tratando de entrar en contacto visual con otra chica, que se ocultaba aterrorizada tras la hoja de un periódico.
Y yo me pregunto, ¿esa gente por qué se aburre tanto?, ¿son así de verdad o lo hacen para que alguien les haga caso?, ¿no se dan cuenta de que sólo les "prestas atención" porque te miran con cara de "o me escuchas o te persigo por la calle... sé donde vives..." y te dan miedo?, ¿alguien les ha dicho todo esto alguna vez?, y si lo ha hecho, ¿ha sobrevivido?
Y lo peor de todo... ¿¡¡POR QUÉ SIEMPRE ME PASAN ESTAS COSAS A MÍ!!?

P.D. Acabo de recordar lo que me pasó una vez en el metro con un tío disfrazado de payaso... os juro que si lo cuento no me creéis...

16 de septiembre de 2007

Qué malito te sientes, cuando te sientes malito.

Un día te levantas y, sin previo aviso, te duele todo el cuerpo. No sabes qué te pasa, pero estás seguro de que es culpa de algún "bicho" e inconscientemente vienen a tu mente los capítulos de "erase una vez la vida" en los que los malos (que siempre eran verdes o azules) se metían por cualquier agujerito (no seáis malpensados, hablo de la nariz y de la boca) y hacían que todas tus defensas se revolucionasen.
Bueno, pues yo hoy estoy rellena de bichos de esos. Y deben de ser de un montón de gamas y tamaños, porque aparte de que parece que tengo un estropajo en la garganta, da la sensación de que están poniendo barricadas en mi oídos.
Y eso me hace pensar (poco, que los virus me tienen algo atontada) en lo chungo que es que te duela algo, aunque sea una tontería. Sé que no es nada grave y que, como máximo, terminaré gastando 12 paquetes de klennex en los próximos días pero... qué mal te sientes, ¿no? Parece que mientras te atropellaba un camión cargado de una tonelada de yunques, se te ha caído encima un edifico, un avión y hasta la M.I.R.
Pero no queda más remedio que aguantarse, tirarse en el sofá, poner carita de "qué malita estoy y qué poco me quejo" para que te hagan mimitos y pedir que alguien juegue contigo al parchis... ¿voluntarios?
P.D. En días así es cuando echo en falta un portatil para poder escribir esto desde el sofá. Si a alguien le apetece regalarme uno... yo a cambio juego con él (o ella) al parchis...