6 de agosto de 2008

He visto uno...

Todavía no me he recuperado de la impresión, pero puedo afirmar que... ¡¡los billetes de 200 euros existen!! He visto uno en el supermercado esta mañana... ooooohhhhh...
He ido ha comprar una barra de pan y algo para comer y, en la cola, delante de mí, había una pareja de unos 70 años (aunque a saber qué edad tendrían en realidad, porque siempre he sido malísima calculando años) con un carro repleto de cosas. Después de pasar todo por la caja y de tirarse como siete años y medio metiéndolo en bolsas, la cajera les ha dicho que eran 17o euros (algo más, creo), con lo que la señora se ha puesto a rebuscar en su cartera y monedero, tratando de reunir toda esa pasta y, como está visto que no lo lograba, le ha dicho a su marido (o lo que fuese): "¿tienes 20 euros?".
El señor se ha quedado mirándolo en plan "creo que no voy a tener, pero voy a mirar por si acaso" y, bajo la atenta mirada de la cajera (y la mía, que soy un poco cotilla y necesito nutrirme de historias que alimenten este blog)... ¡¡¡ha sacado un billete de 200 euros!!! Qué fuerte. Yo pensaba que su existencia era parte de una historia urbana.
Me he quedado atónita, sin poder apartar la visión del amarillo billete y el hombrecillo poseedor del tesoro me ha sonreído, así que supongo que la sensación de tener la mandíbula desencajada y de estar sudando a mares por la sorpresa era real...
La cajera ha disimulado mejor que yo, todo hay que decirlo, pero la he visto un poco apurada intentando localizar el sitio correcto donde meterlo en la caja registradora (que como mucho tenía billetes de 50 euros)... tanto que al final lo ha doblado y lo ha escondido debajo de un fajo, a buen recaudo.
Han pagado, se han ido... y me han dejado a mí, con el corazón en un puño y pagando los 3´51 euros con la tarjeta de crédito... ¡es lo que tiene ser pobre!

31 de julio de 2008

¿Qué pasaría si fuese rica?

Ayer por la tarde estábamos dando una vuelta cuando al pasar por delante de una administración de lotería vimos un cartel en el que ponía: "bote: 17 millones de euros"... ¡¡eso son muchos millones!! Entonces, como es habitual en los humanos, nos pusimos a divagar sobre qué haríamos con ese dinero.
Fuera aparte de lo típico de "me compraría una casa enorme con piscina" (¿una?, con esa pasta me compro tres o cuatro), intentamos ir más allá: ¿cambiaríamos?, ¿seguiríamos teniendo los mismos gustos?, ¿o nos convertiríamos en esa gente rica que sale en la tele y que tiene hasta los tapones de la bañera de oro?
Yo sé que me montaría un taller de manualidades del copón (no descarto contratar a alguien para que lije las cosas... ¡¡es una lata!!) y que les compraría una casita a mis peluches donde estuviesen protegidos del polvo y no existiesen esos carteles estúpidos que hay en las jugueterías en los que pone "prohibido tocar" (¿cómo se puede comprar alguien un peluche sin achucharlo primero? es absurdo...). Pero la duda es, ¿seguiría buscando tiendas baratas de pegatinas?, ¿me compraría todos los peluches que me gusten sin tener que sacrificar darles un hogar por falta de sitio y dinero, que es lo que me pasa ahora?, ¿seguiría comprando los DVD de Disney en el "Media Market" porque son más baratos que en la "Disney Store"? Hacer todas esas cosas son parte de mí, al igual que tener un Clio que no puede correr mucho (nunca he superado los 100 km/h y no necesito más... aunque quizá me gustaría uno con aire acondicionado), un reloj de pulsera sin diamantes rosas incrustados en las manillas, y un móvil que no puede viajar al espacio él solo, contactar con los marcianos y volver a contarnos qué le han dicho.
Es fácil decir "yo seguiría siendo como ahora" pero... ¿de verdad nos gustaría seguir siendo pobres... pudiendo ser ricos?

30 de julio de 2008

Confesión.

