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28 de mayo de 2012

¿Vuelvo?

Volver o no volver... esa es la cuestión.
El pobre blog lleva abandonado... uuufff... demasiado tiempo... y de un tiempo a esta parte vuelvo a sentir la imperiosa necesidad de escribir y despotricar sobre el mundo que me rodea. 
Muchas cosas han cambiado, eso es verdad. Sigo siendo la misma (pero con un bichito que corretea a mi alrededor), pero ahora me interesan y afectan otras cosas. ¿Será que me hago mayor?, ¿serán las canas cada vez más presentes en mi pelo las que me hacen cambiar de perspectiva?, ¿será que ahora soy madre? Sea como sea, ya no soy la misma. 
Y esa es la mayor de las dudas: mantengo este blog, al que tanto quiero y alegrías me ha dado, ¿o creo uno nuevo, como quien cambia de vida?
Se aceptan sugerencias... si es que aún hay alguien que lo lea :)

25 de noviembre de 2008

Demasiada información.

Menudo chasco me he llevado. Bueno, chasco y cabreo. Os cuento lo que me ha pasado, a ver si es que me he vuelto loca y lo estoy exagerando.
No sé si conocéis la margarina Artua, uno de esos pringues que se usan para desayunar untados en una tostada o para hacer croquetas de jamón que están super ricas... Yo siempre he usado esa, al menos desde que tengo uso de razón (de hecho, casi me hecho a llorar cuando me mudé a Canarias y descubrí que también la vendían allí... ¡¡qué ilusión!!), así que hace un par de meses, cuando ví la última promoción que han sacado pensé "esta es la mía". En teoría era sencillo: enviando tres tapas de aluminio te regalaban un exprimidor (aparato que me viene bastante bien porque el mío está en estado comatoso y al borde de la muerte). De modo que me empapucé a Artua, hice croquetas, brownies y todo lo que se me pasó por la imaginación para poder juntar las tres tapas, y cuando ya las tengo y estoy a punto de mandarlo leo la letra pequeña y pone que hay que enviar "las tres tapas y el tiquet de compra"... ¿¿¡cómo!??
¿Para qué co** quieren el tiquet?, ¿están insinuando que lo he robado?, ¿no se fían de mi honestidad y suponen que la crisis me ha llevado al extremo de arrancar las tapas de alumino en el super y devolver el bote de Artua a la estantería?, ¿o acaso creen que he obligado a una pobre viejecilla a comprármelos, en cuyo caso debería darles igual porque la cuestión es que consiga las tres tapas y no cómo las consiga?
Peor aún, ¿por qué tengo que darles tanta información? No creo que nadie vaya al super a comprar sólo eso, así que si les doy el tiquet podrán saber qué compro, en qué cantidades, cada cuanto tiempo, cómo pago, a qué hora voy al super, en qué día... ¿para qué necesitan tanta información?, ¿pretenden utilizarme como objeto de estudio sin darme nada a cambio? (un triste exprimidor no me parece suficiente pago para tantos datos, la verdad), ¿en qué clase de mundo vivimos? A este paso vamos a tener que mandar un análisis de sangre completo para poder participar en cualquier sorteo... ¡¡no me parece justo!!

25 de septiembre de 2008

¿Podrías contar tu vida en 6 palabras?

Curioseando por el menéame (¡qué raro!), he encontrado esta entrada y me ha gustado tanto que os animo a participar. La idea es sencilla: "describe tu vida en 6 palabras". Las que he visto hasta ahora son frases de seis palabras, pero supongo que también pueden ser sueltas.
Yo estoy pensando en la mía... prometo ponerla en cuanto la medite.
¿Te animas?

El diluvio universal.

Está lloviendo. Poco, al menos a mí me parece poco, pero llueve. Y vivo en Canarias, lo que hace que sea un acontecimiento bastante más especial... y catastrófico.
A pesar de llevar más de cinco años viviendo aquí no me acostumbro a que la gente se encierre en su casa como si las gotas que caen del cielo fuesen ácido sulfúrico y te griten como posesos para que te metas en algún lugar "a salvo" al verte andar por la calle como si nada... ¡¡no voy a encoger por mojarme!! Es posible que me mate, porque el suelo resbala que te mueres en condiciones normales y si está mojado ya es el colmo, pero no me da miedo entrar en contacto directo con la lluvia... aún a riesgo de desteñir.
Pero lo que más me desconcierta de todo es que la gente se abriga. Hace un bochorno de esos pegajosos que hacen que se te meta el calor hasta el tuétano y no te deje respirar, pero como el día está gris (¡me encanta!) la gente se pone camisetas de manga larga y jerseys, como si el hecho de que llueva fuese motivo más que suficiente para vestirse como para ir al Polo Norte y no tiritar ni una vez.
Así que claro, me ven a mí en manga corta, andando como si nada por la acera, con cara de felicidad y piensan que me he vuelto loca... eso, o que soy rara, cosa que no les voy a discutir.
Tampoco pretendo que los paraguas dejen de existir o que nos importe un carajo mojarnos pero, ¿de verdad hay que ponerse así de catastrófico por cuatro gotas? ¡¡¡Sólo es agua!!

