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3 de junio de 2012

La gran aventura.

Me pasan cosas raras; cosas de esas que la gente te cuenta como "a la hija de la prima de la sobrina le pasó" y no te crees... pero yo me las creo porque las vivo en primera persona. 
No suelo salir mucho "por la noche" (entiéndase como un horario posterior a las 8 de la tarde), pero el otro día unas amigas me convencieron para ir a tomar algo en plan tranquilo. Mira que ya sabía yo que algo tenía que pasar... pero piqué. Hacía bueno, llevaba una semana encerrada en casa con el bicho y la otitis, me apetecía echarme unas risas recordando viejos tiempos... en fin, excusas varias. 
Así que ahí estaba yo cogiendo el metro a las 8 de la tarde (¡¡8 de la tarde!! dios, qué divertido es trasnochar), dispuesta a pasarlo bien. Y eso se cumplió, para qué nos vamos a engañar.
El hecho de montarme en el último vagón del metro y descubrir que estaba lleno de serrín porque alguna pobre criatura había echado hasta la papilla me tenía que haber dejado ver que la noche iba a ser intensa... pero preferí obviar las señales.
Estando ya las cuatro juntas, y tras sacar una foto de recuerdo porque a pesar de vivir en la misma ciudad sólo coincidimos una vez cada 3 años (y no es broma), nos sentamos a tomar algo. Todas somos adultas. Todas estamos casadas u/o/y arrejuntadas. Todas rondamos los 30 (¡por lo bajo eh!). Todas toman cerveza y vino... todas menos yo, claro. Un batido de chocolate, por favor. Tres caras que son un poema. Descojonadas de la risa. ¡Batido de chocolate! Pajita incluida, por supuesto. Creo que todavía se están partiendo la caja. Soy así, qué le vamos a hacer. 
El tiempo pasa, y como tenía que haber supuesto, el "tomar algo en plan tranquilo" se convierte en "¿nos vamos a cenar algo". El plan mola. Llamo a casa para avisar de que no me han secuestrado y que llegaré un poco más tarde. Todo en orden. 
Nos vamos a uno de esos bares multitarea donde lo mismo te ponen un café como te cocinan un plato combinado. ¿Razón? Las hamburguesas están muy buenas. Vale. 4 hamburguesas, por favor. Y ahí es cuando empieza el principio del fin. 
Mi hamburguesa estaba rica. Cierto. Quizá le faltaban unas patatas fritas para acompañar. Cierto también. Y cuando me he comido la mitad... ¡¡descubro que no tiene carne!! Lo mío es grave. Mis amigas no se lo pueden creer. Yo tampoco. Se lo digo a la camarera, que se queda flipada (más que nada porque me he comido la mitad antes de darme cuenta del fallo). Mil millones de disculpas, las 4 muertas de risa en la mesa, y una hamburguesa nueva y completa en mi plato. Ni de coña me voy a comer esa pedazo de hamburguesa entera. Y lo peor de todo... ¡¡la que no tenía carne estaba más rica!! Repito y reitero, estas cosas sólo me pasan a mi. 
Una vez cenadas, salimos a la calle y me engañan para acercarnos a un bar tipo pub (¡por qué, por qué, por quééééé!). De esto hablaré en otra entrada porque da mucho de sí. 
Son las 12:15. Dios, salí AYER de casa y todavía estoy "de fiesta". La locura. Despedidas, promesas de no dejar pasar otros 3 años para quedar... y nos vamos todas menos una al tren. 
* Nota: ¿Por qué el tren es tan caro? Muy fuerte. Tres veces más caro que el metro. Pero vale, una vez es una vez. 
Llegamos al andén y no hay nadie. Miento, un señor que pasea por allí como quien pasea por la gran vía un domingo con las tiendas cerradas. Nos ponemos a hablar, cotillearr... blablabla... media hora más tarde ahí seguimos y empezamos a preguntarnos "¿habrá tren?". Vamos a ver. La estación estaba abierta. Las canceladoras tambien. TIENE QUE HABER TREN. ¿O no? La 1 de la mañana. Esto ya son palabras mayores. Lo mismo me convierto en calabaza. El señor se ha ido. Preocupante. Se nos ocurre la genial idea de consultar por internet (¿cómo hemos sobrevivido sin móvil tantos años?) los horarios. Y no, no hay tren. El descojono. Menos mal que nos lo tomamos con humor. 
Teníamos que estar de foto: la tres muertas de la risa, con cara de idiotas, recorriendo la estación del tren 40 minutos después de haber entrado. Llegamos a la canceladora y "destino incorrecto". ¡¡Me tienen que estar vacilando!! Somos tres: una ha conseguido pasar, la otra está intentando escalar por la máquina para "colarse" y la que falta, osea yo, me estoy riendo tanto que no atino a hacer nada para salir de ahí. Juro que pensé iba a tener que llamar a los bomberos para que me rescaten. Pero no, a base de insultar a la máquina y meter tarjetas de transporte, no sé cómo, conseguí salir.
La 1:30. ¿Hay metro? sí, hasta las 2... ¿verdad? Paso ligero hasta el metro, canticos varios pidiéndole a los dioses que no perdamos el último y risas, muchas risas. Sí, está abierto. Sólo hay que esperar 20 minutos para que llegue... y nos deje a tomar por saco de casa, porque por algo íbamos a coger el tren, claro. 
A ver quien es el valiente que espera al bus nocturno o, pero aún, que se atreve a ir andando hasta casa sola, a esas horas. Que lo mismo vienen los marcianos y me llevan con ellos... aunque tampoco estaría mal, lo mismo tienen una versión marciana de Ikea en su planeta y allí también te puedes comer un "ñamblat" por 50 céntimos. Ya estoy desvariando...
Decidido: cojo un taxi. ¡Yo cogiendo un taxi! Me estoy haciendo mayor. Y tengo 5 eurazos en la cartera. Con eso me llaga fijo... ¿no? Mejor saco dinero en el cajero, no vaya a ser que me deje tirada a mitad de camino y sea peor. ¿Y si el cajero está cerrado? Una amiga se apiada de mí alegando "eres tú, seguro que te pasa algo" y me deja otras 5 eurazos. Esto es tentar a la suerte, seguro que me atracan. 
Y sí, me atracan: ¡¡en el taxi!! Madre de dios del amor hermoso... subida de bandera: ¡¡¡5´13 euros!!!
5 minutos más tarde, estoy en mi casa. Sana y salva. Son las 2:10 de la mañana. A ver quien es el valiente que me convence para ir a tomar algo "en plan tranquilo". 