Ayer me salté un semáforo en rojo. Sin querer, por supuesto.
Iba toda feliz conduciendo por una carretera relativamente conocida (hacía tiempo que no pasaba por allí) y, al salir de la rotonda vi el paso de cebra... pero no vi el semáforo. Cuando estaba atravesándolo descubrí la luz roja por el rabillo del ojo, mirándome inquisitiva, y escuche un "te acabas de saltar un semáforo"... ¡¡¡¡¡¡lo sientooooooooo!!!!!!
Hacía tiempo que no me sentía tan mal, de verdad. Creo que hubiese sido capaz de dar marcha atrás para pararme allí a esperar que se pusiese en verde... pero hubiese sido peor el remedio que la enfermedad.
Cierto es que no hubo ninguno peligro porque no regulaba ningún cruce, era uno de esos que "sólo" sirven para que los peatones crucen (y no había nadie, eso puedo asegurarlo)... ¡¡¡¡pero me lo salté!!!! Me auto-impuse un castigo (no me comí el helado italiano rico que íbamos a tomar con unos amigos) y pasé los siguientes 5 minutos diciendo en alto "perdón, perdón, perdón"... pero desde aquí reconozco mi error y prometo fustigarme con un látigo de cuero rosa y echarme vinagre con sal sobre la herida, para aprender la lección.
¡MEA CULPAAAAAAAAA!

25 de julio de 2008

Buscando el sol... que más quema.

Empecemos haciendo dos aclaraciones:
1ª A pesar de ser de Bilbo, y tal y como muchos de vosotros sabéis, vivo en Canarias.
2ª ¡¡No es verdad que no me gusta la playa!!
Ahora es cuando me explico.
Soy blanca... muy blanca. De hecho, me atrevería a decir que soy transparente (tanto que brillo en la oscuridad, como las pegatinas con forma de estrellita que tenía en el techo de mi antigua habitación). Y me quemo con nada. Da igual que me eche cremas de alta protección (incluso extrema), me esconda en las sombras de las palmeras o me entierre en la arena; la primera vez que estuve en esta isla acabé como un langostino a la parrilla... ¡¡y sólo por dar un paseo en la playa!! Y eso explica, entre otras razones, que la gente piense que no me gusta la playa... ¡¡porque nunca estoy dispuesta a ir a las horas que quieren ir!!
Mi marido y yo solemos ir al sur, a eso de las 5 de la tarde y a una playa enorme en la que no hay un paseo cerca donde se ponga la gente a mirar cómo se te marca el michelín (¿por qué nos da vergüenza que nos vean en ropa interior y tenemos que estar a gusto en bañador?, ¡¡¡pero si son más indiscretos todavía!!). Las cosas como son: para cuando llegamos la gente está levantando el campamento y ya no sientes que el sol te arranca la piel a tiras, pero es la única manera de no acabar como un camarón cocido. Si por mí fuera, me tiraría la vida metida en el agua o haciendo castillos de arena, en contra de lo que cualquier persona que me conoce diría. ¿Y la piscina? La última vez que estuve en un hotel con piscina salía del agua porque Antonio me "obligaba" para echarme crema, que sino podía estar todo el día dentro... y no estoy exagerando.
Así que no entiendo cómo la gente va a achicharrarse al sol a las 2 de la tarde y luego te ponen carita de pena cuando se abrasan... ¡yo se lo advertí! Una amiga mía, que según ella no se había quemado nunca, acabó con un bote de aftersun como mejor aliado... ¡pero sigue "enfadándose" conmigo porque no voy con ella a la playa a esas horas!
Hay cosas incomprensibles, y esta es una de ellas.
Así que, que quede claro: me gusta la playa, me encanta la piscina, mi capacidad para estar tumbada al sol sin hacer nada ronda los 15 minutos (como máximo)... ¡¡¡y nunca iré con vosotros a la playa!!! Mis michelines me lo prohíben.

16 de julio de 2008

Uno de esos días.

