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2 de mayo de 2009

Mis queridos vecinos.

Mis queridos vecinos, que acostáis a vuestros pequeños gemelos de dos años a las 11 de la noche en los días "normales" y más tarde de las 12 en los fines de semana y festivos.
Mis queridos vecinos, que dejáis vuestras cosas en el rellano de la escalera como si fuese parte de vuestra casa y no una zona común en la que no debería haber nada.
Mis queridos vecinos, que hacéis fiestas en vuestra casa de 40 metros cuadrados invitando a toda la familia y haciendo partícipes (involuntarios, por supuesto) de vuestras celebraciones al resto de los que vivimos en vuestro mismo edificio.
Mis queridos vecinos, que pasáis la aspiradora a las 10 de la noche aún sabiendo que el suelo de la casa es de madera y molestáis a todo el mundo.
Mis queridos vecinos, que despertáis a mi pobre hijita por culpa de vuestros ruidos y brusquedades.
Mis queridos vecinos, que parece que participáis a diario en una competición de portazos.
Mis queridos vecinos, que no sentís respeto por nada ni por nadie. Que sois motivo de mis más profundos y malvados pensamientos. Que inspiráis maldades diversas en mí.
Mis queridos vecinos... algún día venderé esta casa (o la alquilaré) y buscaré a un nuevo inquilino ruidoso, sucio y maleducado para que os haga companía. Para que os sintáis como en casa. Para que, en definitiva, viváis con gente de vuestra calaña.
Mis queridos vecinos...

8 de abril de 2008

Cosas que odio (primera parte).

Odio hacer la cama. Con todas mis fuerzas. De hecho, si fuese por mí creo que dormiría a diario en un saco de dormir para no tener que hacerlo al día siguiente... es más, cada día estrenaría uno para no tener ni que doblarlo cada mañana.
¿Por qué me pasa esto? No lo sé... quizá es algún tipo de trauma infantil, o que en otra vida fui colchón, o sábana... o, sencillamente, que me siento idiota yendo de un lado para otro para meter la sábana por un lado, y por el otro y luego la otra esquina, y después el edredón, y luego la almohada... ¡¡¡¡aaaaaahhhhhhh!!!! Si es que me canso sólo de pensarlo.
Por eso no la hago nunca... bueno, sólo cuando cambio las sábanas, y teniendo en cuenta que es cada 3 ó 4 días no es un gran consuelo.
Pero como dice uno de esos refranes que nadie sabe quien se inventó pero que todos nos creemos a pies juntillas, "dentro de lo bueno, siempre hay algo malo; dentro de lo malo, siempre hay algo bueno"... existen los días especiales que hacen que dejarte los riñones haciendo la cama merezca la pena. Son esas noches en las que te duchas por la tarde, cuando ya está oscureciendo, y cuando te metes a la cama estás esponjoso, oliendo a cremita... y la cama está recién hecha, con la sábanas estiradas y con ese "no sé qué" especial que tiene cuando no has dormido en ella el día anterior.
Probablemente pensaréis: "si tanto te gusta esa sensación, repítela más a menudo"... pero es que entonces dejaría de ser tan especial.
Hoy no es uno de esos días... pero mañana lo será...