Me siento estafada, engañada y, casi casi, insultada; hacerse un tatuaje es algo importante, una decisión que se toma con calma porque es para toda la vida y en la que nadie debe influir... yo di el paso, me arriesgué, enfurecí a toda mi familia... ¡¡y al ducharme se ha borrado!! He visto la tinta resbalar por mi brazo, como mirándome y despidiéndose al mismo tiempo, parecía una cruel broma a la que me sometía el universo. Ahora, sin ese dibujito que desviaba las miradas de mi cicatriz rosita, me siento desnuda.
Jejeje... bromas aparte, creo que ya es hora de desvelar el secreto: no era un tatuaje, era una calcomanía que encontramos en un paquete de patatas fritas y que, en un momento de locura y vuelta a la niñez (¿cómo olvidar las calcomanías que venían pegadas a los chicles?, ¿aquellas que no se borraban ni con aguarrás?) decidí pegarme en el brazo... aunque ahora que lo pienso fríamente, creo recordar que la idea no fue mía, sino más bien de cierto indivíduo que nunca me deja dibujarle cosas en el brazo con rotuladores permanentes...
Sea como sea, fue bonito mientras duró. El martes salí a la calle con mi dibujito, las gafas de sol, cara de mala leche y una camiseta de tirantes para que se viese bien... y para qué negarlo, ¡¡me sentí la más macarra del lugar!! Inclusó me parecía escuchar silbidos de admiración provenientes de los conductores de los coches que se paraban a mi lado en los semáforos... no, eso es broma... jejeje...
Pues eso, que mi brazo sigue siendo del mismo color que siempre: una mezcla entre naranja y rosita.
Aita, ama, siento haberos asustado, pero que sepáis que me he reído un rato con vuestras extrañas conclusiones del tipo "ya eres mayor, tú verás lo que haces... ¡pero que sepas que no me gusta!"... jajajaja... Lo que me intriga es, ¿cómo os lo habéis podido creer? Que yo me ponga un tatuaje es casi tan improbable como que salte en paracaídas o que me haga un piercing en el ombligo (¡¡aaahhhhh!!, ¡¡qué dolor!!).
Una cosita más... Aday, es tu muñeca, tu dibujo y tu idea pero... uufff... los tatuajes duelen un "güevo" y, a fin de cuentas, ¿estás seguro de que nunca te arrenpetirías? Haz un prueba: hazte un dibujo con rotulador en vez del tatuaje... si te convence, adelante; si más de tres veces al día acabas dándote manotazos pensando que el dichoso "tatoo" es un bicho, no es un buena idea... y creéme, te puede pasar, yo ya no tengo tatuaje, pero me dí tantos leñazos donde estaba que a poco más me sale un moratón.
Me siento especial, a fin de cuentas, no mucha gente puede decir ¡¡HE TENIDO UN TATOO Y ME LO HE QUITADO CON ALCOHOL!!