Hay días en los que te despiertas y cuando sacas un pie de la cama quisieras poder desaparecer. Sin embargo hay otros días en los que lo ves todo diferente; posiblemente no haya cambiado nada, ni tan siquiera el tiempo, pero la forma de ver las cosas pasa de ser negro azabache a gris... oscuro, pero gris.
Y hoy es uno de esos días. ¿Por qué? No lo sé. Quizá por la fuerza que me da mi pequeña Ixone o porque la gente que me quiere me demuestra que podré conseguirlo, sea como sea. Hace algo más de 5 años me aventuré en el mayor viaje de mi vida y fue un riesgo. Sabía que iba a salir bien. Lo sentía. Y así fue.
5 años más tarde voy a cometer una locura aún mayor... pero sé que va a salir bien. ¿Por qué? Por la gente que me quiere. Por la gente que me necesita (y a la que necesito). Por el futuro de mi niña. Y porque hay cosas que se saben. Sin razón aparente. Sin motivo alguno.
Mi vida va a cambiar. Y va a cambiar a mejor. Eso seguro.
Eskerrik asko, desde lo más profundo de mi corazón, a todos los que me estáis a ayudando a dar este paso. No podría hacerlo sin vosotros.

12 de julio de 2008

Sigo viva.

No me he ido de vacaciones.
No me han abducido los marcianos.
No me han secuestrados los carritos del supermercado.
Si estoy desaparecida es porque me están pasando muchas cosas a nivel personal y, tristemente, no son precisamente la alegría de la huerta.
Sé que los que leéis este blog lo hacéis para estar un rato entretenidos y, como hay situaciones a las que no se les puede buscar el lado cómico, últimamente no me siento con fuerzas (ni ganas) de ponerme frente al teclado y contaros nada.
Pero volveré. Prometido. No os olvidéis de mi, ¿vale?

29 de junio de 2008

La rebelión de los carritos.

Ayer comenzó el principio del fin. Lo que todos los humanos sabíamos que llegaría en algún momento y rezábamos porque no ocurriese en nuestra presencia... se hizo realidad. Y es que, delante de mis propios ojos, los carritos del supermercado comenzaron a apoderarse del mundo. Lo descubrí en el parking de un centro comercial al que acudo con bastante regularidad y en el que, en contra de lo habitual, había carritos por todas partes. No estaban en fila como siempre (atados con cadenas como si fuesen esclavos), sino ocupando plazas de aparcamiento, impidiendo la entrada a determinados carriles y alguno que otro desperdigado, como si fuese el vigía de la zona.
Y tuve miedo, mucho miedo porque, ¿qué pasaría si finalmente se revelasen contra nosotros? Razones no les faltan, desde luego. Están ahí, ansiosos porque alguno de nosotros lo adopte y le dé un hogar calentito y cariñoso... y nosotros sólo los utilizamos como mulas de carga, los abandonamos de nuevo a su cruel destino y, lo peor de todo, si están tullidos no los queremos; los apartamos cuando tienen el manillar roto, están demasiado mugrientos o se les tuerce alguna rueda hacia un lado... ¿pero por qué somos tan crueles?, ¿acaso pensamos que por ser de metal no tienen corazoncito?, ¿que por parecer cárceles con ruedas no tienen derecho a que se les quiera?, ¿que por ser un híbrido satánico entre cuna y cochecito de paseo no se merecen una vida digna?
Una vez escuché que ellos son el segundo vehículo de cuatro ruedas mas utilizado en el mundo... ¿qué vamos a hacer si desaparecen?, ¿por qué no somos capaces de apreciar su trabajo y su sacrificio? Porque nadie quiere pensar que el carrito al que están unidos por la cadena y que nosotros soltamos con un euro igual es su mamá, a la que no volverá a ver nunca más por nuestra culpa y que quizá por eso está triste, no va recto y se empotra contra las baldas...
Y es que los humanos no tenemos corazón.

19 de junio de 2008

¡¡¡¡Los encontré!!!

El los últimos años me he dedicado a recopilar las "series de nuestra infancia" y en las últimas Navidades di por terminado el trabajo... con una espinita clavada. A pesar de haber logrado unos 500 vídeos de series, dibujos animados, anuncios y programas míticos con los que crecimos los de mi generación (y alrededores) y, aún sabiendo que no estaban todas (mi memoria no da para más), siempre tuve la sensación de que , sin estos pequeños bichitos mi particular colección no estaba completa... y hoy, de manera absolutamente accidental... ¡¡los he localizado!!
Os presento a los "Nabucodonorcitos" (está en inglés, pero es que no consigo localizarlos en castellano), los diminutos habitantes de las macetas de Epi y Blas. Gracias a ellos las plantas de la casa de mi amama estaban llenas de casas hechas de "lego" y de "Pin&Pon"s.
¡¡Qué recuerdos!!