30 de mayo de 2012

La casa de Mickey, la otitis y los billetes de avión.

Puedo prometer y prometo que voy a dejar de decir esta frase en breve, pero es que es la verdad: mi vida ha cambiado. Cuando comencé con este blog, escribía en él sentada en la silla del escritorio que tenía en la "habitación del caos", con su mesa, su teclado y su pedazo de ordenador de sobremesa con una torre del tamaño de una nevera portátil, mientras escuchaba en la radio algún cd que me encantase.
Hoy, sin embargo, retomo el blog desde el sofá, con mi portátil del arcaico sobre las piernas, mi bichito sentada a mi lado triturando galletas con chocolate y viendo el énesimo capítulo da la casa de Mickey Mouse (es lo que tiene amanecer con 39 de fiebre y una otitis galopante: licencia absoluta para hacer lo que le da la gana). Para qué nos vamos a engañar: es complicado concentrarse en escribir algo decente cuando tienes que pensar, teclear, hacer mimos con una mano, sujetar el ratón con la otra y, por si fuera poco, prestar atención a las preguntas que salen por la boca del dichoso Mickey. 
¿Se puede complicar más la situación? Sí, se puede. Prueba a hacer todo eso y, al mismo tiempo, buscar tres billetes de avión a Canarias. Para agosto. Y que no sean caros. O, al menos, que no impliquen tener que donar un riñon y el hígado. Hasta la cabeza me duele de la presión.
Pero una, que es aplicada y cabezona hasta el aburrimiento, y que hace uso de los superpoderes de concentración a la par que de abstracción... ¡¡logra el objetivo!!
No sé si sorprenderme de mi habilidad para la multitarea, ponerme a mí misma un monumento por haber conseguido los billetes a "buen precio" (de eso hablaremos en otra entrada) o encerrarme en algún armario con la esperanza de que el bicho se apiade de mí y al menos me deje cambiar de canal y ver otros dibujos esta tarde. 

Decisión tomada.

Y, como os habréis dado cuenta, es que he decidido quedarme con el blog; eso sí, con un cambio de imagen radical. 
¿Por qué? Bueno, son mis orígenes, mis primeros pasos por este mundillo llamado "blogosfera" y, aunque he cambiado, hay cosas que quiero y necesito mantener. 
Porque aún recuerdo el día que lo creé, con más cara de susto que de otra cosa, cuando ni tan siquiera sabía muy bien cómo funcionaba nada; por esas calurosas mañanas canarias en las que me tiraba horas y horas escribiendo en él como si de un diario se tratase y... porque sí. Porque es mi blog. 

28 de mayo de 2012

¿Vuelvo?

