24 de agosto de 2007

Los "hoygan".

No sé si habréis oído hablar de ellos, pero los "hoygan" son esa personas que, supuestamente de manera inconsciente, le meten patadas al diccionario sin ningún tipo de pudor. Aquí van un par de ejemplos, a cada cual más salvaje.

* Un curriculum que no tiene desperdicio... preparad los klinex porque os aseguro que vais a llorar de risa.

* Los 10 mandamientos (este tiene un poco de perdón porque el niño tendrá unos 9 años, pero aún así...):

* Este es mi favorito, quizá porque fue una postal de navidad que nos mandaron unos familiares hace años (no tengo el original, pero ponía esto exactamente): "Queridos sobrino; llegadas estas fechas es el recuerdo y los buenos deseos, de renovar nuestros cariños de los seres queridos lejanos, no por ellos están en nuestros pensamientos".

Ole, ole y ole.

23 de agosto de 2007

¡¡¡Tengo un mono gigante!!!

¡¡TENGO UN MONO GIGANTE!!
¡¡TENGO UN MONO GIGANTE!!
¡¡TENGO UN MONO GIGANTE!!
Siempre he querido tener un peluche tan grande como yo y, aunque tiene las piernas más cortas que las mías, su cabeza es más grande y el tronco es similar así que... ¡¡me sirve!!
Tengo que ponerle nombre (le pega llamarse Alfredo, no me preguntéis por qué) y, lo más difícil de todo, buscarle sitio en casa... vamos a tener que quitar algún armario... jejeje...
Pero lo más importante es que:
¡¡TENGO UN MONO GIGANTE!!
¡¡TENGO UN MONO GIGANTE!!
¡¡TENGO UN MONO GIGANTE!!

La nota.

Rebuscando en las tropecientas carpetas de fotos que tengo para elegir algunas para el flickr, he encontrado esta joya que tenía olvidada.
Estaba puesta en el portal de mi tía y prometo que no está trucada (sólo he tenido que retocarla con el photoshop para que se viese bien, estaba muy oscura).
Es como para enmarcarla. Prometido.

22 de agosto de 2007

Olores.


Un día, sin más, abres una pequeña caja y el olor que sale de ella te hace viajar mentalmente al pasado, a un lugar remoto que tu mente había guardado bajo llave con la esperanza de poder regalártelo alguna vez y hacerte sonreír.
Hoy ha sido un caja de pinturas que, aunque parezca increíble, nunca tuve. Recuerdo mi maleta llena de alpinos (lápices de colores) y cómo disfrutaba con ella sentada en el suelo, sobre todo los días que estaba mala y tenía que quedarme en casa; o aquel estuche de madera lleno de rotuladores, pinturas y reglas que para mí fue uno de los mayores tesoros de mi infancia.
Pero nunca tuve pinturas de cera, no sé por qué. Quizá porque manchaban todo lo que tocaban, porque era imposible no comerse un trozo pensando que si sabían tan bien como olían tenía que merecer la pena hacerlo o, sencillamente, porque tenía tantas cosas que nunca llegué a necesitarlas. Pero eso olor, la suave textura de las pequeñas barritas al contacto con la yema de los dedos, la esperanza de poder mantenerlas siempre completas aún sabiendo que se van a romper en cuanto las uses por primera vez... me ha hecho recordar mi niñez y lo fáciles que eran las cosas entonces, cuando tu mayor preocupación era pintar dentro del dibujo y no salirte de la raya.
Y es que a veces se nos olvida apreciar las pequeñas cosas, a pesar de ser tan sencillo como disfrutar con un olor.

Aste nagusia 2.007.

Otra vez más me pierdo las jaias de Bilbo... ¡¡que alguien las disfrute por mí!!

21 de agosto de 2007

El vegetariano que todos llevamos dentro.