El tiempo de espera.

Desde que tengo este blog he descubierto que me molestan muchas más cosas de las que pensaba porque muchas de las entradas comienzan con un "hay cosas que me cabrean"... y esta es una de ellas.
Ayer fuimos al dentista a que torturasen un poquito a mi marido (¡¡pooooobre!!) y pasó lo de siempre: llegamos puntuales, incluso me atrevería a decir que con 5 minutos de antelación... ¡¡y no entramos en la consulta hasta 50 minutos después!! No lo entiendo: o estamos todos todos tontos o es que la gente no sabe interpretar los relojes (debieron de perderse ese capítulo de "Barrio Sésamo").
Por supuesto, tú no puedes llegar tarde; si lo haces te miran como si hubieses matado a alguien de la manera más cruel del mundo y te dicen que ya han pasado a alguien en tu hora y que tienes que esperar... ya... yo llego tarde la única vez en la vida en la que van puntuales... ¡¡qué causalidad!! Y es que es imposible ir al médico (de cualquier tipo) y entrar a la hora. Yo llegué a estar esperando a mi doctora 50 minutos porque llegué 3 minutos tarde... ¿pero qué tipo de venganza es esa?, ¿te graban con cámara oculta mientras te vas cabreando por segundos y la ven mientras se toman un café?, ¿tienen algún tipo de concurso en plan "vamos a ver a cuántos pacientes podemos cabrear hoy: el vencedor se lleva un crucero por el mediterráneo"). Sé que hay gente que pensará: la culpa no es de ellos, es de los que les dan citas cada 5 minutos... ¡¡¡pues que despidan a ese inepto!! Porque en 5 minutos no te da tiempo de sentarte en la silla, decirle al médico que te duele la garganta, que te la mire y que te dé un receta... ¡¡normal que vayan siempre tarde!!!

El gen machote.

Existe un gen en el cuerpo de los chicos: el gen machote. Llevaba tiempo sospechándolo pero esta semana he podido corroborar mi teoría gracias a la Eurocopa (o lo que sea eso que hace que haya fútbol en la tele día sí, día también).
Normalmente cuesta apreciarlo porque al 99% de los tíos les gusta el fútbol.. es una realidad indiscutible. Pero siempre hay excepciones y, en esos casos, es cuando actúa el gen: da igual que el individuo en cuestión nunca vea fútbol, que no se entere de si el equipo de su ciudad está en primera o en segunda (¿por qué hay segunda A y segunda B en vez de tercera y cuarta?), que se la traiga bastante floja los fichajes al comienzo de la Liga o que no le traumatice que un jugador se cambie de equipo... siempre que haya un partido en al tele te mirará y te dirá "déjalo un momento, a ver cómo van". Es altamente probable que no sepa quién está jugando, si el partido es amistoso o la final de algo o si ha oído hablar alguna vez de los equipos, la cuestión es que el gen machote se activará y le dejará pegado a la pantalla durante, como mínimo, 10 segundo.
Y todo esto me lleva a pensar... ¿existirá una versión femenina de ese gen?, ¿estaré yo también afectada por ella?, ¿será por eso que siempre que pillo patinaje artístico en la tele lo dejo?
Qué miedo.

15 de junio de 2008

Jajajajajajaja...

Curioseando (qué raro) por el "Menéame" he encontrado esta entrada que me ha hecho morirme de risa. Quizá a algunas personas pueda resultarles demasiado salvaje pero... ¡¡a mí me ha parecido buenísima!!
Sólo espero que cuando nazca mi ñajito nadie tenga que recurrir a ninguna de estas frases...

8 de junio de 2008

Mi cara de buena.