11 de septiembre de 2008

Las bolsas del super.

Hay cosas en esta vida que me inquietan y para las que no encuentro explicación: como el amor que sienten algunas personas por las bolsas del supermercado... y es que he visto gente que se abalanza sobre ellas como si en ello les fuese la vida.
Vale, yo también las uso como bolsa de basura (como casi todo el mundo), pero eso no justifica que me lleve 150 bolsas cada vez que compro algo. Hace un par de horas he ido al Mercadona a comprar, literalmente, pan de molde, una barra de pan, un paquete de lomo y un litro de leche... ¡¡¡y he vuelto con 4 bolsas!!!, ¿nos hemos vuelto todos locos?
No he sido yo la causante de semejante aberración ecológica (a ver cuándo empezamos a pensar en las pobres focas que se están quedando sin hielo en el que vivir), sino la dulce cajera que ha visto una embarazada con una cicatriz espantosa en el brazo y se ha ofrecido muy amablemente a meterme las cosas en las bolsa... todo un detalle por su parte, no se lo voy a negar pero... ¿¡¡cuatro bolsas!!?
Puedo entender que separen, por ejemplo, el pescado y los congelados del resto de la compra porque, como todos los humanos sabemos, si un langostino congelado entra en contacto con una naranja, esta última estalla y eso trae consigo una catástrofe nuclear de dimensiones inimaginables, es pura lógica... pero, ¿y el pan Bimbo y la barra de pan?, ¿acaso no son compatibles?, ¿no son familiares cercanos?, ¿por qué hay que separalos entonces?
Separamos las cosas de limpieza de la comida como si en el maletero de nuestro coche se fuese a llevar a cabo una batalla campal entre los objetos de una misma bolsa y nos diese miedo acabar comiéndonos la pasta de dientes y usando el starlux como exfoliante para la cara.
Y es que hay unos supermercados que se jactan de ser ecológicos y que, para demostrarlo, han creado bolsas de plástico transparentes (bastante desagradables para suarlas como bolsa de basura, la verdad... y es que, a mí al menos, no me apetece que mi vecino sepa si chupo bien los huesos del pollo o qué marca de yogur prefiero... pero igual es que yo soy rara)... pero sus amables cajeras meten las cosas de UNA EN UNA en ellas... vamos, que llegas a casa con tantas bolsas que necesitas un armario entero para guardarlas... y eso sin contar con las que hayas ido acumulando hasta el momento.
Quizá la solución sería empezar a cobrarlas (recuerdo que cuando era pequeña, en la panadería, tenías que pagar 3 pesetas por cada una)... o, sencillamente, que la gente nos concienciásemos de que, aunque sean gratis... ¡¡¡no hace falta que nos llevemos todas!!!

3 de septiembre de 2008

Tipos de recuerdos.

Comencemos esta entrada diciendo que el otro día me quedé pasmada ante dos descubrimientos: 1) he estado en la plaza de toros de Bilbo (esa que no sé ni situar en el mapa) y 2) ¡¡he estado en un concierto de Mecano!! Actividades que parece ser llevé a cabo al unísono... vamos, que les vi en concierto en la plaza de toros.
No es que me avergüence de este último hecho, para nada, siempre he considerado que es un gran grupo y ahora entiendo por qué en su momento pedí que me regalaran una cinta (que seguro que todavía está en algún rincón de la casa de mi ama); pero resulta desconcertante que alguien te hable de cosas que has vivido y a las que eres totalmente ajeno... vamos, que te las crees porque no te quema más remedio y porque quien te lo cuenta es de confianza.
Y todo ello (eso y que tengo mucho tiempo libre) me ha hecho reflexionar sobre el tipo de recuerdos que existen en el mundo (independientemente de que sean buenos o malos).