Volver o no volver... esa es la cuestión.
El pobre blog lleva abandonado... uuufff... demasiado tiempo... y de un tiempo a esta parte vuelvo a sentir la imperiosa necesidad de escribir y despotricar sobre el mundo que me rodea. 
Muchas cosas han cambiado, eso es verdad. Sigo siendo la misma (pero con un bichito que corretea a mi alrededor), pero ahora me interesan y afectan otras cosas. ¿Será que me hago mayor?, ¿serán las canas cada vez más presentes en mi pelo las que me hacen cambiar de perspectiva?, ¿será que ahora soy madre? Sea como sea, ya no soy la misma. 
Y esa es la mayor de las dudas: mantengo este blog, al que tanto quiero y alegrías me ha dado, ¿o creo uno nuevo, como quien cambia de vida?
Se aceptan sugerencias... si es que aún hay alguien que lo lea :)

2 de mayo de 2009

Mis queridos vecinos.

Mis queridos vecinos, que acostáis a vuestros pequeños gemelos de dos años a las 11 de la noche en los días "normales" y más tarde de las 12 en los fines de semana y festivos.
Mis queridos vecinos, que dejáis vuestras cosas en el rellano de la escalera como si fuese parte de vuestra casa y no una zona común en la que no debería haber nada.
Mis queridos vecinos, que hacéis fiestas en vuestra casa de 40 metros cuadrados invitando a toda la familia y haciendo partícipes (involuntarios, por supuesto) de vuestras celebraciones al resto de los que vivimos en vuestro mismo edificio.
Mis queridos vecinos, que pasáis la aspiradora a las 10 de la noche aún sabiendo que el suelo de la casa es de madera y molestáis a todo el mundo.
Mis queridos vecinos, que despertáis a mi pobre hijita por culpa de vuestros ruidos y brusquedades.
Mis queridos vecinos, que parece que participáis a diario en una competición de portazos.
Mis queridos vecinos, que no sentís respeto por nada ni por nadie. Que sois motivo de mis más profundos y malvados pensamientos. Que inspiráis maldades diversas en mí.
Mis queridos vecinos... algún día venderé esta casa (o la alquilaré) y buscaré a un nuevo inquilino ruidoso, sucio y maleducado para que os haga companía. Para que os sintáis como en casa. Para que, en definitiva, viváis con gente de vuestra calaña.
Mis queridos vecinos...

23 de diciembre de 2008

Feliz Navidad.

No, no me han abducido los marcianos ni me he tragado una alcantarilla... sigo vivita y coleando, aunque con unos niveles de estrés que pensé jamás podría alcanzar ningún ser humano. Encerrada en la cocina de mi nueva casa, con dos carpinteros llenándome la sala de polvo (tienen la excusa perfecta: ¡¡ponerme una puerta blindada nueva!!) y a falta de comprar un par de regalos de Navidad, he decidido dar señales de vida (que ya era hora, lo sé) para felicitaros a todos la Navidad y deciros que, aunque no sé muy bien cuándo, prometo reanimar el blog, que ya sé que lo tengo bastante abandonado... pero que conste que es por razones de fuerza mayor, ¿eh?
Desde aquí os mando todos mis buenos deseos y esas cosas típicas navideñas y, sobre todo, fuerzas para la cena de navidad, para comer hasta reventar, para abrir muchos regalitos, aguantar el chaparrón familiar y... ¡¡ser capaces de comeros un kilo de langostinos del tirón!!
Lo dicho:
¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

18 de noviembre de 2008

2 años ya...

El tiempo pasa rápido y, aunque hoy parezca un día cualquiera, hace exactamente dos años fue, sin duda, el más feliz de mi vida.
Gracias por hacerlo realidad y, sobre todo, por darme el mejor regalo de aniversario que jamás soñé poder tener: nuestra pequeña Ixone creciendo en mi interior.
Te quiero cariño. En lo bueno. En lo malo. Con lluvia. Con sol. Y, sobre todo, en cualquier lugar del mundo. Para siempre.

16 de noviembre de 2008

Reformar o no reformar... he ahí la cuestión.

Finalmente... ¡me compré la casa! Así que ya soy propietaria, ¡cómo mola! El día que firmas las escrituras, te arruinas y te dan las llaves te sientes como raro... al menos a mí me pasó. Vas a tu casa, que aún tiene una pequeña parte de los inquilinos anteriores (en mi caso esa pequeña parte eran pelusas del tamaño de un diplodocus) mirando cada rincón y tratando de imaginar tu vida allí dentro... pero primero hay que pasar por la temida fase de ¡¡¡las reformas!!!
Miedo, mucho miedo. Pero de perdidos al río, qué carajo.
Después de tantear un par de empresas y decidirme por una en concreto (conocidos de mi aita... si es que la confianza da asco... ¡el electricista me conoce desde que era cría!), llega el momento de ponerse serios, poner cara de poquer y, con una mano sobre la tripa y la otra estrujando el ciático a ver si deja de molestar un ratito, hacerles saber que no tienes tiempo para tonterías y que, al menos en tu caso, es estrictamente necesaria una fecha de fin inamovible. Y es que a nadie le gusta cabrear a una embarazada, eso está claro.
Así que te compras la casa, tu casa... y pagas a alguien para que te la destroce... también son ganas la verdad. Si es que parezco masoca. En estas dos últimas semanas me han tirado dos tabiques, han hecho agujeros en las paredes y me han llenado los marcos de las puertas de chorretones de cemento... ¡¡y encima me cobran!! Y ahora "sólo" falta que me levanten el suelo completamente para ponerlo nuevo... vamos, que los vecinos tienen que estar encantados con los nuevos inquilinos... jejejejeje...
Aparte de eso (y de haber visto medio desnudo a uno de los obreros... ¡pero fue sin querer!), todo va bien. Estamos dentro de fechas y, con suerte, en dos semanitas ya estará todo terminado... ¡prometo seguir informando!