Creo recordar que alguna vez os he hablado de que soy como una especie de imán andante para los testigos de Jehová, las señoras que te quieren salvar del demonio ("¡la juventud de hoy en día es la reencarnación de Satanás!") y todo tipo de personajes que "atacan" a la gente por la calle... y es curioso, porque es algo que no termino de comprender.
Por lo general estoy en mi mundo: soy capaz de ir por la calle totalmente abstraída, pensando en mis cosas y no enterarme de nada de lo que ocurre a mi alrededor (todavía no sé por qué nunca me ha atropellado en un coche); es herencia paterna, porque mi aita es igualito. Una vez bajó a buscarme en unos Carnavales porque me había "perdido"; bueno, pues se cruzó conmigo (y vuelvo a repetir que me estaba buscando) y no me vio (¿te acuerdas de ese día, aita?).
Y el otro día me volvió a pasar... al salir del médico. Iba cargada con una caja bastante grande, un libro de 600 páginas, una bolsa llena de cosas de la farmacia (lugar donde me confundieron con un comercial de cremas para el cuerpo... pero esa es otra historia) y un montón de papeles más. Todo esto lo llevaba en el brazo bueno claro, porque el malo es bastante inútil y más a la hora de cargar pesos. La cuestión es que, frente a mi, había un taxi parado con una señora de unos 800 años delante de él. Estaba hecha un cromo, la verdad. Parecía a punto de sufrir un infarto o algo peor. Y, por supuesto, a pesar de que había gente a mi alrededor y que estábamos a la puerta de un ambulatorio lleno de celadores... ¿a quién se le quedó mirando? ¡¡¡a mí!!, ¡¡cómo no!! Empezó a balbucear contra la seguridad social porque no le ponían una ambulancia para ir al médico y, aprovechando que estaba bastante apabullada por la situación... ahí que se me colgó del brazo malo para que la ayudase a subir unas 30 escaleras.
Y no, no fue un gran plan. Porque cargar con un sólo brazo unos 8 kilos de cosas ya es una tarea bastante poco agradable, pero que además una viejecilla se cuelgue de mi brazo malo y haga fuerza en él cada vez que subía un escalón, fue de todo menos divertido.
Pero ahí estaba yo, a modo de bastón humano, esquivando a la gente que bajaba a toda velocidad para que no empujasen a mi nueva "amiga" (y a mí con ella, que tonta no soy) y dándole las gracias a una celador que me abrió al puerta... ¡¡manda huevos!!
Conseguí dejarla sentada en una silla (y sentarla fue complicado, muy complicado) y, tras explicarle en 300 idiomas que tenía que irme y que no podía quedarme con ella toda la mañana, salí despavorida, no sin antes tener que aguantar que el celador que "tan amablemente" me había abierto la puerta me dijera "¡pensé que venía con ella!, sino la hubiese ayudado a subir!".
Y es que estas cosas sólo me pasan a mí, porque estoy convencida de que si pongo un circo no sólo me crecen los enanos, sino que las pulgas se fugan con los elefantes, los acróbatas se parten la crisma y los payasos pillan una depresión.

4 de junio de 2008

La maldición de la tostada.