* TIPO 1: Los de verdad.

Son esos recuerdos reales de los que nos acordamos sin tener que recurrir a terapias intensivas con psicólogos en potencian que tratan de desbloquear algún tipo de trauma para creer que se han ganado su sueldo.

* TIPO 2: Los de mentira.

También conocidos como películas mentales. Son más recurrentes durante la infancia ("el año pasado, estando de vacaciones, vi un dragón bañándose en la playa y nos hicimos amigos") y la adolescencia ("que sí tía, que el año pasado me lié con el tío super bueno de clase... osea te lo juro por Snoopy...").

* TIPO 3: Los de "¿¿¡¡¡pero cómo no te vas a acordar!!!??".

En estos mi ama tiene un master. Creo que lo más sencillo es recurrir a un ejemplo para explicar en qué consisten.

- Ama: ¿Te acuerdas de cuando estuvimos en Granada?
- Yo: ... eeeehhhhhh... No.
- Ama: Que sí mujer, que lo pasaste muy bien.
- Yo: Ya, ¿ eso en qué año fue?
- Ama: Déjame pensar... pues en el verano del 81.
- Yo: Ama, nací en el 80... estuve en Granada con año y medio...
- Ama: ¡¡¡Pero cómo no te vas a acordar con la buena memoria que tú tienes!!!

En estos casos lo mejor es recurrir al siempre útil "oye, pues ahora que lo dices sí que me acuerdo", porque si lo niegas te bombardean con más datos que por supuesto tienes que tener grabados a fuego vivo en tu cerebro... aunque pasaran cuando todavía ibas dentro del cochecito de capota.

* TIPO 4 (los peores de todos): Los que son reales pero como sólo tú los recuerdas, se empeñan en decirte que son mentira.

Estos me tienen totalmente traumatizada. Yo tengo buena memoria (a veces me doy miedo a mí misma de lo precisa que puedo llegar a ser), así que cuando sé que algo pasó y me lo niegan... ¡¡¡me cabreo mucho!!! Una vez más, recurramos a un ejemplo (un trauma infantil que me acompañó hasta los 17 años).
Resulta que cuando era pequeña me quedé encerrada con una amiga en la habitación de mi hermano. Posiblemente no fue nada grabe, pero yo lo recuerdo con todo lujo de detalles: la puerta blanca, a mi amiga y a mí sentadas en la cama esperando que alguien la tirase abajo y a la gente al otro lado diciéndonos que no pasaba nada y que en poco tiempo nos iban a sacar.
Bueno, pues eso, QUE ES ABSOLUTAMENTE CIERTO, me lo estuvieron negando hasta los 17 años. Siempre me decían que no lo recordaban y, por tanto, que no había pasado (¡cómo no!); hasta que un día, el año que cumplí 16+1 (no me preguntéis por qué, pero no me gustaba decir 17... tonterías adolescentes), me reencontré con la amiga que había estado conmigo en esa situación... ¡¡¡y ella también se acordaba!!! Siempre le habían dicho que no... ¡¡¡pero por fin teníamos la prueba definitiva!!! De modo que me armé de paciencia y, sentada frente a mi madre, la interrogué hasta que lo reconoció. Fue como ganar una gran batalla, me sentí la reina del mundo. No me había vuelto loca. No me inventaba cosas (parece ser que era la habitación de mi hermano pero en una casa de veraneo... detalles insignificantes). Los que tenían mala memoria eran ellos.
Como este ejemplo, hay muchos más. Y es que los adultos (yo no seré uno de ellos hasta que cumpla... no sé, 120 años) son malos y tratan de borrar los recuerdos ajenos intentando ocultar que su memoria falla.
Por eso quiero hacer un llamamiento desde aquí a todos los recuerdos frustrados, semiolvidados y negados del mundo... ¡¡uníos y mostraos al mundo!!

25 de agosto de 2008

Esos momentos.