27 de octubre de 2008

Buscando casa (capítulo 5).

* Casa 12: "¿dónde está el truco?".

Segundo piso con ascensor. Cocina y baño reformados. Ventanas nuevas. Calefacción de bajo consumo. Buen barrio. Al lado de dos parques. Precio sorprendente (lo que no significa que sea bajo, ¿eh? Aunque para lo que se ve por ahí...). Cuando me llamaron de la inmobiliaria, obviamente pensé que había gato encerrado y fui a verlo en actitud bastante escéptica... hasta que entré y vi que era todo cierto. Una cocina enorme, nueva y totalmente equipada (¡¡con lavavajillas!!). Un baño no muy grande pero reformado, con ducha y grifos tan fashion que voy a tener que hacer un master para saber utilizarlos. Sala y dos dormitorios. ¿El truco? Los dueños tienen que vender el piso por narices y lo acaban de bajar un 20%. En definitiva: piden por él lo que les costó a ellos... hace cinco años.
Veredicto: ¡¡¡me lo quedooooooo!!!
Continuará...

¡¡Mi cocheeee!!

Ha llegado el coche. Después de tanto rollo con los dichosos papeles para poder ir a recogerlo al puerto (se han tirado más de una semana intentando encontrar maneras para cobrarnos más de lo que ya habíamos pagado para traerlo), el otro día fui a buscarlo. Después de recorrer el puerto con cara de despistada, pararme detrás de una fila de camiones, dar un par de vueltas a lo tonto y decidirme, finalmente, por preguntar dónde era, encontré el almacén donde tenían el container. Y no fue fácil hablar con el encargado, un espécimen digno de ser llamado “el eslabón perdido”, con olor a chimichurri, una camiseta naranja fosforita llena de mierda, cara de llevar de resaca desde el año pasado y un único brazo. Me daban escalofríos sólo de mriarlo... y después casi me da algo cuando se puso a rascarse la espalda y me enseñó la raja del culo... una visión que mucho me temo ha quedado grabada a fuego en mi cerebro por siempre jamás.
Después de comprobar que tenía todos los papeles y hacerme preguntas del tipo “si no eres capaz de decirme exactamente el número del container que tengo que abrir no te doy el coche”, tuve que esperar a que viniese un guardia civil a abrirlo y controlar lo que había dentro (ni que haya metido el arca de noé en el maletero), para dar el visto bueno y sacarlo. Esta operación, aparentemente sencilla, duró aproximadamente una hora porque luego tuve que esperar a que viniese alguien a quitarle los “arneses” y luego a que viniese alguien a sacarlo, cosa que también podía hacer hecho yo, pero bueno.
Y así, hora y media después de mi entrada en el puerto y tras saludar a los de la aduana con cara de buena para que no me parasen (que no tenía nada que esconder, ¿eh? Pero tampoco me apetecía tirarme allí toda la mañana), salimos mi coche y yo triunfantes, dispuestos a perdernos por estas nuevas carreteras y aterrorizados pensando que si nos descuidamos podemos acabar en Cuenca.
Próximo objetivo: ser capaz de ir de excursión sin perdernos.

Buscando casa (capítulo 4).

* Casa 9: "mira lo que no te puedes comprar".

No sé qué tipo de táctica comercial será, pero me parece de lo más cruel enseñarte casas que no entran para nada dentro de tu presupuesto. Y esto fue lo que pasó en este caso: una casa grande, muy bien situada, en perfecto estado... y que superaba en unos 10 millones mis posibilidades... y es que los de las inmobiliarias deben de pensar que pedir una hipoteca es como comprarse unos zapatos nuevos... vamos, nada que te vaya a acompañar durante los próximos 40 años.
Veredicto: si pudiera... pero no es el caso. Siguiente casa, por favor.

* Casa 10: "la extraña distribución".