Todos conocemos leyendas urbanas y mitos difíciles de creer... pero en mi vida, al menos desde que tengo uso de razón, ha existido una maldición: la de la tostada. Pero hoy es un gran día, porque he sido valiente, he reunido todas las fuerzas que tenía por ahí escondidas (incluso la que se ocultaba en la punta del calcetín) y he sido capaz de hacerle frente... ¡¡y vencer!!
Pero vayamos al principio. La maldición de la tostada comenzó muchos años atrás, la primera vez que mi ama hizo tostadas de carnaval (en carnaval, lógicamente). Aunque mi hermano y yo éramos un poco repelentes (en lo que a alimentación se refiere, por supuesto) y sólo nos comíamos los bordes (y las zonas donde se apretujaba la canela, que es lo más rico de todo), las tostadas desaparecían a la velocidad del rayo, casi sin tiempo para dejarlas enfriar y meterlas a la nevera... menos una.
Siempre quedaba una en el plato. Triste. Solitaria. Acomplejada pensando que la culpa era de no tener suficiente canela o demasiado azúcar. Traumatizada por no comprender por qué devorábamos a sus hermanas y sin embargo no nos acercábamos a ella. Nunca encontré una explicación razonable: quizá era vergüenza por comernos la última, vagancia por tener que llevar el plato (ya vacío) hasta la fregadera o, sencillamente, una vertiente más del instinto natural que me impide tomarme el último sorbito del cola-cao. Finalmente, con el paso del tiempo, desaparecía (siempre fue un misterio su destino final).
Con los años he comprobado que la maldición, lejos de desaparecer, ha ido conquistando nuevos terrenos: la última rebanada del pan Bimbo, el último trozo de bizcocho de limón (esto sólo pasa si mi kuñau no anda cerca), la última galleta "príncipe de Beukelaer"... y el último morenito.
Por si alguien no sabe qué es un morenito (cosa que espero no pase, porque son una de las delicias de la tierra... junto a los gusanitos Rufinos), explicaré que se trata de una especie de galleta cubierta de chocolate (está mucho más rico de lo que suena) que fue alimento básico durante mi infancia y que deberían probar todos los seres humanos.
En Canarias, por algún motivo maquiavélico que no alcanzo a comprender, no venden, así que cuando voy a Bilbo me traigo un cargamento completo que distribuyo en el congelador, en los armarios de la cocina... y en la mesilla de noche, por si me entra la neura a las 4 de la mañana.
Bueno, pues de todos los que traje en Navidad... sólo quedaba uno, como no podía ser de otra manera. Estaba en la balda superior del congelador, expectante cada vez que se abría la puerta y mandándome mensajes telepáticos a todas horas.
Y hoy, guiada por el ñajito y por la acuciante necesidad de comer chocolate... me lo he comido. He sido capaz de comerme el último morenito... aún sabiendo que no puedo conseguir ninguno más, que aquí no venden, que tendré que esperar a que algún alma caritativa me mande un cargamento (¡¡¡amatxuuuuu!!!)... pero me siento poderosa, porque me he enfrentado a la maldición yo solita y he salido vencedora... ¡¡ahora sólo falta que llegue Carnaval para hacer tostadas y comerme la última!!

31 de mayo de 2008

Un monólogo para llorar... de risa, claro.

Hace tiempo tuve la oportunidad de escuchar un monólogo sobre la seguridad en los aeropuertos y puedo asegurar (con permiso de Piedrahita) que jamás había llorado tanto de risa en tan poco tiempo.
Lo busqué... y no conseguí encontrarlo... hasta anoche.
Aquí os dejo un fragmento (lo siento, es todo lo que he encontrado)... ¡espero que os guste!

23 de mayo de 2008

Mi lavadora...

... tiene voluntad propia... ¡¡y es muy terca!!
Yo no sé qué le pasa últimamente, pero es como si estuviese atravesando una adolescencia rebelde y le diese por llevar lo contraria... ¡¡necesito una psicólogo de lavadoras!!
La verdad es que no me complico demasiado la vida y siempre lavo la ropa igual (agua fría y un programa de hora y media, más o menos), pero desde hace un par de meses, ¡mi lavadora hace un prelavado! Así, sin más. Sin preguntar. Sin avisar (que te vas tú toda feliz a hacer un recado y cuando vuelves descubres que la ropa está sin lavar... ¡qué bien!). Sin dar explicaciones a nadie. Y, por si todo eso fuese poco se pone en plan borde y, por no dejar, no me deja ni abrir la puerta.
No había hecho nada así desde que mató la mantita y yo pensé que se había formalizado, que era una lavadora buena y bondadosa y que trataba a todas las cosas igual... pero está visto que no. Porque encima es selectiva: casi nunca hace prelavado con las sábanas, sólo se ceba con el resto de la ropa... ¿será que tiene envidia porque ella no usa calcetines ni camisetas?
¿Qué puedo ofrecerle para que se comporte como un electrodoméstico normal y no me traicione?, ¿existe algún tipo de chantaje emocional aplicable a una lavadora?, ¿le intimidaría si le amenazo con usar jabón cutre del "todo a cien"?

13 de mayo de 2008

La (extraña) visita al dentista.