Nunca me ha gustado comer cosas "sin padres", ya sabéis: frutas, verduras, hortalizas... no sé, creo que es porque no me fío de algo que no ha tenido el amor de sus padres en la infancia, me da la sensación de que tiene que tener una especie de trauma o ser un psicópata asesino dispuesto a sacarte los ojos en cualquier momento con su rabito (seguro que Freud tenía una opinión interesante sobre que casi toda esa comida tenga rabito).
Pero últimamente sufro ataques vegetarianos extremos y estoy preocupada: voy al supermercado y la fruta me parece bonita, las zanahorias no me intimidan aunque acaben en punta, los melocotones me parecen pequeñas bolitas de nieve peludas, como si fuesen peluchitos que coleccionar... incluso las lechugas han dejado de parecerme un puñado de hierba. Hay gente que dice que es porque me estoy haciendo mayor, pero yo tengo otra teoría aún más inquietante (además, sólo tengo 27, estoy en plena adolescencia): es un virus. Yo creo que lo pillé la primera vez que me comí un trozo de sandía, para mí que estaba camuflado en una de las pepitas. Desde entonces, cuando limpio antxoas (¿por qué soy incapaz de comprar medio kilo de antxoas?, ¿por qué las compro de kilo en kilo, aún sabiendo que luego me voy a tirar una hora limpiándolas?) no soy capaz de imaginármelas fritas, albardadas o en vinagre... no, me da la sensación de que todos esos ojitos me miran como diciendo "nosotras también teníamos familia, ¿por qué nos haces esto?"... y claro, me siento culpable...
O como cuando estoy limpiando un pollo (que yo creo que es una de las cosas más desagradables de la cocina)... ya no lo veo tumbado en una bandeja con una manzana metida por el c*** (pobrecillo)... no, ahora lo imagino en la granja, intentando volar de un palo a otro y seguido de un montón de pollitos, a cada cual más mono.
Y esos días pienso: "tiene que ser guay ser vegetariano, no hay que arrancarle la cabeza ni meterle la mano por el c*** a ningún bicho que antes estaba vivo"... y eso me preocupa, porque yo no soy así.
Antes sólo comía patatas, champiñones y, en casos extremos, alguna fresa. Pero ahora me siento tentada: tienen tantos colorines, formas y texturas diferentes que, a veces (y me duele reconocerlo), estoy a punto de dejarme llevar por un impulso y comprar un par de peras o, ¡peor aún!, medio kilo de vainas.
Pero trataré de ser fuerte, lucharé contra el maléfico virus de la sandía y, puedo prometer y prometo, que cuando muera mi último pensamiento será para un buen txuletón.

Perdidos.

Después de mucho tiempo (demasiado) esperando... ¡¡por fin llega la tercera temporada de perdidos!!

20 de agosto de 2007

Un azucarero.

ANTES:


DESPUÉS:


Siempre que pongo la foto de alguna de las cosas que hago pienso que se apreciaría mejor si se pudiese saber cómo era en origen... y aquí está la prueba.
Estuve tiempo buscando un azucarero que me gustase, pero ninguno me convencía; hasta que un día entré en un "todo a 100" (lo sé, ahora es "todo a 60 céntimos", pero yo creo que el nombre viejo durará para siempre) y vi uno blanco que tenía posibilidades. Lo traje a casa y lo tuve sobre la mesa de mi "taller" hasta que me vino la inspiración.
Este fue el resultado: un azucarero único en el mundo y que, por si fuera poco, va a juego con las sillas de la cocina... jejeje...

Leyes absurdas.

Aquí va un enlace para que veáis
las 25 leyes más absurdas del mundo...
no tienen desperdicio.


Se supone que hay una piscina... ¿alguien la ve?

Trasteando por la red he encontrado este vídeo que me ha dejado, como mínimo, impactada.
Es una piscina de olas de Tokyo que, por alguna razón que no alcanzo a comprender, está llena hasta los topes. Y por si alguien se pregunta por qué van todos con flotador... bueno, sólo he estado una vez en una piscina de ese estilo y puedo decir que te hundes, es imposible mantenerte a flote, así que supongo que será por eso.

19 de agosto de 2007

Icrneilbe...

Sgeun un etsduio de una uivenrsdiad ignlsea, no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esten ecsritas en la psiocion cocrrtea. El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima snio la paalbra cmoo un tdoo.

¡Problema solucionado!

No esperaba que fuese tan pronto, pero ya han debido de pasar la "censura" y mis fotos del flickr están disponibles para todo el mundo.
Seguís pudiendo acceder a ellas desde la columna que aparece a la izquierda, pero esta es otra opción:

18 de agosto de 2007

Mi cuenta de flickr.

Después de que Antonio haya insistido bastante (eskerrik asko por hacerlo), finalmente lo ha conseguido: me he abierto una cuenta en el flickr.
Fue ayer a la tarde y aún no he puesto demasiadas fotos, pero tiempo al tiempo. De momento da algún problemilla para verlas, creemos que tienen que pasarles la "censura"... esperemos que en un par de días lo miren y sea más sencillo acceder a ellas.
No sé si son fotos muy bonitas, pero todas significan algo para mí y, a fin de cuentas, eso es lo importante, ¿no?
De momento, podéis verlas directamente en el blog, en la columna que aparece a la derecha.

16 de agosto de 2007

¡¡Escribe!!

Últimamente escucho ese grito de guerra bastante a menudo y me ha dado qué pensar... ¿cuándo empecé a escribir?, ¿por qué razón lo hice?, es más, ¿por qué lo "dejé"?