Para llegar hasta esta tuve que subir unas 100 escaleras empinadas... pero no me dejaron quejarme, a pesar de la pedazo de tripa que tengo a estas alturas, porque como soy joven unas “escaleritas de nada” no son impedimento suficiente para negarme a comprar una casa... ¡faltaría más! Lo cierto es que no recuerdo demasiado bien la casa (salvo que a uno de los dormitorios se entraba a través de la cocina... ¿?), pero si llego a escuchar una vez más que “el barrio es muy tranquilo” mato a alguien... eso no era tranquilidad, eso era como vivir en mitad de la nada, con la única compañía de un bar y 6 viejos sentados en un banco... ¡¡qué lata!!
Veredicto: demasiadas escaleras, gracias. Siguiente casa por favor.

* Casa 11: "¡¡el muro ni tocar!!".

Esta estaba al lado de la anterior, de modo que el tema de las escaleras y la dichosa tranquilidad seguían presente... mal rollo. Pero lo mejor de todo era la oposición del dueño a cualquier tipo de reforma. Vamos a ver... si tú vendes una casa deja de ser tuya y, por lo tanto, dejas de tener poder decisivo sobre las futuras reformas, ¿no? Pues no... el chico en cuestión se indignaba de manera sorprendente si insinuabas que “tirando esta pared podría quedar bien”, “habrçia que arreglar el suelo” o “esta persiana está estropeada, ¿verdad?”. Su respuesta, acompañada de una mirada amenazante, siempre era la misma: “ah no no, esta casa no se toca, que yo he vivido aquí toda mi vida y está perfecta”. Pues quédate tú, campeón.
Veredicto: directamente, no me interesa. Siguiente casa, por favor.

* Casa 13: "¿qué hace esta niña merendando aquí?".

La zona seguía siendo la misma: misma tranquilidad (o cantidad suficiente de aburrimiento como para cortarte las venas cualquier domingo por la tarde), mismas escaleras y mismos viejos vigilándote desde un banco. Una casa bastante vieja, hecha polvo, a reformar casi por completo... ¡¡¡y con una niña merendando dentro!! Casi me da un infarto cuando entré en la habitación de una casa deshabitada y encontré a una cría de unos 5 años comiéndose un trozo de bocata y un yogur apoyada en una banqueta y mirándome con cara de “¿qué haces tú en mi territorio?”.
Veredicto: la casa no me mola y la niña me da mucho miedo. Siguiente casa, por favor.

Buscando casa (capítulo 3).

* Casa 6: "los vecinos me dan miedo".

Segundo piso sin ascensor... uuuffff... Pero vamos a darle una oportunidad, que no están las cosas para ponerse tontos. La casa era enorme: cocina gigantesca, dormitorios muy grandes, una pequeña despensa, un baño grande... sólo tenía dos inconvenientes: la zona (excesivamente cercana a una de las peores calles de Bilbao) y el desconcertante cartel que había en el portal y las escaleras: “prohibido tirar basura por la ventana o dejarla en los pasillos”... malo, muy malo. Porque sé por experiencia que, para cuando pones ese tipo de cartel, es que estás hasta las narices de que lo hagan.
Veredicto: si no fuera por los vecinos... Siguiente casa, por favor.

* Casa 7: "¿el gato entra en el precio?".

Ver una casa sin luz es complicado, por mucho que lleves una linterna... y más cuando uno de los dormitorios no tiene ventana (según el subnormal de la inmobiliaria, en una habitación de bebé no es necesaria la ventilación... ¿qué clase de padre es este tío?). Y si a eso le sumas que dentro vive, abandonado, un pobre gato al que llevan unos 3 meses sin cambiarle las piedras, todo empeora. Casi no recuerdo la casa y soy totalmente incapaz de hablar de la distribución, pero recuerdo claramente que estaba llena de mierda hasta límites insospechados y que se me partía el alma al ver al pobre animal, tratando de llamar nuestra atención de todas las maneras habidas y por haber, siguiéndonos y ronroneando como si le fuese la vida en ello. Le puse agua fría, para que al menos no se deshidratase... y estuve a puntito de dejarle una ventana abierta, para que pudiese escaparse. No se le puede hacer eso a un animal. Si no llega a ser porque ahora mismo no puedo tener gato, me lo llevo. Me da igual que en teoría tenga dueño. Tenía que haber llamado a la asociación protectora de animales para que lo rescaten.
Veredicto: “sin palabras... sólo algunas lágrimas por el pobre animal”. Siguiente casa, por favor.

* Casa 8: "la cienciología".