Hoy he ido al dentista a una revisión... y ha empezado raro el asunto, porque la semana pasada fui a una limpieza y, aunque la lógica dice que sería más normal hacerlo al revés (primero revisión, después limpieza) se empeñaron en hacerlo así. Pues vale.
Detalles sobre la limpieza aparte (a la chica debieron caerle mal mis encías porque se cebó con ellas a gusto, sobre todo con la zona de las paletas superiores), lo de esta tarde ha sido como una especie de película de ciencia ficción.
He entrado en la consulta, he mirado con respeto a la camilla esa que tienen y que acojona sí o sí (casi tanto como la del ginecólogo), me he sentado y me he preparado para el foco en la cara y para ser interrogada por un ser extraño que sólo tiene dos ojos y una mascarilla en la cara.
"Me recuerdas a mi prima" (esa ha sido la primera frase que he oído)... "bueno, quizá te pareces más a mi tía... pero en joven, claro" (¿es cosa mía o me está haciendo la pelota?)... "¿cuántos años tienes?, ¡¡28!! pues pareces más joven" (definitivamente , me está haciendo la pelota).
Después de eso me ha metido un espejo en la boca, me ha sobado los labios, ha estado a punto de desencajarme la mandíbula y me ha empezado a echar aire a través de un tubito... ¿para qué? Es un misterio para mí. Entonces se ha apartado, se ha quitado la mascarilla (todo esto lo supongo porque entre que estaba sin gafas y tenía la luz en la cara no veía demasiado bien, la verdad) y ha dicho "con bocas como esta, los dentistas nos arruinaríamos".
¡¡Mola!!
Parece ser que tengo la boca genial, sin una caries, ni una mínima inflamación; me ha pedido que no haga propaganda del cepillo y la pasta de dientes que uso (el cepillo de es "Vitis" y la pasta de "Lacer"... jejeje...) y que siga así... todo precioso, ¿verdad? Pues ahora ha venido lo mejor de todo... cuando estaba a punto de levantarme, se ha inclinado sobre mí, me ha metido no sé qué cosa metálica en la boca y me dice... ¡¡¡que tengo bruxismo!!! ¿Qué? Me he quedado a cuadros. Claro, yo seguía ahí, salivando más que el perro de Paulov (o como se escriba)... ¡¡y sin poder defenderme!!
Resulta que hace unos 20 años (que se dice pronto), estaba en el parque con mi aita, mi hermano y la bici y decidí tirarme en plancha contra una barra metálica que había en el suelo... el resultado fue que me hice un agujero en la rodilla, me destrocé el labio y me hice una especie de fisura en la paleta... que lleva conmigo desde entonces y que, aparte de no haberme dado ningún problema, es mi seña de identidad.
Claro, ella ha visto un diente "roto" y se ha montado la película mental de que necesitaba una especie de prótesis (que cuesta 150 euros, ahí es nada) y de que poco menos que se me iban a caer todos los dientes si no me la ponía... y cuando he conseguido contarle la historia, ha intentado buscar otra manera de convencerme:
"¿Te duele la cabeza cuando te despiertas?" No.
"¿Duermes con la boca cerrada? No (de hecho, la babilla mañanera demuestra lo contrario).
"¿Te duele el cuello?" No.
"¿Haces ruidos raros al dormir?" No.
"¿Te duele la mandíbula?" ¡¡¡¡Que nooooo!!!!
"De todas maneras yo creo que vas a tener bruxismo, ¿eh? Aunque no tengas ningún síntoma y no haya nada que me haga pensar que es verdad... salvo los 150 euros que cuesta el remedio..." vale, eso último no lo ha dicho, pero seguro que lo ha pensado.
Así que he salido convencida de que me estaba intentando vender la moto... teoría que se ha confirmado cuando le ha dicho exactamente lo mismo a mi marido... y que se tiene que hacer un reconstrucción... ¡¡por una simple caries!! No sé... en mi pueblo para las caries te ponen empastes, no un andamio.
Conclusión: buscaremos otro dentista del que nos fiemos... ¡¡porque esto huele a podrido!!

9 de mayo de 2008

Disculpas.

Siento estar desaparecida...
Siento no escribir desde hace tiempo...
Prometo volver pronto...
Demasiados cambios en poco tiempo abruman a cualquiera...

5 de mayo de 2008

La basura.

