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24 de agosto de 2008

Busco casa adoptiva.

No, no es para mí. Y no, tampoco me he vuelto loca. Lo cierto es que la casa adoptiva es... para mis peces.
Dentro de poco más de un mes me mudo (ya os contaré... ¡¡cuando se acerque más la fecha!!) y no me los puedo llevar conmigo porque, aunque me gustaría, dudo mucho que aguanten 3 horas metidos en un avión (más el tiempo que pasas en el aeropuerto en este tipo de viajes, claro).
Así que busco soluciones. Se me ha ocurrido echarlos en un diminuto estanque que hay en un parque relativamente cercano a casa porque allí hay Guppies y supongo que los míos sobrevivirían, al menos la inmensa mayoría pero... ¿qué hago con los dos arlequines?, ¿y con mi querido comepiedras? No los puedo soltar allí porque se morirían fijo (sobre todo el comepiedras, que se asusta con nada y lo mismo le da un infarto en cuanto se cruce con una rana 10 veces más grande que él)... me da dolor de corazón sólo de pensarlo.
Así que pasé por la tienda de peces a la que solemos ir habitualmente y les propuse una adopción... la chica me miró muy raro y yo creo que no me echó de la tienda porque al verme embarazada pensó que serían las hormonas... sea como sea, y cuando se lo expliqué todo, no le pareció una idea demasiado descabellada acogerlos en la tienda y meterlos en los acuarios enormes en los que tienen las plantas que venden. De todos modos, me dijo que tenía que hablar con la encargada... cosa que no he hecho aún.
Y es que, aunque no me parece una mala solución (es mejor que tirarlos a la taza del water, eso seguro), me da como cosa que se queden allí... pobrecillos... es como cuando un señor mayor dejaba a su gata en el veterinario cuando se iba de vacaciones... vale que no parecía pasárselo demasiado mal (le hago eso a la mía y no me habla nunca más por maltrato gatuno... y razón no le faltaría), pero dejarla con la persona que la "torturaba" con cierta asiduidad no me parecía demasiado humano... pero bueno, volvamos al tema.
Mis peces no han visto "Buscando a Nemo" (gran película, todo sea dicho), no vaya a ser que cojan ideas y bastante tengo con que uno de los Guppies siempre se meta en el tubo cuando le cambio el agua, pero creo que puede ser duro para ellos ver a su alrededor un montón de peceras llenas de parientes lejanos apiñados y que desaparecen en bolsitas... ¿y si recuerdan la traumática infancia que tuvieron hasta que los adopté y les di un hogar?, ¿y si se deprimen por no tenerme ahí para incordiarles de vez en cuando?, ¿y si se vuelven locos y saltan del acuario a las 4 de la mañana y como la tienda está cerrada nadie se entera y se mueren ahí solitos, en el suelo, dando saltitos desesperados por volver al agua?
Por eso busco una casa adoptiva que los quiera y los cuide; son pequeñitos, casi no comen (con un par de escamas para todos llega de sobra) y los Guppies tienen crías... ¿alguien que viva en Las Palmas les quiere dar un hogar?

4 de abril de 2008

Mi instinto homicida.

Soy una mala persona; peor aún... soy una mala madre. Yo quiero a mis peces, lo juro. He visto nacer a casi todos en el acuario (si llego a saber que los Guppys son tan "activos" me compro un conejo... ¡¡seguro que tendría menos crías!!), y los que adopté llevan tanto tiempo en casa que son como de la familia. Les alimento (cuando me acuerdo), les limpio el acuario, intento exterminar la plaga de caracoles que están en plan okupa... pero a veces tengo pensamientos malvados...
Cuando hago manualidades uso un vaso de plástico para ir dejando los pinceles en agua o en disolvente, depende del caso, y cuando el líquido en cuestión está muy sucio (o me quedo sin pinceles) voy a la cocina a limpiarlo todo. Recorro el pasillo con el bote, los pinceles y el colocón por culpa del olor del disolvente y entonces, al final del pasillo... veo el acuario. Grande. Luminoso. Lleno de pececillos que rebolotean de un lado a otro. Criaturitas multicolor que me hacen la ola cuando me acerco con el bote de comida y que me dan besitos cuando meto mi manaza en su mundo para quitar las algas de los cristales. Y entonces la crueldad se apodera de mí y pienso "¿qué pasaría si hecho una gotita de pintura ahí dentro?, ¿o si meto la puntita de un pincel?".
Jamás lo haría. Antes tiraría el líquido por la ventana y me enfrentaría a la furia de la vecina al descubrir su ropa destrozada que torturar a mis animalillos pero... ¿por qué pienso eso?, ¿acaso habita en mi un ente malvado que odia el pescado y trata de obligarme a ser su cómplice en su terrorífico plan de exterminio?, ¿o es parte de la curiosidad humana, como cuando pienso qué pasaría si un virus exterminase a toda la humanidad y me salvase sólo yo, pudiendo acceder de manera gratuita a todas las tiendas de pegatinas y de peluches del mundo?
La cuestión es que siempre que pasa eso me siento culpable y acabo pegada al cristal del acuario, mirando con carita de "yo no quería" a mis diminutas mascotas y sabiendo que jamás podré trabajar en una tienda de peces porque mi instinto asesino se multiplicaría por mil, no podría controlarlo, acabaría asesinándolos a todos, me meterían a las cárcel y ahí dentro no podría tener pegatinas, que sería el peor de los castigos.