Desconcertante. Creo que es el mejor adjetivo aplicable... a la dueña. Una casa reformada, pequeña, sin ascensor (¡qué raro!) y en un barrio un poco “especial”. Pero lo mejor de todo, sin duda alguna, era la señora que estaba esperándonos. Supuestamente utilizaban la casa como oficina, lo que explica que no le importase que los dormitorios fuesen la cosa más pequeña que te puedas imaginar. Según el de la inmobiliaria (el mismo capullo que dijo lo de que un dormitorio de bebé no necesita ventilación) la entrada era el sitio ideal “para que jueguen los niños”. Desde luego, en el cuarto no entraba ni una caja de legos... pero de ahí a meter a mi niña en un hall como si fuese un paragüero... en fin. La casa estaba llena de libros sobre la cienciología (estuve buscando a Tom Cruise dentro de los cajones... pero no estaba) y la señora, que no paraba de vigilarnos, nos explicó claramente por qué tenía una alarma instalada y cajas fuertes repartidas por toda la casa “tengo un negocio de ropa y lo llevamos desde aquí, de ahí lo de la seguridad... no vayáis a pensar que es un barrio peligroso, ¿eh? Que los vecinos son muy legales... vamos, ¡que son todos vascos!” Toma castaña. No sabía si llorar o echarme a reír. Impresionante.
Veredicto: va a ser que no. Siguiente casa, por favor.

Buscando casa (capítulo 2).

* Casa número 2: "para reformarla así, mejor no hagas nada".

No tenía mala pinta: sexto piso con ascensor, reformada, zona céntrica (cerca de donde he vivido toda mi vida) y cerca del metro. Vamos a ello. El dueño (bueno, el padre del dueño) estaba esperándonos en el portal, como si no se fiase del de la inmobiliaria. Era el típico edificio del año tres antes de cristo al que le han plantado un ascensor en lo que antiguamente era un patio: cumple su función, pero es diminutísimo. El piso resultó ser... indescriptible. La primera impresión (antes de atravesar la puerta de entrada) no era mala: paredes enlucidas pintadas de azul clarito y suelo de madera. Pero repito, eso era sólo la primera impresión. Al entrar descubrías que la cocina estaba en el pasillo, prácticamente no tenía encimera y el fregadero sobresalía de una manera sospechosa... no tardamos demasiado en descubrir la razón... cumplía doble función: también era el lavabo del baño. Y no, no estoy de broma. En pleno siglo XXI, hay gente que tiene la poca vergüenza de pedir una barbaridad por un piso que no tiene lavabo en el baño. Y es que eso no era todo: para entrar en la ducha (por llamarla del alguna manera) había que subirse a la taza del water. Y repito que no estoy de broma. El señor tuvo el detalle de decirme que la anterior dueña, “era “más grande que tú” y cabía perfectamente”... sutíl manera de llamar gorda a una supuesta posible compradora. A parte de eso, el piso tenía unos 25 metros cuadrados, era abuhardillado (algunas ventanas estaban a 5 centímetros del suelo) y, aunque el pobre hombre de la inmobiliaria trató de razonar con él y decirle que si pretendía venderlo tená que bajarle el precio en unos 8 millones (mínimo), el se indignó e insinuó que de 3.000 euros no lo bajaba, y eso si le pillábamos en un buen día.
Veredicto: me tienen que estar vacilando. Siguiente casa, por favor.

* Casas 3 y 4: "las hermanas de la escalera cutre".

Segundo y cuarto piso del mismo edificio... sin ascensor. Las escaleras eran... madre de dios del amor hermoso, qué miedo. Fuera aparte de que eran bastante incómodas de subir (mucho escalón bajo) estaban hechas un cuadro. Los pisos no estaban mal del todo, y menos después de lo que habíamos visto... pero tenían un “yo que sé” que no nos convencía.
Veredicto: Se quedan en la reserva, para un caso de emergencia. Siguiente casa, por favor.

* Casa 5: "el buen feeling".

La casa te tiene que gustar, fuera aparte de las condiciones en las que esté. Y con esta pasó eso exactamente. Un edificio antiguo, el piso hecho polvo (a reformar totalmente)... pero me inspiraba, y mucho. Tenía todas las posibilidades del mundo... si conseguíamos que la dueña entrase en razón y negociase el precio (en teoría estaba dispuesta). Incluso llegué a ir con gente para que me calculase lo que me podía costar reformarlo (una pasta, cómo no). Pero la vieja amargada no entró en razón... y se pasaba de mi presupuesto. Una pena, un chasco... ojalá se le queme y se quede sin poder venderlo.
Veredicto: qué se le va a hacer. Siguiente casa, por favor.

Buscando casa (capítulo 1).

Había oído muchas leyendas sobre la búsqueda de casas... pero no te lo crees hasta que lo vives. Todos los tópicos imaginables sobre el tema se quedan pequeños cuando te pones a ello, es impresionante. Y es que a lo largo de este mes he visto casas (por llamarlas de alguna manera) dignas de ser el telón de fondo de películas de terror con zombies, criaturas salvajes y asesinos en serie que usan la motosierra como cepillo de dientes.
Aquí va un pequeño resumen de las mejores, sin entrar en detalles escabrosos como la cantidad ingente de dinero que piden por ellas, para que os hagáis una idea:

* Casa número 1: "¡¡no quepo!!".