La primera pregunta es relativamente fácil de contestar: mi primer escrito "importante" fue una redacción que nos mandó la profesora de lengua en tercero de BUP, titulada "las lenguas estropajosas hablan de corazones enmarañados". Quizá la interpreté de un modo diferente al resto de mis compañeros, o tan sólo fue mi manera de expresarme lo que atrajo su atención, pero sea como sea aún recuerdo el día que decidió leerla en clase delante de todos y la vergüenza que pasé cuando, después de escucharla atentamente, todos empezaron a llamarme "escritora" y a decir que debía publicarla o algo así. Esa fue mi primera vez (al menos pública). Sin duda alguna.

La razón... eso es más difícil de explicar... era una forma de escapar, de huir de la realidad y, al mismo tiempo, de tratar de entenderla. Había cosas que me eran imposibles de contar y que resultaban más fáciles de escribir: miedos, inquietudes, dudas, esperanzas... comprendí que dejando que las palabras fluyeran al papel sin censurarlas descubría cosas de mí misma que ni tan siquiera yo conocía. Pero eso no dejaba de ser un problema porque significaba que todo lo que escribía era real: quizá no eran vivencias, pero sí sentimientos.

Y así llegamos a la tercera pregunta: ¿por qué lo "dejé"? Porque era abrir el corazón a todo el que leyese lo que escribía, y eso me deparó muchos problemas.

Aunque la verdad es que nunca abandoné la escritura... a fin de cuentas tengo un blog, ¿no? Quizá no escribo como antes, pero nunca he dejado de hacerlo. Ya no tengo un diario (Troy, jamás te olvidaré... aunque sólo hayas existido en mi imaginación), pero eso también es culpa de esa persona que cada noche me deja apoyar la pierna sobre las suyas cuando vemos la tele tirados en el sofá... ¿qué mejor oyente que la persona a la que quieres? No hace falta escribir cuando alguien te escucha.

De todos maneras, gracias de corazón a todos los que estáis ahí, algunos devorando lo que escribo, otros leyéndolo por aburrimiento y otros, sencillamente, porque os gusta. Sois la razón de que haya retomado todo esto y el motivo por el que cada mañana enciendo el ordenador incluso antes de haberme puesto las gafas. Quien sabe, quizá algún día "Frío" deje de ser mi único relato completo, para convertirse en el primero de muchos.

El misterio se desvela.

Me siento estafada, engañada y, casi casi, insultada; hacerse un tatuaje es algo importante, una decisión que se toma con calma porque es para toda la vida y en la que nadie debe influir... yo di el paso, me arriesgué, enfurecí a toda mi familia... ¡¡y al ducharme se ha borrado!! He visto la tinta resbalar por mi brazo, como mirándome y despidiéndose al mismo tiempo, parecía una cruel broma a la que me sometía el universo. Ahora, sin ese dibujito que desviaba las miradas de mi cicatriz rosita, me siento desnuda.
Jejeje... bromas aparte, creo que ya es hora de desvelar el secreto: no era un tatuaje, era una calcomanía que encontramos en un paquete de patatas fritas y que, en un momento de locura y vuelta a la niñez (¿cómo olvidar las calcomanías que venían pegadas a los chicles?, ¿aquellas que no se borraban ni con aguarrás?) decidí pegarme en el brazo... aunque ahora que lo pienso fríamente, creo recordar que la idea no fue mía, sino más bien de cierto indivíduo que nunca me deja dibujarle cosas en el brazo con rotuladores permanentes...
Sea como sea, fue bonito mientras duró. El martes salí a la calle con mi dibujito, las gafas de sol, cara de mala leche y una camiseta de tirantes para que se viese bien... y para qué negarlo, ¡¡me sentí la más macarra del lugar!! Inclusó me parecía escuchar silbidos de admiración provenientes de los conductores de los coches que se paraban a mi lado en los semáforos... no, eso es broma... jejeje...
Pues eso, que mi brazo sigue siendo del mismo color que siempre: una mezcla entre naranja y rosita.
Aita, ama, siento haberos asustado, pero que sepáis que me he reído un rato con vuestras extrañas conclusiones del tipo "ya eres mayor, tú verás lo que haces... ¡pero que sepas que no me gusta!"... jajajaja... Lo que me intriga es, ¿cómo os lo habéis podido creer? Que yo me ponga un tatuaje es casi tan improbable como que salte en paracaídas o que me haga un piercing en el ombligo (¡¡aaahhhhh!!, ¡¡qué dolor!!).
Una cosita más... Aday, es tu muñeca, tu dibujo y tu idea pero... uufff... los tatuajes duelen un "güevo" y, a fin de cuentas, ¿estás seguro de que nunca te arrenpetirías? Haz un prueba: hazte un dibujo con rotulador en vez del tatuaje... si te convence, adelante; si más de tres veces al día acabas dándote manotazos pensando que el dichoso "tatoo" es un bicho, no es un buena idea... y creéme, te puede pasar, yo ya no tengo tatuaje, pero me dí tantos leñazos donde estaba que a poco más me sale un moratón.
Me siento especial, a fin de cuentas, no mucha gente puede decir ¡¡HE TENIDO UN TATOO Y ME LO HE QUITADO CON ALCOHOL!!