23 de noviembre de 2007

Moribundo ha muerto... otra vez :(

Es un hecho, Moribundo ya no está con nosotros... bueno, todavía sí porque aún no lo he sacado del acuario (me da repelus... y mi maridito es muy bueno y hace esas cosas por mi): está en el fondo, tripa-arriba, gordo como una bolla y cada vez más transparente.
Y es un trauma que tengo, porque he comprado dos peces de ese estilo (se llaman guerreros del Siam)... y los dos se han muerto.
El primero fue un regalo de santo (o cumpleaños, no me acuerdo): le compré una pecera pequeñita, le puse una planta de plástico y hasta le dibujé peces en las paredes (por fuera, no se fuera a intoxicar) para que no se sintiese solo... pero no hubo manera. Duró exactamente tres días (incluidos los dos que estuvo escondido para que no lo viese Antonio, que era el que lo iba a recibir). Se metía debajo de la planta de plástico como si se estuviera tapando con la hoja... y me hacía gracia porque parecía que estaba medio muerto (de ahí lo de Moribundo)... al ver que el pobre bicho estaba malito lo pasamos al acuario grande, para que tuviese agua calentita y limpia todo el rato... pero aún así se fue al cielo de los peces (¿cómo será el infierno de los peces?, ¿una pescadería?, ¿qué peces irán allí?, ¿cómo puede pecar un pez?, ¿acaso no son todas buenos menos las pirañas?, ¿o es que sólo hay pirañas en el infierno?).
Fue una pérdida dolorosa, porque era un pez muy mono.
Un año más tarde volví a intentarlo y compré otro pez igual: Moribundo 2 (aunque este siempre ha parecido sano... hasta el final, claro). Estuvo en el acuario desde el principio, se hizo amigo de los demás, me daba besitos cuando les cambiaba el agua y se le veía feliz, de un lado para el otro y durmiendo cada noche sobre la tapa del filtro... Hasta que un día se quedó preñado (cosa sorprendente teniendo en cuenta que era macho).
Empezó a engordar, tanto que parecía que estaba incubando manada y media de dinosaurios gigantes... pero se le veía contento. Siguió poniéndose más y más gordo, hasta el punto de que la piel se le estiró tanto que empezó a quedarse transparente (era morado oscuro), y entonces miramos por internet a ver si averiguábamos qué le pasaba. Había dos opciones: una enfermedad mortal o estreñimiento patológico llevado al extremo. Decidimos quedarnos con la opción dos... más que nada porque tenía cura.
En la tienda de peces nos dieron una comida especial (que en teoría era laxante) y nos dijeron que si no veíamos mejora le apretásemos un poco la tripa (¿en serio?, es como si a ti te pasan una apisonadora por encima porque estás estreñido...).
Tuvimos que hacerlo (lo de apretujarlo), pero el resultado fue nulo: siguió tan gordo como siempre, pero encima le arrancamos escamas y estuvo un día hecho polvo sin poder mover una aleta.
Se recuperó del trauma y ha sido un pez feliz... hasta hoy (al menos eso quiero pensar). Ayer ya estaba algo más raro de la habitual, tirado en el fondo y casi sin poder moverse... y esta mañana ha llegado su cruel final: ha muerto.
Supongo que tenía esa enfermedad extraña (de ahí que se fuese poniendo transparente) y no un estreñimiento salvaje... sea como sea, nunca le olvidaré.

22 de septiembre de 2007

¿Puede un pez ser el padre de un champiñón?

Yo una vez tuve un champiñón; era bastante feo, pequeño y molesto la verdad. Decidió aparecer en la planta del pie (de ahí que el médico le bautizara como papiloma) y, durante el tiempo que vivió en mí fue bastante incordio, para qué vamos a negarlo. Pero me da miedo que mi mala experiencia me lleve a cometer un "honguicidio" y haga que mi pez tenga una depresión...
Empecemos por el principio: tengo un pez que se llama "moribundo 2" (algún día explicaré de dónde viene el nombre, es una triste historia) y que ha pasado de ser negro, a ser negro con un trozo blanco en la cabeza.
Según la chica de la tienda de peces le ha salido un hongo y, sin pestañear, me ha dado un medicamento que tengo que echar en el agua para que se cure y para evitar que los demás se contagien. Es tan sencillo como eso: unas gotitas durante 5 días y la mancha blanca desaparecerá.
Pero, ¿y si Moribundo no quiere que lo haga?, ¿y si el hongo le hace compañía en una vida tan monótona como la que se tiene que llevar en un acuario?, ¿y si le quiere como a un hijo y si lo mato le entran impulsos suicidas y empieza a darse de cabezazos contra los cristales de la pecera?, ¿y si se enfada por aniquilar a su manchita y la próxima vez que meta la mano me muerde, me contagia su hongo de pez y yo contagio a todo el que esté a mi alrededor, causando una pandemia que acabe con la humanidad?
Es una gran responsabilidad.
He intentado preguntárselo. Me he quedado mirándole y, cuando se ha sentido observado, ha girado la cabeza hacia mí y me ha puesto morritos de piñón, como cuando se lanzan besos al aire. ¿Eso qué significa?: "cúrame, el hongo se está apoderando de mi cerebro y me quiere matar", o "no mates a mi champiñón, el no tiene culpa de haber nacido en el lugar equivocado".
¡¡No sé qué hacer!!