Segundo piso sin ascensor. Mal empezamos. Y más cuando descubro que mis pedazo de pies (un 43, ni más ni menos) no caben en los escalones del portal... y no es broma. El baño... en fin, mi tripa y yo no cabíamos por la puerta (y tampoco es broma), inconveniente que se agravará en los próximos 3 meses, por descontado. La cocina estaba reformada... me parto. Cierto es que los muebles eran nuevos y que había hasta lavavajillas, pero alguna mente enferma había decidido quitarle como medio metro al baño para ampliar la cocina... lo que no sería un mal plan si el baño fuese grande y no hubiesen metido en ese medio metro una encimera con el fregadero... ¡¡¡era imposible acceder hasta él!!! Al menos si tienes carne sobre los huesos, y yo de eso tengo un poco. El dormitorio tenía terraza... buen detalle... si pudieses acceder a ella, claro. El espacio entre la cama y la pared era, nuevamente, demasiado pequeño para que cupiesen mis pies (estoy empezando a plantearme seriamente cortarme los dedos), de modo que tenías que pasar con el culo pegado a la pared y los tobillos girados unos 45 grados, postura de lo más cómoda y práctica, sobre todo si tienes prisa. Pero mi detalle favorito fue, sin duda alguna... ¡¡que para colgar la ropa había que mover el sofá!! Y hablo de un sofá de 2 plazas, de esos que tiene todo le mundo en casa y que, aunque no pesan tonelada y media, tampoco son precisamente ligeros.
Veredicto: se han vuelto todos locos. Siguiente casa, por favor.

10 de octubre de 2008

La vecina.

Todos tenemos vecinos a los que nos gustaría asesinar de la manera más cruel imaginada por la mente del hombre más psicópata del mundo... y a pesar de estar exiliada no me he librado de ella.
Imaginaos que tenéis una casa grande, preciosa, luminosa, con terraza, garaje, trastero y todo lo que pudieseis desear... menos sitio para colgar la ropa. ¿Por qué? Porque tu vecina, esa a la que te gustaría arrancarle los dedos para hacer pinzas para la ropa con ellos y dejarle las dos manos en plan muñón, decidió en algún momento de su vida que quería fastidiarte a ti personalmente y te impidió poner más cuerdas (de esas que van de ventana a ventana).
La razón la desconozco, pero supongo que será algún trauma de la infancia relacionado con que su madre la colgase patas abajo de un árbol.
Así que cada vez que pones una lavadora tienes que colgarlo todo hecho una pasa para que las pobres cuerdas den de sí... y a pesar de todo siempre queda por ahí algún pobre calcetín, triste porque lo has alejado de su familia, y que se vengará de ti poniéndose rígido y raspándote toda la suela del pie, para que sepas lo que es sufrir.
Y esta mañana la he visto. He abierto la ventana y ahí estaba ella recogiendo la ropa de sus dos solitarias cuerdas. Juro que me han dado ganas de tirarle la cesta de las pinzas a la cabeza y decir que ha sido un accidente. Pero como puedo llegar a ser más falsa que Judas he puesto la mejor de mis sonrisas (confiando en tener algún diente manchado de cola-cao para que pensase que soy una bruja mala malísima que crea pócimas de esas super chungas de mal de ojo... o algo peor) y la he saludado cortesmente... lo que no impide que haya tenido todo tipo de pensamientos malvados y que mi plan de hacer que su ropa se caiga al patio misteriosamente siga adelante. Porque yo soy buena (en general), pero mis calcetines tienen derecho a poder secarse con tranquilidad... ¡¡lucharé para defenderles ya que ellos no pueden!!

9 de octubre de 2008

Desde el exilio.

Después de sobrevivir a la mudanza (no sé cómo, porque todavía tengo pesadillas en las que se confunden y me meten a mí dentro de una de las cajas) y a pesar de estar en mitad de la búsqueda de una casa (tema del que prometo hablaros porque no tiene desperdicio), he decidido que ya era hora de volver, retomar el blog y, aunque sea desde el portátil y sentada en la cocina, seguiros contando pequeñas partes de mi vida, bastante ajetreada últimamente.
Espero que sigáis ahí y que no os hayáis aburrido de esperar... ¡¡he vuelto!!

28 de septiembre de 2008

Cerrado por mudanza.


Muchos de vosotros ya sabéis que la semana que viene nos mudamos a Bilbo (¡¡¡vuelvo a mi tierra!!!)... y creo que una de las consecuencias más inmediatas es que voy a estar desaparecida un tiempo.
Mañana vienen a ayudarnos a empaquetar las cosas (madre de dios del amor hermoso... ¿cómo es posible tener tantas "porquerías" en casa?) y a embalar los muebles... ¡va ser muy divertido! Esperemos que salga todo bien y no rompan nada... ¡les estaré vigilando!
Y dicho esto... sed buenos, pasadlo bien y ¡no os olvidéis de mí!
Volveré en cuanto pueda.