¿Por qué cuesta tanto bajar la basura? Es una duda que me reconcome las entrañas y me quita el sueño cada noche. Quizá en parte sea por culpa de las 800 bolsas con las que nos juntamos a cuenta de lo del reciclaje: la del papel, la de los residuos orgánicos, la de los envases, la de las pilas (he llegado a reunir suficientes pilas como para poner en funcionamiento todos los mandos de la tele del planeta al mismo tiempo)... y lo que eso conlleva, porque entre ir a un contenedor y otro pueden pasar tranquilamente 15 minutos desde que has salido de casa.
Pero la que más cuesta (junto con las garrafas de agua, que son otra historia) es la basura de toda la vida, esa maloliente y pegajosa bolsa que se llena a diario y a la que nadie quiere hacerle el nudo: puedes seguir metiendo cosas en ella incluso a sabiendas de que va a ser imposible cerrar la tapa del cubo... pero siempre crees que la persona que viene detrás lo hará por ti... y nunca pasa, claro.
Así que para cuando te decides la bolsa pesa tonelada y media, huele a muerto y gotea, que es lo peor del mundo, porque para no mancharte estiras tanto el brazo que acabas con una agujetas en el hombro de las que hacen historia.
Eso mismo pasa con las garrafas de agua de 5 (u 8) litros... pero más exagerado porque el contenedor de la basura normal (al menos en mi casa) está al lado del portal y, de lo malo malo, te pilla a mano tirarla, pero el de los envases... ese está lejos (en realidad está a medio minuto de casa, pero da una pereza que te mueres ir hasta allí sólo para eso y más si luego tienes que volver hacia atrás para montarte en el coche), así que decides que no vas a ir hasta allí sólo con una garrafa... claro, eso te lo dices a ti mismo durante una semana... y acabas bajando con 10 garrafas repartidas en las dos manos (en mi caso, 9 en la derecha y 1 en la izquierda) que te impiden abrir la puerta del portal (por no mencionar que no puedes cerrar la de casa sin soltarlas), siempre se te caen cuando alguien te está mirando y hace que la gente se fije en tí y ponga cara de, "¿pero desde cuando no bajas la basura?".
Pero es ley de vida, a todos nos pasa (¿o soy yo la única rara?)... siempre y cuando no tengas visita en casa, porque entonces te da vergüenza y la bajas religiosamente todos los días, no vaya a pensar que tienes el síndrome de Diógenes o algo por el estilo.

3 de mayo de 2008

No sé guardar secretos...

... al menos no uno de semejante dimensión...

¡¡¡ESTOY EMBARAZADA!!!

Sé que muchos ya lo sabíais (ventajas de ser familiares cercanos... jejejeje...) y que otros tantos me habéis recomendado que espere hasta el terecer mes pero... ¡¡¡no puedo seguir callándomelo!!!
Y después de mucho meditarlo he decidido crear un blog paralelo para que éste mantenga su identidad propia y poder despotricar a gusto sobre dolores, miedos, ropitas de bebé y paranoias relacionadas con el embarazo de un primeriza algo histérica... osea yo :)
Bienvenidos a mi nuevo mundo interior.

2 de mayo de 2008

Mil perdones.

Mil perdones por el tiempo que llevo desaparecida, prometo que no me olvido de mi blog y mucho menos de vosotros (de hecho, cada noche sueño que el blog se convierte en un dragón feo y malvado que me persigue por el pasillo hasta que me encierra en el congelador, hace un polo conmigo y me come... ¡¡aaaahhhhh!!), pero es que todavía no me he recuperado de la resaca de mi cumpleaños (en breve entenderéis por qué) y tengo la cabeza en otra parte (allá por Plutón, ese pobre planeta al que ya nadie quiere y que las futuras generaciones considerarán una simple piedra en el espacio exterior).
Prometo volver cargada de energías y contaros más historias (¿por qué cuesta tanto tirar la basura?... creo que esa es la próxima duda existencial a tratar), entre ellas que mi adoradísima amiga Marta me ha dado otro premio y que todavía ni siquiera se lo he agradecido... ¡¡estoy hecha un desatre!!
Pero en serio, no os olvidéis de mí... ¡¡¡sigo estando aquí!!!