14 de agosto de 2007

Series, series y más series.

Esto es la locura... cada vez que se me ocurre una serie nueva y voy a buscarla, acabo pasando horas delante del ordenador y recordando 10 más... a este paso no acabo nunca; van 278 y sigue subiendo.
Aday, gracias por el enlace a tus vídeos, me han servido de inspiración. Si necesitas alguno, avisa, es casi seguro que lo tengo... jejeje...
Si alguien quiere que le localice alguno para meterlo en mi recopilación de series de la infancia, que lo diga, será un placer.
Un favor, ¿alguien recuerda una serie que se llamaba "dinosaucer"? Necesito el nombre en castellano.
¡Gracias!
Aquí va una de las últimas que he localizado (tiene el sonido muy bajo, pero bueno):

Mi pequeño zoo.

Aquí tenéis una muestra de mis animalitos de bolas. Hace tiempo que no hago ninguno porque, por alguna extraña razón, sólo me inspiro cuando los virus se apoderan de mí y estoy tirada en el sofá en estado comatoso.
No están todos los que he hecho a lo largo de estos años (algunos lo regalé y otros, los menos, los vendí), pero sí la gran mayoría.
El próximo objetivo es hacer una serpiente, pero espero que sea dentro de mucho tiempo... ¡¡no quiero ponerme malita!!

Un anuncio.

Esto, aunque parezca sacado de una película de risa, es un anuncio real que nos metieron el otro día en el buzón. Miradlo atentamente, no tiene desperdicio.

13 de agosto de 2007

Una decisión drástica.


Quizá he tomado la decisión demasiado rápido, sin meditar lo suficiente como para ser consciente de que no era buena idea, pero lo hecho hecho está... ya no hay vuelta atrás...
Y es que estoy harta de que la gente se quede mirando mi cicatriz como intentando averiguar qué me pasó sin atreverse a preguntarlo; o peor aún, que me lo pregunten pero sus ojos asustados delaten que no quieren saber la realidad. Por eso he pensado que un tatuaje podría desviar las miradas y evitar esos minutos de silencio que van acompañados de miradas furtivas y pensamientos inadecuados.
La cicatriz es mía, para bien o para mal, pero con suerte y gracias al tatoo, quizá ahora sea algo más privada.

12 de agosto de 2007

Un gato.

Hace un par de días vi una noticia en el telediario que me llegó al alma; parece ser que en una residencia de ancianos americana (no sabría concretar más sobre su ubicación, lo siento) hay un gato que predice la muerte de los inquilinos... ya...
Yo sé que a los animales se les atribuyen todo tipo de habilidades y, por norma general, no voy a discutir sobre ellas pero... ¿la muerte? Eso no es el gato hombre, es el estrés.
Imaginaós que estáis tan felices en vuestra habitación, viendo la tele, haciendo punto o cualquier otra cosa que os divierta en ese momento y, de repente, aparece el dichoso gato por la puerta. Ese, el que supuestamente predice la muerte. Ese, el que encima nunca te hace ni puñetero caso, aunque vayas con una lata de friskies grapada en la espalda. Pero él entra en tu habitación y no sólo se acerca a ti, sino que se te sube en el regazo y empieza a ronronearte como si la vida le fuera en ello (nunca mejor dicho)... ¡¡normal que se mueran!!, ¡¡a mi me daba algo sólo de ver al bicho ese cruzándose conmigo por el pasillo!!
Pero lo mejor de todo es que los familiares de los ancianos "están agradecidos"... serán malas personas... sí, claro, se puede interpretar en plan "así nos hemos podido despedir de nuestro ser querido, porque como gracias el minimo sabíamos que iba a morir...", pero yo más bien me los imagino llamando a un notario para verificar que el testamento está en orden y, si no lo está (o si a ellos les parece que no lo está), yendo a la residencia con un gatito de peluche, el notario, y la firme intención de torturar al pobre ancianito hasta que lo modifique a su gusto.
Para mí que todo esto es un plan maquiavélico de un pérfido notario con un gato, que lo ha soltado allí y está liando todo este paripé.
Y que conste una cosa: ¡¡arriba los gatos!!
P.D. Un muxutxus para Nala.
2ª P.D. Tatetx, ¿quieres que intente localizar al gato?... jejeje...