Todos padecemos más de lo que nos gustaría esos momentos en los que la situación es tan violenta que te quieres morir o por lo menos que te abduzcan los marcianos y te devuelvan a la tierra 50 años más tarde (aunque creo que caerte al suelo de bruces, a un charco, en un día lluvioso, delante del chico que tú consideras más guapo del mundo y que por supuesto te gusta y no sabe que tú existes sólo me pasa a mí, ¿verdad?) y yo pensaba hasta hace un par de años que subir en el ascensor con el vecino al que no entiendes cuando te habla y al que siempre respondes con monosílabos y movimientos de cejas suplicando dar la respuesta acertada era una de las peores situaciones... hasta que vine a a vivir a un segundo piso sin ascensor... y con una señora mayor de vecina.
Cabe decir que desde que se ha echado novio parece que ha rejuvenecido unos 20 años y que a veces me parece tener más vitalidad que yo, pero aún así cuando llegamos a casa al mismo tiempo siempre te dice "sube tú primero, que vas más rápido"... ya...
Puedes tener los pies llenos ampollas, llevar 7 horas fuera de casa y desear que venga un perro rabioso para que te los devore o incluso venir cargada del súper con 800 bolsas que pesan unos 2.000 kilos cada una... pero ella supone que vas a ser más rápida. Cómo no.
Y claro, eso no es lo peor... nooooo... lo peor es que, como va detrás de ti, eres plenamente consciente de que te está mirando el culo. Es lógico, es lo que tiene ir delante, pero no resulta nada agradable saberlo. Entonces empiezas a intentar ir más rápido sin resoplar (no vaya a parecer que no puedes ni respirar), al tiempo que tienes que contestar a frases chorras del tipo "estas escaleras cada día cuestan más, ¿eh?" y sonreír, porque aunque vaya tras de ti, como buena viejecilla que es, te está viendo la cara (debe de ser un poder que se adquiere con la edad) y vigila cada uno de tus gestos para contárselos a las vecinas.
Y hoy, para no variar, lo he sufrido con 30 grados en la calle, una tripa de 5 meses, dos bolsas del súper... y la vieja detrás, metiendo prisa y midiendo mentalmente mi culo... ¡qué horror!!

31 de julio de 2008

¿Qué pasaría si fuese rica?

Ayer por la tarde estábamos dando una vuelta cuando al pasar por delante de una administración de lotería vimos un cartel en el que ponía: "bote: 17 millones de euros"... ¡¡eso son muchos millones!! Entonces, como es habitual en los humanos, nos pusimos a divagar sobre qué haríamos con ese dinero.
Fuera aparte de lo típico de "me compraría una casa enorme con piscina" (¿una?, con esa pasta me compro tres o cuatro), intentamos ir más allá: ¿cambiaríamos?, ¿seguiríamos teniendo los mismos gustos?, ¿o nos convertiríamos en esa gente rica que sale en la tele y que tiene hasta los tapones de la bañera de oro?
Yo sé que me montaría un taller de manualidades del copón (no descarto contratar a alguien para que lije las cosas... ¡¡es una lata!!) y que les compraría una casita a mis peluches donde estuviesen protegidos del polvo y no existiesen esos carteles estúpidos que hay en las jugueterías en los que pone "prohibido tocar" (¿cómo se puede comprar alguien un peluche sin achucharlo primero? es absurdo...). Pero la duda es, ¿seguiría buscando tiendas baratas de pegatinas?, ¿me compraría todos los peluches que me gusten sin tener que sacrificar darles un hogar por falta de sitio y dinero, que es lo que me pasa ahora?, ¿seguiría comprando los DVD de Disney en el "Media Market" porque son más baratos que en la "Disney Store"? Hacer todas esas cosas son parte de mí, al igual que tener un Clio que no puede correr mucho (nunca he superado los 100 km/h y no necesito más... aunque quizá me gustaría uno con aire acondicionado), un reloj de pulsera sin diamantes rosas incrustados en las manillas, y un móvil que no puede viajar al espacio él solo, contactar con los marcianos y volver a contarnos qué le han dicho.
Es fácil decir "yo seguiría siendo como ahora" pero... ¿de verdad nos gustaría seguir siendo pobres... pudiendo ser ricos?

30 de julio de 2008

Confesión.

Ayer me salté un semáforo en rojo. Sin querer, por supuesto.
Iba toda feliz conduciendo por una carretera relativamente conocida (hacía tiempo que no pasaba por allí) y, al salir de la rotonda vi el paso de cebra... pero no vi el semáforo. Cuando estaba atravesándolo descubrí la luz roja por el rabillo del ojo, mirándome inquisitiva, y escuche un "te acabas de saltar un semáforo"... ¡¡¡¡¡¡lo sientooooooooo!!!!!!
Hacía tiempo que no me sentía tan mal, de verdad. Creo que hubiese sido capaz de dar marcha atrás para pararme allí a esperar que se pusiese en verde... pero hubiese sido peor el remedio que la enfermedad.
Cierto es que no hubo ninguno peligro porque no regulaba ningún cruce, era uno de esos que "sólo" sirven para que los peatones crucen (y no había nadie, eso puedo asegurarlo)... ¡¡¡¡pero me lo salté!!!! Me auto-impuse un castigo (no me comí el helado italiano rico que íbamos a tomar con unos amigos) y pasé los siguientes 5 minutos diciendo en alto "perdón, perdón, perdón"... pero desde aquí reconozco mi error y prometo fustigarme con un látigo de cuero rosa y echarme vinagre con sal sobre la herida, para aprender la lección.
¡MEA CULPAAAAAAAAA!