25 de septiembre de 2008

¿Podrías contar tu vida en 6 palabras?

Curioseando por el menéame (¡qué raro!), he encontrado esta entrada y me ha gustado tanto que os animo a participar. La idea es sencilla: "describe tu vida en 6 palabras". Las que he visto hasta ahora son frases de seis palabras, pero supongo que también pueden ser sueltas.
Yo estoy pensando en la mía... prometo ponerla en cuanto la medite.
¿Te animas?

El diluvio universal.

Está lloviendo. Poco, al menos a mí me parece poco, pero llueve. Y vivo en Canarias, lo que hace que sea un acontecimiento bastante más especial... y catastrófico.
A pesar de llevar más de cinco años viviendo aquí no me acostumbro a que la gente se encierre en su casa como si las gotas que caen del cielo fuesen ácido sulfúrico y te griten como posesos para que te metas en algún lugar "a salvo" al verte andar por la calle como si nada... ¡¡no voy a encoger por mojarme!! Es posible que me mate, porque el suelo resbala que te mueres en condiciones normales y si está mojado ya es el colmo, pero no me da miedo entrar en contacto directo con la lluvia... aún a riesgo de desteñir.
Pero lo que más me desconcierta de todo es que la gente se abriga. Hace un bochorno de esos pegajosos que hacen que se te meta el calor hasta el tuétano y no te deje respirar, pero como el día está gris (¡me encanta!) la gente se pone camisetas de manga larga y jerseys, como si el hecho de que llueva fuese motivo más que suficiente para vestirse como para ir al Polo Norte y no tiritar ni una vez.
Así que claro, me ven a mí en manga corta, andando como si nada por la acera, con cara de felicidad y piensan que me he vuelto loca... eso, o que soy rara, cosa que no les voy a discutir.
Tampoco pretendo que los paraguas dejen de existir o que nos importe un carajo mojarnos pero, ¿de verdad hay que ponerse así de catastrófico por cuatro gotas? ¡¡¡Sólo es agua!!

11 de septiembre de 2008

Las bolsas del super.

Hay cosas en esta vida que me inquietan y para las que no encuentro explicación: como el amor que sienten algunas personas por las bolsas del supermercado... y es que he visto gente que se abalanza sobre ellas como si en ello les fuese la vida.
Vale, yo también las uso como bolsa de basura (como casi todo el mundo), pero eso no justifica que me lleve 150 bolsas cada vez que compro algo. Hace un par de horas he ido al Mercadona a comprar, literalmente, pan de molde, una barra de pan, un paquete de lomo y un litro de leche... ¡¡¡y he vuelto con 4 bolsas!!!, ¿nos hemos vuelto todos locos?
No he sido yo la causante de semejante aberración ecológica (a ver cuándo empezamos a pensar en las pobres focas que se están quedando sin hielo en el que vivir), sino la dulce cajera que ha visto una embarazada con una cicatriz espantosa en el brazo y se ha ofrecido muy amablemente a meterme las cosas en las bolsa... todo un detalle por su parte, no se lo voy a negar pero... ¿¡¡cuatro bolsas!!?
Puedo entender que separen, por ejemplo, el pescado y los congelados del resto de la compra porque, como todos los humanos sabemos, si un langostino congelado entra en contacto con una naranja, esta última estalla y eso trae consigo una catástrofe nuclear de dimensiones inimaginables, es pura lógica... pero, ¿y el pan Bimbo y la barra de pan?, ¿acaso no son compatibles?, ¿no son familiares cercanos?, ¿por qué hay que separalos entonces?
Separamos las cosas de limpieza de la comida como si en el maletero de nuestro coche se fuese a llevar a cabo una batalla campal entre los objetos de una misma bolsa y nos diese miedo acabar comiéndonos la pasta de dientes y usando el starlux como exfoliante para la cara.
Y es que hay unos supermercados que se jactan de ser ecológicos y que, para demostrarlo, han creado bolsas de plástico transparentes (bastante desagradables para suarlas como bolsa de basura, la verdad... y es que, a mí al menos, no me apetece que mi vecino sepa si chupo bien los huesos del pollo o qué marca de yogur prefiero... pero igual es que yo soy rara)... pero sus amables cajeras meten las cosas de UNA EN UNA en ellas... vamos, que llegas a casa con tantas bolsas que necesitas un armario entero para guardarlas... y eso sin contar con las que hayas ido acumulando hasta el momento.
Quizá la solución sería empezar a cobrarlas (recuerdo que cuando era pequeña, en la panadería, tenías que pagar 3 pesetas por cada una)... o, sencillamente, que la gente nos concienciásemos de que, aunque sean gratis... ¡¡¡no hace falta que nos llevemos todas!!!