25 de julio de 2008

Buscando el sol... que más quema.

Empecemos haciendo dos aclaraciones:
1ª A pesar de ser de Bilbo, y tal y como muchos de vosotros sabéis, vivo en Canarias.
2ª ¡¡No es verdad que no me gusta la playa!!
Ahora es cuando me explico.
Soy blanca... muy blanca. De hecho, me atrevería a decir que soy transparente (tanto que brillo en la oscuridad, como las pegatinas con forma de estrellita que tenía en el techo de mi antigua habitación). Y me quemo con nada. Da igual que me eche cremas de alta protección (incluso extrema), me esconda en las sombras de las palmeras o me entierre en la arena; la primera vez que estuve en esta isla acabé como un langostino a la parrilla... ¡¡y sólo por dar un paseo en la playa!! Y eso explica, entre otras razones, que la gente piense que no me gusta la playa... ¡¡porque nunca estoy dispuesta a ir a las horas que quieren ir!!
Mi marido y yo solemos ir al sur, a eso de las 5 de la tarde y a una playa enorme en la que no hay un paseo cerca donde se ponga la gente a mirar cómo se te marca el michelín (¿por qué nos da vergüenza que nos vean en ropa interior y tenemos que estar a gusto en bañador?, ¡¡¡pero si son más indiscretos todavía!!). Las cosas como son: para cuando llegamos la gente está levantando el campamento y ya no sientes que el sol te arranca la piel a tiras, pero es la única manera de no acabar como un camarón cocido. Si por mí fuera, me tiraría la vida metida en el agua o haciendo castillos de arena, en contra de lo que cualquier persona que me conoce diría. ¿Y la piscina? La última vez que estuve en un hotel con piscina salía del agua porque Antonio me "obligaba" para echarme crema, que sino podía estar todo el día dentro... y no estoy exagerando.
Así que no entiendo cómo la gente va a achicharrarse al sol a las 2 de la tarde y luego te ponen carita de pena cuando se abrasan... ¡yo se lo advertí! Una amiga mía, que según ella no se había quemado nunca, acabó con un bote de aftersun como mejor aliado... ¡pero sigue "enfadándose" conmigo porque no voy con ella a la playa a esas horas!
Hay cosas incomprensibles, y esta es una de ellas.
Así que, que quede claro: me gusta la playa, me encanta la piscina, mi capacidad para estar tumbada al sol sin hacer nada ronda los 15 minutos (como máximo)... ¡¡¡y nunca iré con vosotros a la playa!!! Mis michelines me lo prohíben.

16 de julio de 2008

Uno de esos días.

Hay días en los que te despiertas y cuando sacas un pie de la cama quisieras poder desaparecer. Sin embargo hay otros días en los que lo ves todo diferente; posiblemente no haya cambiado nada, ni tan siquiera el tiempo, pero la forma de ver las cosas pasa de ser negro azabache a gris... oscuro, pero gris.
Y hoy es uno de esos días. ¿Por qué? No lo sé. Quizá por la fuerza que me da mi pequeña Ixone o porque la gente que me quiere me demuestra que podré conseguirlo, sea como sea. Hace algo más de 5 años me aventuré en el mayor viaje de mi vida y fue un riesgo. Sabía que iba a salir bien. Lo sentía. Y así fue.
5 años más tarde voy a cometer una locura aún mayor... pero sé que va a salir bien. ¿Por qué? Por la gente que me quiere. Por la gente que me necesita (y a la que necesito). Por el futuro de mi niña. Y porque hay cosas que se saben. Sin razón aparente. Sin motivo alguno.
Mi vida va a cambiar. Y va a cambiar a mejor. Eso seguro.
Eskerrik asko, desde lo más profundo de mi corazón, a todos los que me estáis a ayudando a dar este paso. No podría hacerlo sin vosotros.